El conflicto de América con la Real Academia Española por el uso del lenguaje inclusivo. La emancipación está llegando.

Por Guillermo Espinosa Viale.

(Abogado / Master EU Jurista Lingüista)

La Real Academia Española se ha expedido respecto de los distintos modos en que “debe” emplearse el lenguaje “inclusivo”.

¿Qué opinaría el General Don José de San Martín si nos viera pidiéndole permiso a un grupo de españoles para hablar de tal o cual modo?

El latín vulgar que se hablaba concretamente en la provincia de Hispania durante el Imperio Romano se conoce como latín hispánico, que daría lugar a distintos dialectos peninsulares y estos evolucionaron en las lenguas que conviven actualmente en España: el castellano, el gallego, el asturleonés y el catalán.

La Real Academia Española, el último resquicio del imperialismo colonial español, nos dice que es, o que no es, nuestra lengua.

En la época de la emancipación latinoamericana, las entelequias “República Argentina” o “Provincias Unidas del Sur” no figuraban en el diccionario de la Real Academia Española (Fundada en 1713) y seguramente que la palabra “Borbón” tenía significados distintos entre las tropas de nuestra nación y las realistas. 

Detengámonos en el nombre de esta “asociación” de lingüistas:

Real: de realeza, dependiente del rey.

Academia: una sociedad literaria, científica o artística.

Española: Sometida a la soberanía de la corona de España.

Bibliografia:

Informe de la Real Academia Española sobre el lenguaje inclusivo y cuestiones conexas del 19 de marzo de 2020 de la RAE disponible en:

https://www.rae.es/sites/default/files/informe_190320.pdf

Cédula de creación de la RAE disponible en:

https://www.rae.es/sites/default/files/Cedula_real.pdf

En el momento de su fundación (1713), España estaba terminando la “Guerra de Sucesión” española (fin de la casa de Habsburgo Austríaca por fallecimiento sin heredero) que pondría a los “Borbones” (Felipe V de origen francés) en el trono español.

Así, esta parte del nombre de la RAE (española), no se refería a la “España” que conocemos hoy sino a la resultante de los tratados de Utrecht, el primero de los cuales, se firmó en abril de 1713 mientras que la fundación de la RAE data de Junio de 1713 y fue reconocida por el flamante rey Felipe V un año más tarde, el 4 de octubre de 1714.

Es claro que la creación de esta asociación (RAE) tuvo un efecto emancipatorio lingüístico del origen de la lengua latina hispánica, ya que desde su creación, ellos le dan el sentido a las palabras que se someten a su imperio y no reconocen otra fuente para el idioma.

El Rey, en la redacción de la Real Cédula que le da origen a la RAE dice textualmente que la institución se encuentra “aprobada, honrada y admitida bajo su real protección”

Luego el Rey (Felipe V de Borbón) ordenó crear el sello y los estatutos, orden que el director de la RAE cumplió. Y puestos el sello y los estatutos en manos de “su majestad” se sirvió dictar la cédula del 23/5/1714 en la que ordena “cultivar y fijar las voces y vocablos de la lengua castellana” “y aplicar todos los métodos que puedan conducir… al mayor lustre de la Nación Española…”

Autorizando la selección de vocablos y frases para poner la lengua Castellana en su mayor propiedad y pureza.

Fue recién unos doscientos años más tarde, mediante la dictadura franquista que la población del estado pluricultural de España, fue forzada a adoptar la lengua bautizada por el régimen como “español”.

En ese territorio, antes de la dictadura de Franco se hablaban las siguientes lenguas: Catalán, Valenciano, Euzkera (el único que no es de origen latino), Gallego y Castellano entre otras.

Luego la imposición “nacionalista” de Franco, prohibió lisa y llanamente (sin dejar rastro escrito de la prohibición) hablar otra lengua que no fuera el llamado “español”.

“…”¡Hay que decir español y no castellano! El español es la lengua de todos. Se ha transformado en la lengua de España”, sentenciaba Manuel Fraga en una entrevista del año 1967. Era una época en que la consigna para no tener problemas con el régimen, en palabras del periodista Luis de Galinsoga, consistía en: “Pensar como Franco, sentir como Franco y hablar como Franco, que hablando en el idioma nacional, ha impuesto su victoria”…” [1]

Así deberíamos definir si hablamos “español” que es el nombre que Franco le dio a la lengua latina castellanizada para imponerla por la fuerza a todos los pueblos de la España Franquista o simplemente el latín, con sus evoluciones locales en todo el mundo, que no son otra cosa que lenguas romances con nombres relacionados con los pueblos que las hablan.

