Es la economía, estúpido

Por Martina Lorenzutti ·

“Es la economía, estúpido” fue una frase utilizada por James Carville, responsable de la campaña de Bill Clinton contra George H. Bush en 1992 y que lo ayudó a catapultarse hacia la Casa Blanca. En esos tiempos la economía estadounidense atravesaba una etapa de recesión, y aunque la aprobación a Bush padre llegaba al 80%, finalmente fue derrotado en las urnas por el demócrata.

Esta máxima histórica debería ser tomada en cuenta en el manual duranbarbiano y además dejar de considerar al electorado como niños de 5 años. ¿Qué significa esto? Que los pueblos no solo eligen por determinadas variables, sino que el estado de bienestar es algo muy apreciado. En el caso de los norteamericanos, tuvo mas peso “el sueño americano” que lo netamente político.

En un escenario altamente conflictivo como el que estamos atravesando, muchos se preguntan que influirá más en el ánimo de la población para elegir quien nos conduzca en el futuro: el bombardeo mediático que pretende hacernos creer que “estamos mal, pero vamos bien” o la heladera vacía. Un dilema que no podremos resolver hasta octubre.

Con factores económicos donde la recesión y la inflación ingobernables se extienden como una mancha venenosa y con un gobierno ciego que parece no darse cuenta del grave daño que está provocando de forma directa sobre la población, la nula carencia de logros para destacar en la campaña es más que evidente. Según dichos del presidente, Mauricio Macri: el mundo lo felicita por su gestión. Sin embargo un artículo publicado por Forbes, la prestigiosa revista del mundo empresario, y que titula “Radiografía de una economía que está al borde del colapso”, parece desmentir al mandatario.

En el Congreso Provincial del Partido Justicialista que se desarrolló hace unos días en La Matanza, Agencia Timón pudo dialogar con la diputada nacional y economista Fernanda Vallejos, quien en referencia al gobierno de Cambiemos expresó: “Están saqueando la economía, han desregulado todo porque han dejado todo a la voluntad del mercado, particularmente del mercado financiero y con una voracidad irrefrenable, se han fugado todos los dólares de nuestra economía”.

Con un poder adquisitivo cada vez más en retroceso donde los salarios perdieron 66,4 puntos con respecto a la inflación y en un país donde 1 litro de leche cuesta casi 50 pesos, con un dólar que está llegando a los $44, y donde ya se están vendiendo contratos de dólar a futuro por $60, el panorama parece ser cada vez más desalentador. Mientras tanto, el Ministro de Producción, Dante Sica no encuentra motivo alguno de preocupación por la posible escalada del dólar y ante la perspectiva de una nueva corrida cambiaria, como la que se produjo en abril del año pasado.

Una nación que alguna vez fue soberana, con un gobierno al cual el FMI le exige la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central para quitarle la facultad de financiar al Tesoro y para ponerlo de rodillas al servicio del interés financiero. Con tasas de interés bancario de casi un 60% y la apertura indiscriminada de las importaciones, que junto con el gran negocio para unos pocos de las LEBACS y Leliqs, parecería estar sellada definitivamente la partida de defunción de la industria nacional.

Con una producción automotriz que tan solo en el primer bimestre de 2019, cayó un 22,1% y con multinacionales como Carrefour, Coca Cola, Femsa, Avianca, Fate, Fiat y tantas otras evaluando despidos de personal y frenando de cuajo la producción por falta de ventas. Se genera un círculo vicioso económico que se va cerrando cada vez más y del cual no parece haber ninguna escapatoria posible.

Una deuda pública que llega al 77,4% del PBI y con vencimientos para este año de 60 mil millones de dólares en concepto de capital e intereses, siendo las emisiones de títulos un 80% generados durante la gestión de Cambiemos. Un FMI que no se privó de entrevistar a posibles candidatos de todas las facciones políticas y que a través de su vocero Gerry Rice declaró que “va a seguir apoyando al país más allá de los cambios políticos” asegurando que “los gobiernos pueden cambiar”. Un verdadero salvavidas de plomo para las próximas generaciones de argentinos.

Durante el Congreso Nacional del PJ, Timón entrevistó a la ex ministra de la Industria de la Nación y actual secretaria de Producción de la Matanza, Debora Giorgi, que ante la pregunta de qué medidas económicas se tomarían en caso de volver a ser gobierno, contestó: “Las medidas económicas van a tener como eje fundamental la recomposición del mercado laboral, la creación de puestos de trabajo. Luego una administración de comercio e inserción inteligente. Nosotros no somos el equipo del Excell”.

Por otro lado, los productores agropecuarios – en los cuales el gobierno tiene puesta la esperanza para que a través de la venta de la cosecha ingresen dólares frescos al mercado – los cuales no dudarán ni un segundo en sentarse sobre las oleaginosas, esperando una nueva suba del dólar que los favorezca aún más, práctica que era muy habitual durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Considerando la posibilidad de un cambio de gestión gubernamental que lleve a cabo políticas económicas y sociales diametralmente opuestas al neoliberalismo imperante y con el fantasma del default sobre nuestras cabezas, los acuerdos firmados con el fondo hasta podrían ser declarados nulos e ilegítimos, ya que no contaron con la aprobación del Congreso como lo indica nuestra Constitución.

Mientras tanto durante los próximos meses, esta administración – con los dólares que va entregando el Fondo Monetario Internacional – se ha convertido en una suerte de Titanic intentando mantenerse a flote. Pero lo cierto es que sin una reestructuración, la deuda será muy difícil de pagar y podría llegar a convertirse en una bola de nieve imposible de frenar.