Todo el mundo, con excepción de dos países, condenó el bloqueo estadounidense a Cuba, y Washington respondió con el anuncio de más sanciones contra la isla y lanzando una nueva –más bien, vieja– ofensiva retórica al calificar a Cuba, Venezuela y Nicaragua de formar una “troika de tiranos”.

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) votó de manera abrumadora –como cada año desde 1992– en favor de una resolución condenando el bloqueo a Cuba, en vigor desde 1960. De los 193 países miembros de la ONU, 189 votaron por la resolución; sólo dos lo hicieron en contra: Estados Unidos e Israel (Moldavia y Ucrania no votaron).

En 2016, cuando el gobierno de Barack Obama negoció el inicio de la normalización de relaciones, fue el único año en que Washington no votó (se abstuvo).

A la vez, una serie de enmiendas promovidas por Washington criticando a Cuba fueron derrotadas al contar sólo con tres votos en favor –Estados Unidos, Israel y Ucrania– mientras 114 votaron en contra y 65 se abstuvieron.

Bruno Rodríguez, canciller de Cuba, afirmó que el bloqueo es “una violación flagrante, masiva y sistemática de los derechos humanos de hombres y mujeres” de la isla. En torno a las enmiendas promovidas por Washington, señaló que “el gobierno de Estados Unidos no tiene la menor autoridad moral para criticar a Cuba o cualquier otro país en materia de derechos humanos”.

Apuntó como ejemplo, desde el uso de armas de destrucción masiva durante la Segunda Guerra Mundial, hasta la realización de ejecuciones extrajudiciales y tortura, así como la violación de los derechos humanos y civiles de sus propios ciudadanos y residentes, incluyendo las minorías raciales y los inmigrantes.

La embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, quien está por dejar el cargo, declaró después de la derrota de su país en la máxima casa de la comunidad internacional, que la ONU había “abandonado” al pueblo cubano, que “ha sido dejado, otra vez, a la deriva de los vientos brutales de la dictadura de Castro”, y aseguró que Estados Unidos continuará al lado del pueblo cubano.

Poco después de su derrota en la ONU, el régimen de Trump pareció refugiarse en la nostalgia de la guerra fría.

En un discurso en Miami –capital del exilio anticastrista y antichavista– el asesor de Seguridad Nacional de Trump, John Bolton, anunció que Trump había firmado una orden ejecutiva que incluye la imposición de nuevas sanciones contra Cuba, Venezuela y próximamente Nicaragua.

En el caso de Nicaragua, advirtió que “la democracia tiene que ser restaurada al pueblo (…) y hasta entonces el régimen nicaragüense, al igual que Venezuela y Cuba, sentirán el peso del régimen de sanciones robustas de Estados Unidos”.

Llamando a Cuba, Venezuela y Nicaragua como la troika de la tiranía (ecos del famoso eje del mal del último presidente, Bush hijo, con el cual trabajó), Bolton llamó a sus gobernantes “payasos” y advirtió que Washington está a la espera de que caigan. Declaró que esos “Tres Chiflados del socialismo son verdaderos creyentes, pero rinden culto a un dios falso”.

Más aún, expresó la complacencia del régimen de Trump por las elecciones de “líderes afines” como Jair Bolsonaro en Brasil e Iván Duque en Colombia (no hizo referencia a Andrés Manuel López Obrador, según versiones en los medios).

En una entrevista con el diario Miami Herald, Bolton confirmó que la Casa Blanca está considerando nuevas medidas contra Cuba, que incluyen permitir que exiliados cubanos que perdieron sus propiedades en la isla presenten demandas legales en tribunales estadounidenses, entre otros cambios en la política de Washington contra el gobierno cubano.

En torno a Venezuela negó que Washington esté contemplando una acción militar contra el gobierno de Nicolás Maduro, pero dijo que sí se están evaluando más sanciones con la ayuda de gobiernos aliados en la región.

Todo observador reconoció que el tono y el momento del mensaje estaba enfocado en la coyuntura electoral con el equipo de Trump que busca promover el voto de estas bases en Florida para tratar de defender su mayoría en el Congreso.

Eduardo Gamarra, profesor de la Universidad Internacional de Florida, comentó a NBC News que los republicanos han convertido las elecciones en una contienda entre “comunismo contra capitalismo” y “muchos de ellos han resucitado la guerra fría. Hace que personas, como los (exiliados) nicaragüenses, salgan a votar ‘republicano’ cuando se pone en esos términos”.

Como en los no tan viejos tiempos, la política estadounidense hacia América Latina se vuelve a hacer en Miami.