Cien días del desgobierno de Bolsonaro

Por Lu Sandré ·

El mismo miércoles 10 de abril, se cumplieron los cien primeros días del gobierno de Jair Bolsonaro en la presidencia de Brasil. Declaraciones públicas polémicas, decisiones cuestionables y retrocesos marcan los tres primeros meses de gestión del capitán retirado que dieron seguimiento al desgaste iniciado durante el proceso electoral polarizado. El agitado escenario político desafía a especialistas, políticos, y a la población ante cada nueva noticia o pronunciamiento.

La popularidad del ultraderechista, las articulaciones del ministro de Economía Paulo Guedes para la aprobación de la reforma de las Pensiones que defienden y la relación entre Bolsonaro y el gobierno estadounidense estuvieron el centro de la atención mediática y de las críticas en sus primeros tres meses de gobierno.

Para la politóloga Rosemary Segurado, los cien primeros días de Bolsonaro representan una continuación de su campaña electoral, sin la presentación efectiva de un plan de gobierno. “No hubo aprobación o seguimiento de absolutamente nada en concreto. No hubo nada de hecho en ese período. En el Congreso, él no consiguió dialogar ni tampoco conquistar la mayoría. Un gobierno desgobernado. Desgobernado aunque formado por personas muy cercanas a sus ideales”, afirma la docente en Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC-SP).

En su opinión, cada día las contradicciones entre el discurso y la práctica se vuelven más evidentes en la gestión de Bolsonaro. “Se trata de un gobierno que actúa en favor de la nueva política cuyas prácticas son las que más se aproximan a la vieja política. Realmente un desastre. Es lamentable lo que estamos viviendo en nuestro país en este momento. Una destrucción de las instituciones democráticas a una velocidad, con una rapidez inaceptable e increíble”.

RÉCORD DE REPROBACIÓN

Aunque haya sido electo con 57,7 millones de votos, hoy el mandatario vive un caída en su aprobación. Según una encuesta realizada por el Instituto Datafolha el pasado domingo 7  Bolsonaro tiene la peor evaluación entre los presidentes electos para un primer mandato desde la redemocratización en 1985. Para el 30% de los brasileños escuchados en el sondeo, el gobierno es malo o pésimo. Ya para el 61%, el ultraderechista hizo menos de lo que se esperaba en el ejercicio del cargo.

La expectativa de que el mandatario haga una buena gestión también disminuyó. Antes de su toma de posesión el 1º de enero, un 65% opinaba que la gestión del presidente ultraderechista sería buena u óptima, ahora solo el 59%, mientras que el índice de los que tienen la expectativa de que Bolsonaro haga una gestión mala o pésima aumentó y alcanzó el 23%. El número de entrevistados que creen que el gobierno de Bolsonaro será regular sigue igual, entre 17 y 16%.

Un análisis realizado por el IBOPE en marzo ya había señalado una caída en la aprobación de Bolsonaro principalmente entre los electores con menor poder adquisitivo. La caída de 15 puntos porcentuales en la evaluación positiva del presidente, según la encuesta del instituto, es más evidente entre los electores con menos ingresos. En esa franja social, la aprobación de Bolsonaro disminuyó 18 puntos.

“Esas personas se ven obligadas a revisar [sus posiciones]. Podrían criticar al Partido de los Trabajadores (PT), es algo legítimo, pero ¿cuál es el precio de sacar el PT del gobierno? Muchos están pensando en eso ahora”, analiza Segurado, que considera que la popularidad del mandatario va a caer aún más.

CRISIS CONTINUAS

El discurso antipolítico y anticorrupción de Bolsonaro también entraron en conflicto con los escándalos que implican a personas de su gobierno. En diciembre del pasado año, los medios de comunicación presentaron denuncias sobre transacciones financieras atípicas realizadas por Fabrício Queiroz, ex asesor de Flávio Bolsonaro, y desgastaron al gobierno en vísperas de la toma de posesión presidencial.

Una investigación identificó pagos de cientos de miles de reales a Flávio Bolsonaro, entonces diputado estadual de Rio de Janeiro, ahora senador. Los ministros nombrados por el presidente también estuvieron implicados en polémicas durante los últimos tres meses.

La composición ministerial de Bolsonaro también fue cuestionada. Según un reportaje de la revista Carta Capital, nueve ministros de Bolsonaro son investigados o acusados en acciones judiciales.

En febrero, Gustavo Bebianno, entonces Jefe de Gabinete de la Secretaría General de la Presidencia de la República, pasó a ser investigado después de que el diario Folha de S. Paulo reveló la autorización de desvíos presupuestarios al partido de Bolsonaro a través de una candidata prestanombre durante las elecciones de 2018. Días después de protagonizar discusiones en las redes sociales con el hijo mayor del mandatario, Carlos Bolsonaro, Bebianno fue destituido.

