Dólar e inflación en la coronacrisis

Gentileza de CESO (Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz)

La cuarentena para enfrentar el coronavirus obliga a paralizar ramas enteras de la economía. Bajas en la actividad que rondan el 30% interanual, merman los ingresos de amplios sectores, incluyendo la recaudación impositiva del Estado nacional, provincial y municipal. La política económica apunta a sostener parte de esos ingresos mediante transferencias directas (IFE, ATP, bonos a jubilados y pensionados, transferencias a provincias, etc.) y créditos subsidiados. Dada la pesada herencia macrista de un mercado de bonos (interno y externo) detonados, esas políticas deben ser financiadas mediante emisión monetaria del banco central. La pregunta es, ¿se puede continuar
emitiendo?

Los sectores ortodoxos advierten que la emisión monetaria sólo traerá una mayor inflación que terminará licuando el valor real de dichas transferencias. Basados en esas creencias, señalan que no se puede continuar emitiendo y que debe levantarse la cuarentena para reactivar la economía, aún a costa del riesgo para la salud de la población que ello implica. Sin embargo, el desarrollo real de los acontecimientos muestra que el pico de emisión monetaria coincide con una fuerte baja de la inflación durante abril (1,5% i.a.). La reducción del consumo al esencial, el congelamiento tarifario y los fuertes controles parecen haber dominado temporalmente las presiones sobre los precios.

Pero las tensiones en el mercado de cambios paralelo muestran el talón de Aquiles del programa económico de emergencia. El incremento del ahorro de los sectores que mantienen ingresos y ven reducido su consumo al esencial, junto a la parálisis de la inversión productiva y en “ladrillo” para empresas y sectores de elevados ingresos, generan una masa de recursos que se vuelca a inversiones financieras. En un contexto de elevada incertidumbre, una parte importante de las inversiones financieras se dolarizan generando la corrida sobre su cotización paralela. Si bien su impacto en los precios es muy bajo, la ampliación de la brecha cambiaria genera expectativas de devaluación que inducen comportamientos que merman las reservas oficiales: stockeo de cosecha, pre cancelación de deudas externas, adelanto en el pago de importaciones, retiro de depósitos en dólares, etc.