Por Daniel Ezcurra ·

Las redes sociales permitieron exteriorizar al fascista que una parte de nuestros compatriotas tenían arrinconado en el closet de lo políticamente correcto.
Anteriormente, la presión social de una opinión pública movilizada recluía al ámbito de lo privado esas opiniones. Pero hoy cuando las redes tienen la capacidad de hacer público lo privado afloran, con más o menos anonimato, poniéndole carne a un sentido común conservador que estaba allí oculto y afilando sus armas.

Por eso las más brutales son las más seguidas y festejadas.

Una sociedad arrojada a la incertidumbre que produce la desigualdad es su mejor caldo de cultivo. Ya se sabe: el miedo a perder lo conseguido o a no conseguir lo deseado genera odio que a su vez es el alimento de la violencia.

Este gobierno, leyendo cabalmente a la sociedad de su tiempo, tiene la capacidad de convertir ese miedo, ese odio y esa violencia en propuesta política.

En todos los tiempos la violencia tranquilizadora necesitó un chivo expiatorio. Un conjunto social real o imaginario al que castigar para “volver la sociedad a sus cauces”. No decimos nada nuevo recordando que los medios y las redes construyeron a “Los K que se robaron todo” como la primera víctima propiciatoria.

Pero los “K”, strictu sensu, no son solamente los dirigentes, militantes y funcionarios kirchneristas sino que en esa construcción están representados “los vagos que cobran planes y no trabajan”, “las que se embarazan para cobrar la asignación”, “los extranjeros a los que se les abrió las puertas para que nos roben el trabajo y además vengan a delinquir” “los que querían seguir con la fiesta de los servicios baratos”, “los que cortan rutas y hacen paros”, “los de los derechos humanos que defienden a los ladrones”, “los que viven de mis impuestos” etc.

Quién así mira la realidad, siente que está irremediablemente rodeado por esa “turba sub-humana” que quiere robarle la posibilidad de progresar a través de su propio esfuerzo.

Y allí están las redes sociales (con la seguridad que brinda la distancia virtual) para vomitar su desprecio y Cambiemos para sentirse reflejado y representado en la parte “sana” y triunfadora de nuestra sociedad.

Pero ese fascista que sale del closet, no lo es en sentido doctrinario, sino que es un ciudadano portador de un sentido común conservador que tiene miedo. Nunca más actual aquella máxima que reza; “no hay peor fascista que un burgués asustado”.

Ese miedo y esa incertidumbre que permitieron sentir al Golpe de 1976 como un momento de alivio… hoy hacen deseable la institucionalización del gatillo fácil y la mano dura que proponen Patricia Bullrich Luro Pueyrredón y Mauricio Macri.

Venimos insistiendo en la necesidad de proponer una idea de orden. La incertidumbre llama al orden y si no somos capaces de plasmarlo nosotros; lo construirán ellos profundizando la violencia y la desigualdad.

Por otra parte tenemos que arrinconar al fascismo saliendo a las calles con masividad e inteligencia, porque no se trata sólo de tener razón sino de construir la fuerza social para que esa razón prevalezca.