La segunda destitución en el gobierno Bolsonaro ocurrió el último lunes, 8 de abril. El ministro de educación Ricardo Vélez Rodríguez, un seguidor del polémico autoproclamado filósofo Olavo de Carvalho, expresó más de una vez que le gustaría implementar los valores familiares y religiosos en las escuelas brasileñas. Vélez Rodríguez intentó crear reglas- y después retrocedió – para autorizar el uso de libros didácticos sin revisiones textuales y sin referencias bibliográficas.

Posteriormente, envió una carta a las escuelas brasileñas para que filmaran a los alumnos entonando el himno nacional y recitando el eslogan del gobierno “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”. Posteriormente, retrocedió debido a la inconstitucionalidad de la medida.

Durante una de sus últimas declaraciones públicas antes de la destitución, Vélez defendió cambiar los libros de Historia para defender el golpe de Estado de 1964 en el país y la dictadura militar.

Después de sustituir a 20 miembros de su gabinete, incomodando a diversos sectores del gobierno, Vélez también fue sustituido por Abraham Weinbtraub, como anunció Bolsonaro en su cuenta de twitter.

​ JUBILACIÓN

La Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) 06/2019, que altera las reglas de la jubilación, es la locomotora del gobierno Bolsonaro y de su equipo, que corren para aprobarla en el Congreso Nacional.

En comparación con las reglas actuales, basadas en principios de solidaridad y universalidad, la la edad mínima exigida aumentará para las mujeres de 60 a 62 años, si trabajan en la ciudad. Para las mujeres del campo, habrá un aumento de cinco años, o sea, la edad mínima subirá de 55 a 60 años.

Los hombres permanecerán con las mismas franjas etarias: 65 años para un trabajador del área urbana y 60 para el trabajador rural. Si Bolsonaro consigue aprobar la reforma al apuro, como ha defendido, el tiempo mínimo de contribución aumentará para ambos sexos de 15 a 20 años. O sea: la propuesta de Paulo Guedes, ministro de Economía, hace que la población brasileña se jubile más tarde y contribuya con el sistema de pensiones por más tiempo.

Flávio Roberto Batista, profesor de la Facultad de Derecho de la USP y doctor en Derecho de Pensiones, considera que los cambios en la jubilación serán un gran desastre para la población brasileña, ya que desmantelan el sistema de pensiones actual. “Incluso con todas las transformaciones por las cuales ya pasó en estos casi cien años, nunca pasó por una mutilación tan grande”, destaca.

Batista alerta que la reforma de Guedes incide sobre un mercado de trabajo formado, mayoritariamente, por trabajadores con baja remuneración. Él es enfático al afirmar que aumentar la edad y el tiempo de contribución, en la práctica, va a impedir que la enorme mayoría de los trabajadores acceda a su jubilación.

“Es importante destacar que eso transforma esta propuesta en una propuesta racista y machista, porque sabemos que la estratificación de ingresos en el mercado de trabajo brasileño está marcada por el género y la raza. A partir del momento en que, cuanto más pobre y menor calificado el trabajador, más difícil será el acceso a su beneficio, inmediatamente verificamos que especialmente las mujeres negras van a ser las personas más perjudicadas por esa reforma”, añade.

De acuerdo con el especialista, el principal objetivo de la propuesta formulada por Guedes es beneficiar al mercado financiero por medio de la desconstitucionalización de las Pensiones y la creación de un sistema de capitalización privado. Batista también señala que el apuro del gobierno por aprobar la propuesta es justamente porque no le agrada la mayoría de los trabajadores del país. “El pueblo no quiere la reforma de las Pensiones y eso ya quedó muy claro. Esa urgencia viene del aprovechamiento de este momento inicial del gobierno en el cual, supuestamente, su popularidad sería mayor, porque acaba de ser electo, y de ese temor que se tiene de la reacción popular a esta propuesta, porque no es bien acogida por el pueblo”.

Otro punto criticado por él relacionado con los primeros cien días del gobierno de Bolsonaro es la falta de debate social sobre los cambios en la jubilación. “Es el proyecto del mercado tramitado a toda velocidad, pasando un tractor. No puede haber ningún tipo de transigencia con esta propuesta, tiene que ser refutada integralmente”, resalta.

Rosemary Segurado comparte la evaluación de que la ausencia de diálogo es una característica central del gobierno de Bolsonaro. “No sabe dialogar. No consigue dialogar con los partidos. No consigue dialogar con el Congreso. Cree que está en el cuartel o con su familia, que él habla y todo el mundo obedece. En la política no es así.” ​

​ SE VENDE TODO

La ida de Bolsonaro a los Estados Unidos para encontrarse con Donald Trump fue exaltada y conmemorada por sus seguidores. Sin embargo, especialistas miran con criticidad la relación establecida entre los gobiernos, construida con base en una serie de concesiones brasileñas.

