Antes que cante el gallo

Por Jorge Giles ·

Antes que cante el gallo veremos desmoronarse como un castillo de naipes a la alianza política-legislativa “Cambiemos”.

Cuando muchos aguardaban una ruptura del oficialismo exclusivamente por el lado de Carrió, se suma la anunciada renuncia de Emilio Monzó, el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, según adelantó el periodista Jorge Asís y otras fuentes consultadas en el Palacio legislativo. Los rumores son muy fuertes y precisos. Las únicas dudas están puestas en la fecha para anunciarlo. ¿Será antes o después del G-20?

¿Qué harán los radicales? ¿Se empezarán a ir también de la Alianza Cambiemos? Todo lo que hagan, llegará tarde. Quizá no tengan capacidad de decisión porque no tienen identidad ni proyecto ni otro rumbo político sustantivo que sea superador al reparto de cargos en las pocas estructuras del estado que hoy ocupan. Qué pena don Hipólito.

Era previsible esta diáspora anunciada.

Si la economía no funciona. Si el liderazgo de Macri está por el piso. Si Vidal es apenas una sombra que sólo se ilumina cuando se prenden las cámaras de televisión. Si parece no tener fin el temblor judicial y político causado por las denuncias de aportantes falsos en su campaña. Si el FMI los tiene agarrado de las tarlipes y difunde “distraídamente” las oscuras perspectivas para el mediano plazo. Si brilla en el continente y por el mismo lateral derecho, la estrella fascista de Bolsonaro. Bueno, alguna repercusión en el espacio político gubernamental argentino era de esperar.

Toda estampida en la superestructura siempre es consecuencia de una estampida previa por abajo. Dicen por ahí.

Ya que estamos, sigamos en Brasil. El triunfo de la ultra derecha no tiene atenuantes. Es una derrota y una tragedia para la democracia y el pueblo del hermano país. Dicho esto, hay que recordar una y otra vez que este avance fascista sucede a instancias de cuatro factores que lo hicieron posible: gobierna Trump en la capital del imperio; el retroceso de gobiernos populares en la región con el consiguiente resquebrajamiento de la UNASUR y el MERCOSUR; el golpe palaciego contra Dilma Rousseff; y finalmente, el encarcelamiento de Lula. Ese círculo de fuego fue imposible de atravesar por un PT desmovilizado y así estamos.

Para completar el panorama, el juez que hace de Bonadío allá, Sergio Moro, el encarcelador de Lula, escandalosamente acaba de ser presentado como el flamante ministro de Justicia y Seguridad de Bolsonaro. Fin de la opereta.

El modus operandi que entronó al fascista brasileño empezó en la Argentina. No es al revés. Una pregunta para entenderlo mejor: ¿Quién “mató” mediáticamente al fiscal Nisman para provocar una campaña letal contra el gobierno de Cristina y los respectivos candidatos del Frente para la Victoria en 2015? La corporación mediática fue la que “mató” simbólicamente al fiscal, porque estaba claro que fue un suicidio. Se recomienda el libro que acaba de publicar el periodista Pablo Duggan al respecto. Después no digan que no les avisé. Fíjate este in-crescendo: Nisman se suicida el 18 de enero de 2015. La Alianza Cambiemos se presenta en sociedad apenas 13 días después, el 31 de enero y el 22 de noviembre triunfa Macri con una mínima ventaja de 680.000 votos sobre la fórmula Scioli-Zannini.

Una zaga de novela negra.

La campaña sucia de falsas noticias (me niego a etiquetar en inglés) tuvo un éxito relativo primero aquí y luego allá.

¿Qué hacemos ahora? ¿Nos rendimos? ¿Lloramos como Magdalenas? ¿Nos deprimimos? ¿Invocamos a la tristeza como santa patrona de nuestros destinos?
“No cuenten conmigo”, diría un amigo. Analizar objetivamente la realidad, entenderla para poder transformarla cuanto antes, es el centro de nuestros desvelos. Otra actitud, huele a rendición.

Todo puede suceder en Brasil y en Argentina. Pero es poco serio olvidar, cuando se compara mecánicamente ambas realidades, que en la Argentina hubo y hay peronismo, hay movimientos sociales movilizados, hay organismos de Derechos Humanos, hubo juicio y castigo para los genocidas, hay un movimiento obrero poderoso en las calles y hay un liderazgo en plenitud. Cristina, claro.

En medio de esta catástrofe social que atravesamos sucede la erosión del bloque que conduce el senador Pichetto. Y sucede, como contracara, la unidad de distintos sectores en el peronismo que se identifican por su férrea oposición al gobierno del ajuste y la entrega de la soberanía. ¿Alguien imaginó acaso el zafarrancho en que está envuelto hoy el peronismo engominado en el Senado? Decían que se comían los chicos crudos y allí los tenes. Es posible que finalmente el Presupuesto del FMI se apruebe. Pero el costo político social que pagarán quienes lo voten, será irremontable.

En este marco, en Mar del Plata, nació el Frente Patria Grande, que nuclea a diferentes vertientes de la izquierda social y política. Es encomiable este aporte nacido para fortalecer la unidad del campo nacional popular y sostener e impulsar la candidatura presidencial de Cristina Fernández de Kirchner.

Lo que es preocupante es advertir cierto sectarismo de algunos sectores que salen a buscar el pelo en la leche pretendiendo que todos piensen igual, hablen igual, vistan igual. No es así la vida. No es así la unidad que se precisa para juntar suficiente masa crítica capaz de enfrentar en las urnas con éxito al dúo Macri-Vidal. Y además, habría que saber valorar y cuidar a los referentes jóvenes y comprometidos como Juan Grabois, Elizabeth Gómez Alcorta, Itai Hagman, Cecilia Merchán y otros. La cultura neoliberal vino para fragmentar y dispersar lo social-sindical de lo político. Ellos reinan sobre nuestra división. No le demos el gusto, dividiendo fuerzas. Esta vez la unidad no es una opción, es un imperativo en todos los terrenos donde se expresan los que dicen representar a los millones de compatriotas que hoy sufren hambre. Hambre.

Ojalá abramos los brazos y encendamos la entendedera para estimular todos estos espacios democráticos de unidad. Porque enfrente no está Caperucita; está el lobo feroz.

Que así sea.