Cautelosa esperanza blanca

Los medios del macrismo se aferran al 40 por ciento de votos como un cerco al futuro gobierno.

(Foto: M.a.f.ia)

Los columnistas de Clarín y La Nación aceptan el lunes 28 de octubre que el triunfo del peronismo es consistente pero, recuperando estrategias editoriales ya esbozadas antes de la elección, ven a la votación lograda por el macrismo, y al total superior a lo pronosticado, como un vallado, un cerco que impedirá “hegemonía”.

La palabra “equilibrio” fue puesta en juego en primer plano. “Victoria clara y equilibrio político”, en Clarín; “Hacia un equilibro de poder”, en La Nación. Y en Infoabe, en la primera pantalla el lunes por la mañana: “Sin margen para el hegemonismo”. Equilibrio que, por cierto, nunca les preocupó cuando la derecha sumó el control del gobierno nacional, de Provincia de Buenos Aires y de Ciudad de Buenos Aires.

En varias notas, además, hay coincidencia en pronosticar dificultades para el presidente electo dentro de su frente. Y otra interpretación compartida: Macri fue respaldado por los “valores” que según estos medios representa, valores “morales” e “institucionales”, lo que contiene en sí mismo la vieja descalificación oligárquica y clasista a los votantes del peronismo.

Kirschbaum, el jefe de redacción de Clarín, concede que la victoria de Alberto Fernández fue “buena” pero “más estrecha de lo que se imaginó”. Macri tuvo una “inesperada y muy buena elección” y con “su esfuerzo” la derecha descontó siete puntos de la diferencia de las PASO, lo que da al país un “equilibrio político necesario”.

La victoria opositora, copió y pegó Van der Kooy, “no es un cheque en blanco”, porque los peronistas “no pudieron repetir el vendaval” de agosto, por lo que, respira esperanzado, “no tendrán ninguna vía liberada”. Alberto Fernández debe pensar, le aconseja en tono amable, si la proximidad con Cristina Fernández de Kirchner no es lo que le impidió una diferencia superior. Recuerda la frase “ella y yo somos lo mismo” y pregunta si “Ella” no tuvo “demasiado protagonismo”.

Y aunque Macri se volvió tras las PASO un “dirigente visible”, Van der Kooy le reprocha incapacidad para buscar aliados: le dice que tal vez con Espert y Gómez Centurión, a quienes parece considerar demócratas y equilibrados, habría conseguido mejor resultado. Y luego viene la cantinela de los “valores” que respaldan solo los votantes macristas.

“Equilibrio de poder”, “no una nueva hegemonía”, recita Pagni en La Nación, quien se toma el trabajo de aceptar que es “llamativo” que haya sumado dos millones de votos más que en las PASO un gobierno que “deja tierra arrasada”.

Esos votos, continúa, son un desafío para el futuro presidente, quien “depende de una estructura de poder ajena”, es decir que inaugura la teoría de un presidente sin poder, tanto que en los festejos del Frente de Todos “parecía invitado a una fiesta ajena, la fiesta de Cristina Kirchner”. El presidente electo no podrá ignorar los “valores” que le atribuye a los votos de Macri, y eso es lo que lo llevará a “una ruptura con la última experiencia kirchnerista”. Así que habrá, por lo menos, “tensiones”.

Los “valores” unieron a “casi la mitad de los argentinos”, dice en La Nación Joaquín Morales Solá, infatigable en su exaltación de Macri, un “líder” que expresa “un proyecto”. Es decir, da por seguro que el presidente saliente va a retener ese caudal de representación, con lo que de alguna manera quiere incidir en la interna de la oposición derechista. Sin embargo, las disputas que tarde o temprano Cambiemos deberá afrontar, con Rodríguez Larreta como una referencia muy robusta hacia 2023, apenas son mencionadas en estos espacios oficialistas.

Este coro editorial afilado contó también con Laura di Marco de La Nación, quien para sumar más y más desafíos que enfrentará Alberto Fernández habla de un hombre acostumbrado al “confort del segundo plano”. Entonces, dice, está por verse quién es la persona que “se destapa” el 10 de diciembre en la Casa Rosada. Afila colmillos al hacer una regresión a otro dirigente habituado al “segundo plano”, Chacho Alvarez, quien cuando llegó al primer plano “no lo soportó”.

Sin caer en la pseudo psicología, el “verdadero” perfil político de Fernández ya había sido puesto en discusión, una y otra y otra vez, por este batallón de columnistas: sin ir más lejos, el domingo Tenembaum en Infobae lo castigó por una supuesta “radicalización”, y dejó boyando la pregunta sobre quién es en verdad.

Gentileza COMUNA