Después de 20 años de negociaciones, los países convinieron los términos del Acuerdo de Salvaguardas Tecnológicas (AST), que concedió el uso comercial de la base de Alcântara, en Maranhão, a Trump. En esa ocasión, en una entrevista con Brasil de Fato, el diplomático Samuel Pinheiro Guimarães criticó la firma del acuerdo.

“Todos los países que tienen tropas extranjeras en su territorio, aunque con nombres de fantasía, como la OTAN [Organización del Tratado del Atlántico Norte], no son totalmente soberanos. Hoy en día, los Estados Unidos son, tal vez, el mayor país lanzador de satélites del mundo. No creo que los Estados Unidos vayan a construir una competencia en territorio brasileño. Segundo, no hay ninguna empresa brasileña capaz de producir satélites o misiles para ser lanzados. Entonces, sería una especie de rentismo, como ya estamos viviendo en Brasil. Estamos vendiendo o alquilando todo”, afirmó.

Flávio Rocha, especialista en geopolítica y seguridad internacional, entiende que el acuerdo está motivado por una política “ultraneoliberalizante” y lastima la soberanía nacional. “Se busca un alineamiento geopolítico a todo costo, a corto plazo, con los Estados Unidos”, alerta. Además de ceder una de las ubicaciones más estratégicas del mundo para lanzamiento de satélites, Brasil acabó con el fin de la exigencia de visado para turistas de los Estados Unidos.

No solo el territorio de Maranhão corre riesgos bajo el gobierno Bolsonaro. El dossier del Instituto Tricontinental de Investigación Social, publicado en marzo, mostró que cada vez más la región amazónica es blanco del agro negocio y de la minería extranjera.

“Todos los intereses posibles confluyen sobre la Amazonía. Es un espacio de riqueza mineral, ambiental, social y cultural enorme. Es un espacio políticamente muy interesante, es una frontera grande, con muchos países. Es hasta difícil enumerar los intereses imperialistas en esa región: son infinitamente diversos”, señala Ana Penido, integrante del Instituto Tricontinental.

Doctora en Relaciones Internacionales por el Instituto Santiago Dantas, Penido explica que hay una antigua preocupación de militares nacionalistas con la actuación de ONG internacionales en la Amazonía. A pesar de ello, según ella, esa preocupación no se expresa con la misma intensidad cuando se relaciona con la compra de tierras por grandes empresas extranjeras. “Es un nacionalismo muy selectivo, sólo en el momento que le interesa el gobierno”, subraya la investigadora.

El documento del Instituto Tricontinental denuncia además que, en el caso de la minería, por ejemplo, diversas empresas multinacionales actúan en la región, “sin control muy directo del Estado brasileño”.

Según el dossier, “los continuos proyectos de ocupación e intervención del Estado brasileño en la región fueron de subordinación a los intereses externos, con medidas que facilitan la exploración del territorio por las grandes potencias y empresas transnacionales, con exenciones fiscales, préstamos públicos, inversiones en infraestructura y donaciones de tierras”.

“Todo indica la venta generalizada del patrimonio nacional. Es difícil decir que la Amazonía va a continuar siendo brasileña. Mientras el Estado brasileño, tal vez continúe siéndolo, pero la riqueza, cada día que pasa, es explotada por multinacionales extranjeras”, enfatiza Penido.

​ FUTURO INCIERTO

Fueron tantas informaciones y movimientos en apenas cien días, que la habilidad política de Bolsonaro y su equipo ministerial pasó a ser cuestionada por la población, especialistas y políticos.

En la perspectiva de Rosemary Segurado, la habilidad política nunca fue parte de la carrera política de Bolsonaro. Para ella, la postura extremista y autoritaria del presidente evidencia su incapacidad de dialogar con los demás partidos y opositores.

“El presidente tiene que ser alguien que agregue, que sume en el país, [con] sus innúmeras diferencias. No lo contrario. Y él no demuestra eso. Y quien no demuestra eso en este momento, muy difícilmente construirá eso. Es cambiar la llanta del auto con el auto andando”, complementa.

Segurado evalúa que, en esta turbulenta coyuntura política, incluso la permanencia de Bolsonaro en la presidencia puede estar en juego. “Parece que él se está sintiendo presionado y tenemos que ver si va a querer dar continuidad a esa aventura que él comenzó. Porque es eso. Me parece que él entró en una aventura que no tenía noción de lo que sería”.


Fuente: Brasil de fato