Educación y pandemia

Por María Cristina Derdoy

Comienzo a escribir haciendo alusiones autorreferenciales.

Vivo en el conurbana bonaerense: La Matanza, partido grande, superpoblado, heterogéneo, popular, fabril, comercial, ruidoso, con fuerte presencia de apellidos italianos y españoles.

Mi barrio Villa Insuperable es una foto en sepia y en color de lo que es el partido.

Hace ya dos meses y días que las calles guardan un silencio vehicular y de personas a las que uno se va acostumbrando para descubrir otros sonidos. El chirriar de una puerta metálica, los pasos en la vereda, las voces de los vecinos, entre ellas, las de los chicos.

Ellos están en casa. Se los oye temprano, al mediodía, a la tarde.

Mi barrio, casi en su mayoría es de casas bajas tipo chorizo o clásicos chalets de los 50 y 60, casi todos tienen patios amplios y allí andan ellos despertando la modorra del silencio.

¿No concurren a clase? Pibes y pibas del secundario no se ven con sus libros, riéndose fuerte y hablando aún más. No se ven esos grupos en la esquina ni en las paradas de colectivos.

Los edificios de las escuelas ya no son el  lugar de reunión de madres y padres en las veredas intercambiando alegrías, preocupaciones, disgustos, diferencias o concordancias.

Ese movimiento continuo ha quedado en modo pausa. Eso es lo visible, porque el acto educativo sigue.

Una pandemia que ataca a todos sin distinción, ha llegado al mundo.

Ha dado vuelta los dados y nos ha hecho reflexionar sobre la finitud de la vida, la importancia de preservar a todos y todas, de cuidar la salud por sobre la egoísta e infame elección económica financiera.

Porque esa necesidad avara de la acumulación es potencialmente asesina.

Larralde en lenguaje musical y poético dice;#lo que no sabe ese señor/ que por su peón tiene estancia”.

Y los que somos humanistas aceptamos y propalamos sin descanso que debemos respetar: cumplir con el aislamiento social.

El correlato es: cierre de las escuelas y toda institución educativa.

Digamos que esta crisis nos hace más creativos, reflexivos, porque irreflexivos, irresponsables, desquiciados y peligrosamente populares que escupen teorías conspirativas, negadores y mentirosos siempre existieron. Y seguirán.

Preguntémonos: ¿Por qué no se dictan clases presenciales? Por todo lo anteriormente dicho.

¿Cómo, cuándo y dónde se continúa el aprendizaje?

En un país como el nuestro con marcadas diferencias y desigualdades al acceso de medios electrónicos e Internet la prosecución no es tan fácil.

El dictado de clases virtuales requiere una infraestructura de redes a los que muchos no tienen acceso, sin embargo el conocimiento se imparte.

Serán contenidos acotados para no perder la gimnasia de la lectura y escritura, respecto a los referidos a la ciencia y matemática tan importantes para el análisis y síntesis, resolución de situaciones problemáticas que agilizan el razonamiento y en las sociales reconocer que somos seres con historia, que tenemos pertenencia territorial y conscientes de derechos y deberes.

En todos los niveles educativos se da este fenómeno de la virtualidad.

Las complejidades de los contenidos serán los que permitan los niveles, sean correspondientes a la formación básica, media o terciaria y universitaria.

Hoy el patio, el salón, el centro de estudiantes, la cátedra, el pizarrón es una pantalla, son documentos PDF u otro formato que llega vía Internet, el contacto docente-alumno es a una hora establecida donde se enciende la computadora, eligiendo la plataforma adecuada, sale la clase.

Lograr todo esto requiere mucho más esfuerzo, afinar las estrategias, cumplir con los requisitos didácticos y pedagógicos, adecuar el tiempo y espacio.

Quién puede negar que se está transitando una de las crisis que ha afectado al mundo todo.

Todo está comprometido, y la educación, que de crisis, rupturas, modificaciones, avances y retrocesos sabe bastante, avanza en este panorama haciendo lo que sabe hacer: 

-Motivar el aprendizaje.

-Adecuarse al cambio.

-Estimular la creatividad.

-Afianzar la solidaridad.

-Pensar el futuro.

Los espacios educativos como el mundo, no serán los mismos.

Las aulas serán menos numerosas.

Se deberán edificar más edificios.

Tal vez no sean clases diarias.

Tal vez sean mixtas: presenciales/ virtuales.

En el mientras tanto el alumnado está en sus hogares. Manejando  las herramientas digitales con mucho más destreza que los mayores, pues ellos son la generación de estos dispositivos.

Ellos manejan con soltura mientras nosotros nos perdemos en este lenguaje técnico.

La cuestión a solucionar es: la desigualdad de oportunidades.

No todos tienen acceso a computadoras, notebooks, tablets o celulares para recibir las tareas.

Se debe achicar esa brecha injusta para que la marginación no sea el resultado.

Creí pertinente transcribir conceptos de una actividad organizada por CLACSO, la Universidad de Antioquía, la UNLP, además de centros asociados llamado ”Ciclo Internacional de conversatorios: educación y humanidad en tiempos de pandemia, perspectivas multisituadas”.

En esta primera conversación intervino Myriam Southwell (Directora Provincial de Educación Secundaria de la Pcia. de Buenos Aires y profesora de la UNLP).

Expuso “una vez más es necesario pensarnos como colectivo, aquellos que podamos ir generando para traspasar esta difícil situación y cómo volveremos después de ella y además pensarnos en un vínculo de mayor reciprocidad, de mayor reconocimiento colectivo”.

Destacó el rol de educadores y educadoras” reflexionar sobre las crisis, sobre las rupturas que se plantean en una situación como ésta a fin de permitir cierta idea de continuidad para que se haga posible; y en eso se juega una ética vinculada a la transmisión que nosotros encaramos en tanto educadores cotidianamente”

Y para finalizar:

Karina Batthyány(Secretaria ejecutiva de CLACSO)dijo “esta pandemia ha afectado a nivel mundial y en nuestra región la asistencia directa a los establecimientos. Este punto es particularmente interesante porque nos remite a una discusión que para quienes venimos de los estudios de género, discutimos la relación entre lo productivo y reproductivo, que se daba en las sociedades pre-industriales retornando a ese momento en el que todo se centra en un mismo espacio físico que es lehogar”.

“Esto además nos interroga sobre el agravamiento de los derechos educativos…] “¿Cuál es la importancia material y simbólica de la escuela? ¿Será que realmente podemos trasladar todo a los hogares y dónde quedó ese componente de interacción, ese componente material y simbólico asociado a la escuela?”.

Concluye con esta interpelación: “Que esta crisis sea también una oportunidad para pensar el acceso universal a los bienes comunes, dónde está la educación y dónde tiene un lugar destacado su defensa como bien común, es decir la educación pública para todos y todas”.