El golpe ha fracasado;
el golpismo, no

Por Jorge Giles ·

Venezuela es la última estación de la ofensiva neoliberal en el continente. Los bastiones de la Patria Grande fueron cayendo uno a uno en los últimos tres años. Salvo Bolivia. Salvo el México de López Obrador. Salvo Venezuela.

En Caracas no se juega tan sólo el destino del presidente Nicolás Maduro ni del chavismo gobernante. Se juega allí el destino de todo el continente latinoamericano.

Mientras las horas pasan crece la certidumbre de que el golpe antidemocrático ha fracasado. Ahora bien, como el golpismo es inherente a la derecha facciosa e intolerante, nadie baja la guardia.    

Pero nos interesa analizar las variadas posiciones que la dirigencia política argentina ha tomado ante este nuevo episodio dramático en la región.

De un lado, el gobierno argentino, los grandes medios hegemónicos y la dirigencia de la  centro derecha apoyando el intento de golpe. Descollaron Macri, Massa, Picheto y Urtubey.

Del otro, la dirigencia del peronismo y Unidad Ciudadana, dirigentes sindicales y el amplio arco político y social de la centro izquierda, condenando el intento golpista y la injerencia extranjera.

¿Es Maduro el punto de discordia? No. Definitivamente, no. Se podrá apoyar o criticar al gobierno de Maduro. Lo que se puso en juego es el apego a los valores de la democracia, la paz y la soberanía en el continente. Se pone en juego la estabilidad política y social en Venezuela y en la región toda. Y se pone en juego el lugar de Argentina en el mundo.

Venezuela es gobernada por un Presidente surgido del voto popular en comicios que contaron con el certificado de transparencia otorgado por prestigiosas personalidades mundiales de distintos signos. Dos nombres alcanzan para ilustrarnos mejor: el ex presidente español, Rodríguez Zapatero y el ex presidente de los EE.UU., Jimmy Carter, ponderaron el sistema electoral de Venezuela como modelo ejemplar para todo el mundo.

Compitieron cinco listas electorales, la que encabezó Maduro y otras cuatro de su oposición. El nivel de ausentismo rondó el 35 % del electorado, cuando en los EE.UU. ronda regularmente el 50 %. ¡Ey! ¿Acaso se pretende sentar una nueva doctrina de “legitimidad” del voto que hoy justifica un golpe contra Maduro y mañana podría justificar un golpe contra Trump, por ejemplo? Ridículos.

Sigamos analizando.

Argentina tiene una larga tradición de no injerencia en los asuntos internos de otros países, de respeto a la autodeterminación de los pueblos, de defensa irrestricta al principio de territorialidad de las naciones, del valor de la soberanía y del principio de respeto al valor de la paz y el diálogo como fuentes esenciales del sistema democrático.

Esto fue así con los presidentes Hipólito Yrigoyen, con Juan Domingo Perón, con Arturo Illia, con Raúl Alfonsín, con Néstor y Cristina Kirchner. De esa política exterior soberana los argentinos nos sentimos orgullosos.

Por el contrario, la guerra mitrista de la Triple Alianza contra el hermano Paraguay, las “relaciones carnales” con el Imperio británico a principios del siglo XX y con los EE.UU a finales de ese mismo siglo, siguen siendo nuestra mayor vergüenza y deshonor. A ese pasado, nunca más.

En consecuencia: ¿con qué cara los dirigentes de Cambiemos, particularmente los dirigentes radicales y los dirigentes que se dicen “peronistas” avalan la violación de esos principios sagrados de nuestra constitucionalidad como argentinos y como demócratas?

¿No son conscientes que su servilismo delivery pone en riesgo las relaciones diplomáticas y comerciales con China y Rusia?

¿Y no saben que con esas potencias emergentes la Argentina tiene intereses complementarios pero no los tiene con los EE.UU.?

Si alimentamos el fuego, el incendio nos devorará a todos. Hay que parar ese juego siniestro de la derecha belicista.

Uno debería esperar que a tanta insensatez, a tanta mediocridad publicitada, a tanta irresponsabilidad gobernante, los hombres y las mujeres de la democracia estén a la altura de la historia y de las circunstancias. Si así no fuere, que la patria y el pueblo los juzgue cuando llegue la hora de la verdad.

En política se gana y se pierde, está en la naturaleza del devenir histórico de los pueblos. Lo que no debe naturalizarse es la felonía de los dirigentes. No hemos arado en el mar cuando decidimos ser Patria y no ser colonia. Claro que hay que acumular fuerzas en unidad para dejar atrás esta oscuridad. Claro que hay que recuperar el gobierno. Claro que hay que recuperar derechos. Pero sin dejar las convicciones en la puerta de ninguna embajada, por poderosa que fuera.   

Que así sea.