El coro mediático agita el fantasma de la interna en el oficialismo

Gentileza de COMUNA

Los resultados magros de las maniobras para hacer decaer el apoyo al Presidente y su gestión hicieron retroceder la estrategia editorial a los ataques a Cristina Kirchner, con el telón de fondo de la negociación de la deuda externa. Entre Clarín y La Nación apilaron en una semana más de veinte notas firmadas con la única finalidad de darle centralidad a la Vicepresidenta, demonizada en los mismos términos que se arrastran por más de una década.

   Son aislados los intentos que sobreviven hasta el domingo 10 de mayo por hablar de una supuesta caída de la imagen de Alberto Fernández y su margen cada vez más estrecho, como decían, para gobernar. Incluso se filtran datos de que el apoyo a la gestión sigue siendo muy elevado, pese a las angustias económicas en expansión.

   Así, se fueron diluyendo las operaciones para ponerlo al Presidente al menos como cómplice del “plan K” de supuesta liberación masiva de presos, también de la mano de la frustración por la adhesión imperceptible a los últimos caceroleos y el fracaso estrepitoso de la cruzada contra el comunismo.

   Los hechos, como que fueron decisiones judiciales y no del Ejecutivo Nacional y bonaerense las que dispusieron y luego intentaron corregir la prisión domiciliaria de presos peligrosos, tienen el efecto de una cierta dispersión en el escuadrón mediático respecto del Presidente, de modo que el blanco a mano vuelve a ser otra vez Cristina Kirchner y el kirchnerismo. Parece evidente una cierta exasperación con esta deriva, hasta llegar al paroxismo de Clarín el domingo 10, cuando en su versión en línea tenía por la mañana los cinco primeros títulos, uno detrás de otro, destinados a la guerra contra la Vicepresidenta.

   La pelea por la plata se concentra obviamente en el tema de la deuda. Al ministro Guzmán los redactores le encontraron un problema: Cristina Kirchner lo apoya plenamente, lo cual lo pone del lado maldito de la política, de la vida y de la historia. Pero el reclamo editorial de fondo es el mismo: que el Gobierno mejore la oferta hecha por el ministro y evite el default, que para el jefe de redacción de Clarín, Kirschbaum, mostraría un “caso terminal de incompetencia”, mientras para Morales Solá, de La Nación, sería “vergonzoso”. Ambos “analistas” le reprochan al ministro no mostrar el plan económico, que es el delito capital, porque lo que ellos quieren, a nombre de los bonistas para los que escriben, es decidir la política económica que preservará sus intereses.

   En La Nación, Carlos Pagni venía diferenciándose de los epítetos contra Guzmán: publicó varias veces que la oferta a los acreedores no fue mala y que, con unas mejoras, el acuerdo es posible. Sin embargo, el jueves lo atacó por haber incluido una previsión que le permite modificar la cantidad necesaria de bonistas para dar por aprobada una propuesta. Esto, dijo, puede desembocar en litigio en el fuero ad hoc que los acreedores tienen en Nueva York y, además, “desmiente la buena fe” argentina.

   Con estas negociaciones abiertas, el coro mediático repite enunciados y descalificaciones contra el kirchnerismo, nada muy diferente a lo que viene publicando desde 2007 y con más enjundia desde 2009. Es un despliegue muy repetido y en el que casi no hay matices, salvo el que el domingo logró Rodríguez Yebra, de La Nación. En efecto, frente al recitado unánime sobre el “avance K” en el gobierno, por la designación en la ANSES de Fernanda Raverta (atacada en ese diario con recursos clásicos del macartismo), este columnista se permitió recordar que también el titular reemplazado, Vanoli, era considerado “tropa K”.

   Desmañadas las afirmaciones sobre el decaimiento del Presidente, pese a alguna insistencia aislada en esta expresión de deseos, como la que publica el domingo Van der Kooy, en Clarín, estos días de cierto desconcierto del periodismo guerrero deja algunos hitos memorables.

   Lunes 4: Clarín intenta quebrar a Rodríguez Larreta con la versión de que en su propio gobierno se impulsa la estrategia del contagio masivo del coronavirus, en lugar de la prevención. La operación duró “solo” 24 horas y puede considerarse como un servicio a los grupos más extremistas del macrismo.

   Miércoles 6: Van der Kooy acaricia el clasismo más atroz cuando habla de la gravedad de la situación de salud en los barrios más pobres de la ciudad y confiesa lo que a él y sus mandantes les importa: “resulta imposible aislar esos asentamientos que lindan, además, con barrios importantes”. ¿Un ejemplo? Recoleta, tipeó.

   Miércoles 6: La Nación convierte en noticia una serie de mensajes de una supuesta usuaria de Twitter. Esta persona, con el nombre “Ivana banana”, recita el manual garca que se repite desde que Mitre creó el diario: el pobre puede superar la pobreza con esfuerzo y volverse decente, achiquemos el Estado, inseguridad, etc. La “noticia” siguió en primer plano hasta el día siguiente. ¿Qué diría el padre fundador de este lastimoso recurso periodístico? Como dijo un oyente de AM 530, hay que recordar que “en La Nación escribía hace un siglo Rubén Darío, pero ahora escribe Luis Majul”.

   Jueves 7: Sirvén busca confirmarse como el extremista estrella de su diario, cuando habla de un Presidente “con más de una cara” y que evoca “ligeramente” la novela “El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde”, de Stevenson. Es decir, el científico que se convierte en “peligroso energúmeno”. Son pavoneos literarios para la vieja costumbre de insultar.

   Viernes 8: ¿Cuándo empezó el drama de esta deuda externa? OBVIO: “comenzó a escribirse en las PASO de agosto de 2019”. Es decir, ganó el peronismo y empezaron los problemas.

   Viernes 8: Un dibujito pone al Presidente y la Vice enfrentándose con espadas en mano. Abajo, Suppo teclea que “el kirchnerismo amenaza con abrir una grieta política”, e inmediatamente afirma que esa brecha “ya divide al oficialismo”. Algo así como pronosticar el futuro y convertirlo en el presente. Solo digerible por esclavos mediáticos.

   Sábado 9: Al capitán Beto parece que al menos por ahora no le entran los misiles, y entonces la culpa es de los argentinos, escribió Roa en Clarín, porque están “embobados” con la cuarentena.