El tamaño de la victoria

Jorge Giles ·

La misma noche del 27 de octubre, esta columna sostenía que el tamaño de la victoria del Frente de Todos debía entenderse en clave latinoamericana.

O resignarse a no entender el proceso dinámico y veloz que vive la región, con los costos letales que ello supondría.

El inmediato viaje del presidente electo Alberto Fernández a México, nos puso muy felices. Como felices fuimos al escuchar sus declaraciones de solidaridad plena con la libertad de Lula y con las heroicas luchas del pueblo de Ecuador y Chile contra el neoliberalismo.

Por aquí pasa la cuestión. Por la reconstrucción de la Patria Grande. Por la unidad de nuestros pueblos. Por el restablecimiento de lazos económicos firmes entre nuestros respectivos países.

Es que no hay masa crítica de cabotaje capaz de sostener un proyecto de transformación política por sí sola. Si algo caracteriza a este tiempo, es la necesidad de actuar en bloque, nunca solos.

El peronismo tiene sus orígenes en ese concepto, está en su naturaleza; por eso el nuevo presidente trajina el territorio continental en la certeza que sólo desde la unidad latinoamericana se podrá romper el cerco internacional que impone un modelo neoliberal que si bien está agotado, demuestra que su capacidad de daño está intacta.  

Argentina sigue sufriendo esa capacidad de daño. Las hordas gobernantes están dejando tierra arrasada antes de marcharse. Aumentan tarifas y precios de los alimentos. Comprometen con deudas maliciosas al próximo gobierno. Castigan a la población mientras inventan un relato final propio del desvarío.

La justicia deberá poner en caja, más temprano que tarde, a los responsables directos e indirectos de tanta felonía. Pero mientras tanto, hay que denunciar con altavoces semejante latrocinio. No pueden irse mintiendo, ajustando, empobreciendo, hambreando, fugando deudas, entregando la soberanía sin ser señalados como lo que fueron y son en su minuto final de gobierno.

Todo lo que se denuncie hoy, mañana será el hilo de Ariadna del campo popular.

Ojala se construya una suerte de museo del neoliberalismo donde se expongan estas maldades que nos dejan. ¿Para qué serviría? Para que nadie olvide. Para que la memoria no se esfume. Para que las nuevas generaciones sepan y recuerden el daño que han causado las políticas neoliberales cada vez que gobernaron, así en dictadura, así en democracia.

La sociedad en su conjunto deberá ser interpelada por ella misma.

¿Porque esta vez llegaron al gobierno con el voto y ese voto cómplice de la destrucción, sigue estando allí, en estado latente?

Esta derecha, tan salvaje como mediocre, representa lo peor de nuestra historia y está en operaciones. Seguirá disputando el sentido común utilizando el arsenal poderoso, económico, mediático, del que disponen y seguirán disponiendo.

No habrá primavera esta vez. Lamentamos la crudeza. Pero ante un enemigo del pueblo que no duda en mentir y atacar tan alevosamente a los sectores populares, habrá que estar con la guardia en alto para desmontar cada operación política falaz. Y habrá que cuidar la unidad popular como un valor estratégico. Y no creerle a los grandes medios ni un tantito así.

El tamaño de la victoria se mide por el 48,24% obtenido en las urnas y el aplastante triunfo por más de 8 puntos de ventaja. Con ese volumen habrá que emprender la reconstrucción del  país. Y eso se hace cambiando el sentido de los vientos desde el primer día de gobierno popular.

Eso se llama crear un nuevo sentido común basado en el amor y la igualdad.

Que así sea.