Crónica de una muerte anunciada

Por Martina Lorenzutti

Este título que alude a la novela del escritor colombiano y premio nobel de literatura, Gabriel García Márquez, no está lejos de ser una suerte del realismo mágico que es vivir en un país como la Argentina. Un sube y baja. Un carrusel que nunca se detiene. Todos los días una incógnita, una inquietud constante. Aunque actualmente se parece más a estar cayendo en un pozo negro e interminable.

¿Por qué todos los que tenemos algunos años, tenemos la sensación de que se repite la misma película con casi los mismos actores, pero en un contexto diferente? Los economistas de siempre, más algunos de la nueva promoción son los mismos: Sturzenegger, Melconian, Espert, Prat Gay y el recientemente ido Dujovne, a modo de chivo expiatorio. Entonces aparece el último alfil: Hernán Lacunza, que fue movido en el tablero desde la provincia de Buenos Aires a Nación, luego de dejar tras su gestión un territorio arrasado como es la provincia donde gobierna María Eugenia Vidal.

Al igual que sus antecesores trabaja para los intereses de un único jefe: el establishment financiero mundial. Son los que participan de esta orgía de capitales especulativos de tipo golondrina que no invierten ni dejan un solo centavo en el país, sino todo lo contrario, lo saquean y se llevan sus ganancias en dólares. 

Cambiemos en estos casi cuatro años solo se ha dedicado a destruir de manera brutal al aparato productivo, a la economía interna y por ende al consumo de la mayoría de la población. La dolarización es su norte y el no poder controlar la subida del precio del billete estadounidense provoca una inflación que no tiene límites, a esto se le suma un atraso salarial que no alcanza para poder vivir dignamente. Aunque lo niegue, la gran parte de la clase media destina la mayoría de sus ingresos a cubrir la canasta de alimentos y a tratar de pagar los servicios básicos.

Para los que integran este gobierno su Dios es el mercado. El único interlocutor al cual se dirigen. Tenemos como ejemplo al presidente Macri quien últimamente y tras la paliza en las urnas se acordó que existe un pueblo al que dice comprender y escuchar. En modo pastor evangélico lee discursos que solo provocan incertidumbre tanto en los mercados como en la población.

Lo cierto es que cada vez que habla públicamente algo malo sucede. Nos han sumergido en esta bicicleta financiera sin el más mínimo permiso. El acuerdo con el fondo no fue ni discutido ni aprobado por el Congreso, se hizo por decreto. Y ahora pretenden que los diputados avalen la refinanciación de la deuda. Pero eso sí, la cuenta de esta fiesta para pocos la pagamos todos. Con el FMI soplándonos la nuca, el final de este gobierno no se vislumbra como un tiempo calmo. 

En abril de 2018 cuando se disparó el precio del dólar Macri anunció que estaba iniciando conversaciones con Christine Lagarde. Nos vendió que endeudarnos con el FMI era la solución, el único camino posible. La estampida del dólar y por consiguiente la devaluación del peso argentino fue algo claramente provocado para hacer intervenir al Fondo nuevamente en nuestra economía doméstica.

Los dólares frescos eran y siguen siendo para ellos indispensables para sostener la fuga constante de capitales. La timba financiera es muy tentadora para los que especulan ya que están ofreciendo los intereses más altos del planeta, al punto de que para retenerlos el BCRA subió la tasa de interés de las Leliqs a 83%. Un negocio mega millonario para un pequeñísimo grupo de inversores. Crearon las Lebacs, Leliqs, Letes, Lecaps, Lecer y Lelinks: todos bonos financiados con la plata del tesoro.

Las últimas noticias son que algunos bonos van a ser reestructurados. Prácticamente ya nos encontramos en estado de default, pero esta vez es selectivo.

El economista Martín Guzmán nos advierte en una nota del viernes 30 en Página/12 que hay que evitar por todos los medios un nuevo megacanje porque esto provocaría que nos precipitemos directamente a un escenario similar al de 2001. Advierte que los intereses de la deuda serían tan grandes que provocaría la cesación total de los pagos. Los bonos argentinos se convertirían prácticamente en papeles basura y nuevamente los fondos buitre se harían un festín. Recordemos la larga lucha de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y su equipo en el juzgado de Nueva York y al ya fallecido juez Griesa embargándonos la Fragata Libertad. ¿Quién se ocupó realmente de la soberanía económica, un gobierno de tipo “populista” o este que nos puso nuevamente de rodillas en calidad de deudores?

El FMI tendría que asumir con la situación argentina un nuevo fracaso por guiar a los países hacia políticas que llevan directamente a la quiebra. Este nuevo verbo REPERFILAR ya se usó en Grecia en el 2011. Que el Fondo Monetario Internacional aparezca “equivocándose” una vez más, como es lo habitual, nos hace pensar que no es así; que hay un guion oculto y establecido para nuestro país.

Es difícil creer que afamados economistas con años de trayectoria, puedan suponer que a cambio del dinero prestado podamos cumplir con metas fiscales y de inflación. Algo impracticable en un país cuya economía se retrae por la falta de consumo y donde segundo a segundo se cierran fuentes laborales. Los griegos van a estar endeudados los próximos 50 años y pueden, según se sugirió, pagar con sus islas.
Todos sabemos los inagotables recursos naturales e hidrocarburíferos como Vaca Muerta que tiene nuestro país. 

La realidad es que van a entregar un país con las reservas del Banco Central en rojo. Un país quebrado, endeudado y sobre todo hambreado. El BCRA limitó el giro de utilidades de la banca privada al exterior. Enhorabuena. 

Y ese es otro gran tema de la semana pasada: la enorme movilización que hubo el miércoles por el centro porteño, la cual solo se pudo visibilizar por redes y algunos pocos medios. Una contundente demostración de que nadie se duerme y de que todos estamos movilizados física, psicológica y moralmente. En contraposición con los que fueron el sábado previo a la Plaza de Mayo a defender al presidente Macri y a provocar e insultar a los pocos medios críticos que aún nos quedan. Ellos fueron con la sube, con las panzas vacías. Los movimientos sociales fueron a reclamar la urgente declaración de la emergencia alimentaria, pero el gobierno a través de su ministra de desarrollo social, Carolina Stanley sigue haciendo oídos sordos. 

Como es su costumbre continúan dándole la espalda a la gente. Están tan ciegos que no pueden percibir la realidad de miles de chicos que están creciendo con déficit de alimentos esenciales.

Ellos solo saben mirarse el ombligo. Una ministra como Patricia Bullrich reconociendo por televisión que no se esperaban el resultado de las PASO. El hambre tampoco espera: es ayer, es hoy y es mañana también.

La pregunta del millón: ¿porque la mitad de la gente decidió votar por su propio verdugo en octubre de 2015? Aunque debiéramos preguntarnos y contestarnos: ¿qué se necesita para que esto no vuelva a suceder? La respuesta es simple: más educación, más salud, mejor información y mejor formación. 

En un país de tan solo 50 millones de personas pero que tiene recursos para alimentar a 500 millones, nadie debería padecer carencias alimentarias. Recordemos que antes de que asuma este gobierno el creador de Red Solidaria, Juan Carr sugirió que estábamos por llegar a la esperada meta de hambre cero.

Estamos visiblemente en un momento muy delicado, donde la gente se expresó en las urnas y lo hará nuevamente en octubre. Es La crónica de una muerte anunciada de un gobierno que se va y otro que deberá, como el ave Fénix, hacer renacer a todo un país de sus cenizas. Donde no podemos dar ni un paso en falso, ni ceder a provocaciones porque estamos al borde de una cornisa.