Durmiendo al filo del abismo

Por Jorge Giles*

La economía argentina duerme al filo del abismo. Vivimos el día a día como si todo estuviera a punto de caerse en cualquier momento. Una brisa de viento norte podría disparar violentamente el precio del dólar al infinito. Y entonces la inflación se dispararía. Y los alimentos se tornarían un bien inalcanzable. Estamos en peligro. El riesgo país bate records mientras los países centrales le dan la espalda al anteriormente bendecido gobierno de los Ceos. Se prendieron todas las luces de alerta máxima. Y se prendieron fuego ellos mismos. Inútiles.

Los argentinos estamos durmiendo al filo del abismo. No te duermas.

Hay que reconocer que en estos años de Macri los ciudadanos hemos aprendido como nunca antes de economía. Gracias, presidente. Ya sabemos, por ejemplo, que la riqueza extraída con los tarifazos dolarizados al bolsillo popular, lejos de convertirse en obras y mejoras de calidad de vida, fueron a parar al invisible puerto financiero por donde se fugan diariamente los miles de millones de dólares que se van del país. Sabemos que los 50 mil millones de dólares que trajo el FMI también se fugaron. Sabemos que con este modelo neoliberal y colonizador perdemos reservas, perdemos salarios, perdemos empleos, perdemos científicos, perdemos educación, perdemos salud, perdemos haberes jubilatorios, perdemos justicia, perdemos alegría y perdemos Malvinas. Con gobiernos como este, todos los días perdemos algo.

Desde el primer día de un próximo gobierno nacional y popular, habrá que frenar la fuga de divisas y desdolarizar la economía. Hay que frenar la timba financiera de los poderosos. Hay que frenar el saqueo. Porque si no lo hacemos, seguiremos durmiendo sobre el abismo. ¿O de qué valdrá crecer y desarrollarse económicamente y acumular reservas sino frenamos la fuga?

Ese es el gran tema a encarar y resolver.

El otro gran tema es la necesaria e imprescindible revalorización de nuestro origen federal como nación. Nacimos federales, de la periferia al centro, de las provincias a la república. Y en esa genética colectiva habrá que buscar el comportamiento de las mayorías en el siglo XXI. La reconstrucción del proyecto nacional se hará comprendiendo (y actuando en consecuencia) la naturaleza de nuestra identidad como país soberano. No es una cuestión de modales de ocasión. Es una cuestión muy profunda. Saberlo y asumirlo nos ahorraría la sorpresa y el enojo cuando los resultados electorales no son los que imaginamos, sino los que construyen las mayorías en cada territorio de nuestras provincias.

El proyecto de nación-pueblo incuba en la Revolución de Mayo, pasa revista al grito de “Seamos libres, que lo demás no importa nada” del Libertador José de San Martín, ata los caballos de los caudillos federales en la Plaza de Mayo en 1820, pone las patas en la fuente el 17 de Octubre de 1945 y vuelve desde el sur patagónico con Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

El proyecto unitario del centralismo porteño, ese que hambrea, reprime y saquea,  también corre a la par nuestro desde el amanecer de la patria. Así fueron ellos, desde Rivadavia y Mitre hasta nuestros días, pasando por la dictadura.

Si no hacemos memoria, estaremos en el horno para siempre.

La mugre que se destapa en el Juzgado de Dolores tiene la velocidad de la inflación. Y no tiene techo ni piso. Es la república perdida en su última versión, la de los mafiosos que, medios hegemónicos mediante, convencieron a millones de incautos de que esta banda gobernante no robaría porque” ya son millonarios”.

Ahora entendemos y comprobamos que la voracidad que están demostrando es la marca en el orillo de esa clase parasitaria. Ni siquiera les cabe el despreciable lema de “roban pero hacen”. Estos roban nomás.

El final de este proyecto saqueador está muy próximo y no habrá que permitir que se escapen por la tangente de la violencia organizada desde el propio estado represor. Habrá que echarlos con los votos del pueblo. Que queden terceros cómodos como vienen quedando en las provincias; que disputen el lugar con esa izquierda cipaya que siempre les es funcional. Vendrán ahora por el desánimo colectivo y no habrá que permitirlo  oponiéndoles una esperanza fundada en los años en que fuimos más felices.

Para salir de este abismo habrá que decirle clarito a la dirigencia opositora que la unidad no es una opción, es una necesidad vital. Y que el que rompe esa unidad, no es opositor, sino cómplice de esta tragedia social.

La esperanza está intacta: apareció el nieto 129 y seguimos naciendo.

Que así sea.