Si quisiéramos ser muy precisos lingüísticamente deberíamos asumir que en Francia se habla el “romance o latín francés”, en España “el romance o latín español” y así en Portugal, Italia, etc.

Como se decía en la antigüedad “romanice loqui” que significa hablar en romano que es distinto de “latin loqui” que era hablar el latín original (medieval).

Todos los pueblos romances, aun la propia “Roma” estamos hoy “romanice loqui” (hablando romano y no latin) y por esta razón se nos llama los pueblos “romances” palabra derivada de “romanice” que es el “romano” que hablamos todavía.


(Penelo, 2009)

Es decir, los estados nación le fueron dando al latín, su “perfil” y “nombre” local.

Asi en la historia de la formación de la lengua de Hispania se ve el origen latino influenciado por el árabe, el berebere, y otras varias lenguas.

¿Y por qué deberíamos privarnos nosotros, los estados nación de américa latina de darle a nuestras lenguas locales el nombre de nuestros países o de nuestra gran nación latina?

¿Por que motivo seguimos dándole obediencia a la casa de los Borbones? (el rey actual es Felipe VI Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia)

Aquí podemos ver al Rey Felipe VI de Borbón y Grecia, acompañado de su esposa, la reina, presidiendo la asamblea de la RAE.

(foto: RAE en https://www.flickr.com/photos/raeinforma/albums/72157714105583418)

Y en estas fotos podemos ver que su participación no es sólo “decorativa”, en esta, la primera se ve que tienen la posibilidad de ser vistos y escuchados por los miembros

(foto: RAE en https://www.flickr.com/photos/raeinforma/albums/72157714105583418)

Y aquí en la segunda foto se lo ve participando activamente de las conversaciones

(foto: RAE en https://www.flickr.com/photos/raeinforma/albums/72157714105583418)

Concretamente, su imperio sobre la RAE (y sobre los pueblos que se someten a las directivas de la misma) es evidente, y nunca concluyó oficialmente.

En América:

Tal como lo hicieron en Hispania los pueblos locales en 1713 o en Franquia el famoso cardenal Richellieu en 1634-1635, los pueblos de América nos hemos ganado la libertad, el derecho y la responsabilidad histórica de hacer nuestra emancipación lingüística y cultural.

Se podría postular la idea del idioma “latín americano” o “romano americano” para no cumplir el sueño español/borbón de una américa dividida con fronteras diseñadas en Madrid.

O en sentido positivo, para cumplir el sueño de nuestros libertadores que soñaron la “Patria Grande” en virtud de nuestra gran nación latina.

Esta nación que está conformada por habitantes de un mismo suelo, con una misma lengua o raíz lingüística, con una clara comunidad de intereses económicos en virtud de la similitud y complementariedad de nuestros territorios que abarcan todos los climas y geografías posibles, con una diversidad cultural que encuentra puntos de unión en el interés de desprenderse del imperio español y de cualquier otro imperio y que es reconocida por todos los pueblos locales, permitiendo el florecimiento de la misma y valorizando ese crisol.

Podríamos ir más lejos, y mejorar incorporando Brasil a esos sueños por obra de la emancipación lingüística de los pueblos latinos-romances en América.

O podríamos pensar que hablamos el “Latino (o Romano) Argentino” y ser menos ambiciosos en nuestros sueños de emancipación.

De lo que no hay duda, es que deberíamos fundar la Gran Academia Americana de la Lengua y ser libres.

No más obediencia a ninguna “Realeza” ni del Rey de España ni de ninguna monarquía, porque América es “zona libre de monarcas” y nos hemos ganado esta libertad a sangre y fuego desde Ushuaia hasta Alaska.

Cualquier idea resulta más agradable que pensar que hablamos la lengua de un imperio, que nos dejó marcada la esclavitud en cada palabra que dijéramos, al que muchos latinoamericanos convocan con presura a suplicarle latigazos para cualquiera que tenga el atrevimiento de dejarla crecer, cambiar o evolucionar en nuestro territorio de modo distinto al que autoriza la metrópoli.

Si se nos da por usar la “e” o la “@” o la “x” para designar la “generalidad de género”, somos libres de hacerlo.

La RAE, hace más de doscientos años que no tiene soberanía para opinar como debemos hablar en nuestro territorio los latinos de américa.

Solo podrá escuchar al pueblo más numeroso del mundo que le da vida a esta lengua, y actualizar sus modos si quiere hablar nuestro idioma.