EL ROL POLÍTICO DOCENTE

Por: Melina Palópolo – Profesora de primaria. Estudiante de Comunicación Pública y Política. Cofundadora de REEDUCAR

Desde los medios de comunicación masivos y desde una gran parte de la sociedad escuchamos decir, en reiteradas oportunidades – en especial cuando llega el momento de las paritarias docentes o cuando sucede alguna restricción de derechos en los sectores más desprotegidos de la sociedad –, que “hacer política” dentro de la escuela está mal, que un docente sólo debe dedicarse a enseñar, que enseñar la ESI es enseñar “ideologías de género”, que nada tiene que ver el rol del docente con lo que sucede fuera de la escuela, que el docente sólo se tiene que encargar de que sus alumnos aprendan los contenidos y lograr que, por lo menos, la gran mayoría de los estudiantes promuevan de año. Bueno, a quienes reproducen estas ideas como máximas, a quienes sólo explican los contenidos y “nada más”, a quienes enseñan la sexualidad desde una perspectiva biologicista – por más de que exista la ley 26.150 –, a quienes no se involucran con la realidad y las trayectorias de sus estudiantes, quiero decirles, que muy a su pesar, están haciendo y hablando de política. 

Cuando comenzamos el profesorado, aún antes de haber entrado a un aula siquiera, nos encontramos con textos de diferentes autores que nos hablan del rol docente. Los hay variados, y se enmarcan dentro de diferentes teorías académicas. Podes ser tanto un mediador y un guía entre el estudiante y el contenido, o sólo creer que son recipientes vacíos que deben llenarse de información. Podes pensar tu práctica docente como generadora de pensamientos críticos o que tus estudiantes se encarguen de memorizar y repetir los contenidos. Podes pararte delante de un aula y pensar en las trayectorias escolares de cada uno o pensar que el punto de partida de todo el curso es el mismo a la hora de aprender. Todas, y cualquiera de éstas, son decisiones políticas.

Las propuestas pedagógicas que llevemos adelante los docentes debemos entenderlas como decisiones formadoras de sentido, con todo lo que eso implica. Entender a la educación en estrecha, y compleja, relación con la política es pensar que todo acto educativo es un acto político que no tiene que ver con lo partidario, sino con lo ideológico. Para ser más clara y poniendo un ejemplo muy absurdo y dejando de lado lo prescriptivo del diseño curricular, si yo decidiera –por el motivo que sea – no enseñarle a mis alumnos a sumar, además de tomar una decisión pedagógica estoy tomando la decisión política de que mis alumnos no deben aprender esa operación algebraica porque no es relevante. En cambio, si decidiera enseñarla y pensara cómo y de qué manera es mejor para cada estudiante, ya que entiendo que dentro del conjunto existen individualidades, también estoy tomando una decisión política que se verá reflejada en las herramientas con las que cuenten en su vida. 

Con esto no quiero dejar de lado, ni restarle importancia y responsabilidad al rol que tiene el Estado tanto en la formación de los docentes, como a la hora de generar, promulgar y posibilitar que se lleven adelante los procesos educativos. De nada sirve nuestro trabajo sin un Estado que acompañe, y viceversa. Podemos tener toda la voluntad de querer que todos los estudiantes hoy sigan educándose, pero sin la posibilidad de conectarse a algún dispositivo o si no tienen alcance a los cuadernillos, resulta imposible.

La pandemia producida por el COVID 19, rompió las estructuras del tiempo y el espacio de la escolaridad como era conocida. Las prácticas y cuestiones educativas de la escuela moderna que estaban tan naturalizadas y arraigadas, tuvieron que rápidamente revisarse y re pensarse, y con ellas, el rol docente. La construcción de un nuevo proceso de escolarización trae como consecuencia inexorable volver a pensar nuestro accionar político docente y profesional, y coincidir con la idea que la tarea docente está nutrida de responsabilidades políticas, diversos conocimientos y sensibilidad por los otros, en contraposición con la idea de vocación docente entendida como un don personal.

Creo importante y necesario, para la construcción colectiva de nuevos e innovadores procesos de escolaridad, entender, dar la discusión y generar certezas sobre el rol profesional del docente desde una dimensión política donde las prácticas educativas sean solidarias, incluyan derechos, busquen generar pensamientos críticos, favorezcan la participación, beneficien los cambios y la democratización de las instituciones y de la sociedad en la que vivimos.