El día que la plaza volvió a latir

Por Jorge Giles

Esta vez cabían todas las almas buenas en la Plaza y sus alrededores. Estar allí fue estar en las entrañas del pueblo y de la historia. 

Las voces festejaban como si recuperaran a un sueño secuestrado durante cuatro años. Todos y todas esperaban la palabra de Alberto y de Cristina. Nadie se movía del lugar. Centenares de miles de personas fueron a encontrarse con su propio destino. 

Alguien recuerda aquella despedida de Cristina el 9 de diciembre de 2015. Y a coro le responden: “parece que fue ayer y fue hace un siglo”. 

Estaban los que perdieron el trabajo. Los que a duras penas siguen estudiando. Los que estuvieron a punto de exiliarse porque no se aguanta más. Los que son peronistas de la primera hora. Los que no lo son, pero igual cantan la marcha con la misma pasión. Están todos los que fueron agredidos. 

“No te olvides de este día”, le dice una madre a su pequeña hija, como si le entregara una brújula para no perdernos nunca más. Conmueve andar por el interior profundo de esa masa de pueblo. Pero también conmueven sus alrededores. Cada vagón del subte que llega a las cercanías, es una unidad básica cantando las consignas de la plaza. Conmueven los jóvenes, amplia mayoría etaria, que sin marchar encuadrados en ninguna columna, cantan con orgullo a la resistencia, junto a Néstor y Cristina y somos de la gloriosa juventud peronista y a pesar de las bombas y los fusilamientos, los compañeros muertos y los desaparecidos, no nos han vencido. “Alberto, Cristina, América Latina”. Vi cantar a un pibe de unos quince años esta consigna y no pude evitar un lagrimón de orgullo. Cuando una Juana Azurduy cruzó la plaza con su caballo, la brisa de la historia nos acarició la tarde. 

Esta plaza resume la nueva relación de fuerzas en el país real de los argentinos. Este es el piso. Desde esta conciencia colectiva arranca el gobierno del presidente Alberto Fernández. 

La multitud se mueve como un gigante ilustre que volvió a ocupar su lugar en la historia. “Esta vez no nos vamos más”, me dice un compañero del que no se su nombre pero sí su origen y su destino; igual al mío. Abundan los carteles caseros con una sola palabra: “Volvimos”. Ni un incidente. Ni una palabra de odio. Ningún gesto de revancha. Todo es amor y más amor. Un sentimiento que esta vez vale doble por haber sufrido la adversidad de la persecución del estado neoliberal. Nuestro amor pasó todas las pruebas.  

Esta plaza es la demostración de un nivel de conciencia, de compromiso, unidad y organización que expresa la justa medida de la identidad argentina en este siglo 21. Debieran tomar nota los golpistas y mercenarios que merodean por el vecindario. La amalgama nacional y popular que construyó Cristina, se identifica plenamente y sin fisuras con Alberto. La unidad alcanzada es un bien sagrado e intocable. Que nadie se atreva a ponerla en dudas, jamás. 

No fue un festejo más por la asunción de un nuevo gobierno. Fue un salto a esa luna grandota que brillaba en el cielo de la plaza. Esa es la dimensión de esta victoria. 

Al regresar, tarde, la multitud seguía reproduciéndose en parcelas con sus consignas y canciones. Se reafirmó una verdad absoluta: no hay mayor alegría que la alegría política de un pueblo que avanza al trotecito, seguro de lo que quiere y defiende. 

Volvimos. Que nadie se olvide de esta plaza como punto de partida de algo maravilloso que empezamos hoy. Y para siempre. 

Que así sea.