Combatiendo a la unidad

Medios y columnistas que defendieron ciegamente a Macri extreman estrategias para condicionar a Alberto Fernández a nombre de los “mercados” que endiosan. Y además ensayan la estrategia que, parece, será central para el próximo período: anuncian un choque mortal entre AF y el kirchnerismo, sobre lo cual ya hallaron el extraordinario caso de los “cuchillazos invisibles”.

Un día escriben que Alberto Fernández es bueno y moderado. Al siguiente no, deslizan que sólo está actuando. Y si critica la especulación financiera con la que el macrismo aplasta al país, o si habla del desastre social, se vuelve peligroso kirchnerista.

En resumen, tipeó Nicolás Wiñazki el domingo en Clarín, no se sabe si AF impondrá sus ideas sobre el “ultracristinismo”. El candidato bueno, escribe el mismo día en ese diario Fernando González, piensa en Melconián, Redrado o Lavagna para Economía, pero no los menciona para que no se desgasten y sobre todo para evitarles “el examen más inquietante todavía, de Cristina y el kirchnerismo”.

El día anterior, Olivera en La Nación: el empresario Galperín se reunió con AF y allí constató la “connivencia” con La Cámpora, que “inquieta al establisment económico”. La incógnita, machaca, es cómo se resolverá esa relación entre dos “facciones” (es decir, grupos facciosos).

También el sábado, en Infobae, Mónica Gutiérrez, casi en un copiar y pegar, pregunta si esta CFK “apaciguada” lo dejará gobernar a AF, o si “el kirchnerismo convertirá su despacho en un infierno”.

El viernes en Clarín, el jefe de redacción Kirschbaum ubica a las protestas sociales de la semana como una forma del kirchnerismo de “marcarle la cancha” a AF, como si en el país no hubiera gente padeciendo por la crisis arrasadora causada por el macrismo. La receta del análisis es igual a todas las demás: si AF podrá hacer equilibrio entre su “corrimiento hacia el centro”, que tanto le gusta al poder financiero y bancario nacional e internacional y las “necesidades del kirchnerismo”.

Naturalmente, el dirigente social Juan Grabois es condenado al infierno, por su referencia a la necesidad de una reforma agraria.

Ese mismo día en La Nación, la redactora Di Marco quiere explotar la hipótesis de caos entre AF y kirchnerismo basándose en La Plata, donde la ex presidenta presentó su libro “Sinceramente”: durante su intervención Ella “nombró poco” a Alberto Fernández y, en cambio, miró muchas veces y hasta ¡le sonrió! a Axel Kicillof, su “preferido”, ante quien Máximo K siente “celos”.

Tras este psicologismo de peluquería, la articulista quiere mostrar dotes de escritora con imaginación: dice que la candidata a intendenta de La Plata por el Frente de Todos, Florencia Saintout, se sacó una foto “para disimular” con su ex competidora Tolosa Paz, pareja de Albistur, amigo de AF. Pero ellas intercambian, dice, “cuchillazos invisibles”, una creación literaria ante la cual, fácil es adivinarlo, Stephen King ha de estar desfalleciendo de envidia.

Órdenes son órdenes: también Pablo Wende, en Infobae del domingo, donde no firmó esta vez Tenembaum, instala la pregunta: AF quiere una “nueva Venezuela” o un esquema “súper ortodoxo”. Pero independientemente de ello, lo cierto es que no tendrá más alternativa que desarrollar “políticas amigables con los mercados”.

En ese punto está el nudo de la expectativa de los organizadores del modelo económico desarrollado por Macri, cuya continuidad está en duda después de las PASO. “El país gasta más de lo que produce”, escribió el miércoles Kirschbaum en Clarín, cual columnista de La Nación de hoy, de ayer y de siempre.

Criticar el modelo es pecado mortal: el mismo día en Clarin, González le reprocha a AF la temible osadía de mencionar la recesión y la pobreza: “que nadie espere gestos de grandeza”, que consistirían en negar lo que la mayoría abrumadora de las familias argentinas padecen cada día.

Y proponer, como hizo AF, una relación más fluida con Europa y menos dependencia con Estados Unidos significa desconocer, escribe el domingo Morales Solá en La Nación, que “el mundo cambió”. Europa está débil, con gobiernos que tambalean, así que los que importan son Estados Unidos y China. Macri “reinsertó a la Argentina en el mundo” y sería “importante” que AF dé continuidad a esa política pero eso sí, con generosidad republicana le concede la posibilidad de “modificaciones propias de otro gobierno”.

En tanto se reanuda la campaña electoral y parece que el ataque clasista y xenófobo lanzado por el candidato a vicepresidente del oficialismo, Pichetto, no es una idea exclusiva de él: un par de columnistas desnudan lo que parece será el intento macrista por recuperar amistad con la castigadísima clase media, sin esperanzas ya entre trabajadores y sectores populares.

En efecto, Roa escribió en Clarín del jueves su queja por la derrota electoral macrista en la Villa 31 de Buenos Aires donde, se dice, el gobierno de Rodríguez Larreta hizo inversiones millonarias. Amargura y rencor clasemedieros: “No pocos votantes de Cambiemos viven como algo injusto que el gobierno construya con sus impuestos viviendas que no tienen nada que envidarles a las de cualquier barrio”.

Este odio de clase tiene algún emisor sin rostro, porque en La Nación, el mismo día, Olivera escribió casi en los mismos términos: al final, advierte, la clase media es la que se sacrifica, como dijo el presidente Mau, es el tercio de la población que sostiene a los otros dos tercios: es decir empleados públicos, jubilados, planes sociales. Este “análisis” concluye con una reiterada consigna de La Nación, la misma que tecleó Kirschbaum: “Todo se reduce a un problema: el peso del Estado”.   La conexión de este relato con los dichos oprobiosos de Pichetto parece indicar que la apuesta macrista para la campaña hacia octubre es la balcanización social: que choquemos unos con otros, para perpetuar lo máximo posible las condiciones que permitan mantener cercado a Alberto Fernández.9 de Septiembre de 2019

Gentileza COMUNA