El fiscal está desnudo

Por Jorge Giles

Allí los tenéis: en bolas y a los gritos. Filmados. Grabados. Desaforados. Desubicados. Atildados. Contaminados. Corrompidos hasta la médula. Corrompedores a destajo. Chantas de cuarta, pero con poder mediático. Y aun así, no es lo peor de esos que gobiernan, esos que reprimen, esos que hambrean, esos que persiguen y encarcelan.  

Lo peor que provocan desde el gobierno del FMI y los medios dominantes, es el compatriota jubilado comiendo de la basura. Lo peor de lo peor de su modelo económico agotado es la madre con sus hijos en situación de calle. Lo peor que están dejando son los cientos de miles de trabajadores despedidos y sin futuro de trabajo en lo inmediato. Lo peor es este FMI que nos trajeron de vuelta para endeudarnos, para desangrarnos, para hambrearnos, para colonizarnos.

Pero allí los tenéis, con el culo sucio a la intemperie. Hediondos, malolientes, mentirosos, cínicos, hipócritas, ladronzuelos de ilusiones que ellos mismos vendieron en campaña. “No somos todos iguales”, gritaba enfurecido Marcos Peña a la oposición en sesión parlamentaria. Menos mal que no somos iguales. Porque son muchos, muchísimos, los que, con sus aciertos y errores, virtudes y defectos, honran con su conducta la memoria de los mejores hijos e hijas de este pueblo.  

Yo me muero como viví, como viví, como viví, canta el poeta Silvio Rodríguez. Y cantamos nosotros con él.

Siendo defensores de esta democracia tan flojita de papeles, pero democracia al fin, no es en vano afirmar que hay un modus operandi de la última dictadura cívico-militar que sí  está injertado en el proceso político actual. Dicho de otro modo: esta democracia que conquistamos con sangre, sudor y lágrimas, tiene componentes de la dictadura.

Repasemos juntos.

Las cárceles de la dictadura estaban repletas de hombres y mujeres sin pena ni proceso judicial alguno. ¿Igual que ahora o no? 

Eran muchos los empresarios nacionales que habían sido despojados de sus bienes y  de su patrimonio, mientras pasaban sus días y sus noches angustiados en los calabozos sin saber porqué motivo los secuestraron, los torturaron y los obligaron a firmar papeles que no eran otra cosa que la entrega lisa y llana de su pequeña o mediana fortuna conseguida a fuerza de trabajo durante toda una vida. ¿Igual que ahora o no? 

De todos ellos, algunos de los llamados “presos económicos” finalmente decidían conceder al apriete de ser declarados “arrepentidos” a cambio de evitar males mayores para ellos y sus familiares. ¿Igual que ahora o no? 

Era el gobierno de la Sociedad Rural, del FMI, de los Ceos, del endeudamiento feroz, de la política de hambre, de las importaciones, de la muerte de la industria nacional. ¿Igual que ahora o no?

Como se apreciará, no hay nada nuevo bajo el sol.   

Pero insistimos: hoy lo peor es el plan de ajuste y los tarifazos que caen como metralla sobre la mesa de los humildes y los no tan humildes. Y lo peor es volver a ser el país mitrista que en el siglo 19 masacró el Paraguay y hoy pretende ayudar a masacrar a otro país hermano: Venezuela. Lo peor es la caída vertical de la industria nacional en un 15% y los 200 mil laburantes despedidos y los 13 millones de pobres registrados y los 100 comercios que se cierran por día. Lo peor es que el salario real cayó en los tres últimos años de 10 a 15% de su poder adquisitivo, mientras que la electricidad aumentó su costo en 3.200%.

Mucho nos dolieron y nos seguirán doliendo los compatriotas asesinados, desaparecidos, prisioneros, torturados, perseguidos, exiliados, censurados de la última dictadura. Pero bien decía Walsh, que lo peor era la política de hambre y de entrega que imponían a costa de esos dolores.

Salvando las distancias con aquella noche oscura de la dictadura, diremos finalmente, que si al despojo financiero, económico y corrupto del que hoy somos víctimas los argentinos, si a la corrupción mafiosa infectada en el aparato judicial que saltó a la luz con el caso del fiscal  Stornelli, si a estas podredumbres, la política, en toda su dimensión, no le sale al cruce frontal, democrática y masivamente, este amado país se va definitivamente a la mierda. ¡Ay patria mía!

No se espera que se anuncien sólo candidaturas. Lo que espera la sociedad en su mayoría  es que la oposición política anuncie un plan de lucha integral de inmediato, en lo parlamentario, en lo judicial, en lo internacional, en lo social, en lo sindical. Ojalá que vuelva la cordura y no lleguemos tarde a la cita con la historia.

Y ojo que en el cementerio no hay inflación, pero tampoco hay  victorias.   

Que así sea.