Bajen las armas que aquí sólo hay pibes comiendo

Por Jorge Giles

La primera semana presidencial de Alberto Fernández parece anunciar el país que viene.

Una batería de medidas gubernamentales en favor de los más humildes y los más vulnerables de la sociedad, ya desató la ira de los grandes exportadores, algunos bancos super-poderosos, algunos socios/amigos de Macri en las grandes empresas energéticas, algunos operadores todo terreno del universo buitre y especulativo y algunos endeudadores seriales.

Sus voceros públicos son los de siempre: la Sociedad Rural, la cadena mediática encabezada por Clarín y La Nación y sus fieles representantes en el Parlamento.

Digámoslo claramente: la democracia duerme con el enemigo.

Los que fueron derrotados en las urnas no dan tregua en su vocación egoísta y depredadora.

Este intento de hacerles un piquete a los diputados que deben jurar para ocupar sus bancas, es una muestra del desprecio que los que se creen dueños del país sienten por las instituciones de la República y por la sagrada voz del pueblo.

Contra ese odio, contra ese egoísmo de clase, contra esos intereses mezquinos habrá que lidiar siempre. Así fue con Perón y Evita. Así fue con Alfonsín. Así fue con Néstor y Cristina.

Y así será con Alberto Fernández.

Es indignante asistir al triste espectáculo de ver y escuchar a los que nos dejaron tierra arrasada, como ilustra el film de Tristán Bauer, convertirse de la noche a la mañana en censores de la democracia inclusiva. No tienen autoridad moral ni política ni social para obstruir la urgente solidaridad que requieren los millones de compatriotas que están pasando hambre, el hambre provocado por cuatro años de saqueo neoliberal.

¿Se habrán enterado que el pueblo votó un rumbo diametralmente opuesto al rumbo del gobierno de Macri?

¿Se habrán enterado que en toda la región el horno no está para bollos y la paciencia de los pueblos está agotada?

“Bajen las armas que aquí sólo hay pibes comiendo” fue el grito desesperado de Pocho Lepratti en el preciso momento que caía asesinado. Eso mismo les pedimos a estos sujetos que saquearon los platos de comida de los argentinos y ahora impiden rastreramente que se repare ese elemental derecho de comer cuatro veces por día y tener remedios y cobrar salarios y jubilaciones dignas.

Bajen las armas de una vez, odiadores seriales. Sepan que no están atacando a una facción partidaria contraria a ustedes ni tan sólo a un gobierno popular. Están atacando a los pibes y a las pibas que sólo esperan comer.

Sean solidarios alguna vez con el pueblo. Ni más ni menos. Aún están a tiempo de cambiar de actitud. La democracia es generosa. Pero será implacable si siguen robando la comida de los argentinos y argentinas.

Que así sea.