Es preciso volver a Evita

Por Jorge Giles ·

Cuenta Perón en sus apuntes desde el exilio que en su última noche de vida, el 25 de julio de 1952, Evita lo mandó a llamar para hablar a solas en su lecho de enferma.

Ilustración Eduardo Gonet

Escuchemos a Perón:

Me senté sobre la cama y ella hizo un gran esfuerzo por incorporarse. Su respiración era apenas un susurro. “No tengo mucho por vivir”, dijo balbuceante. “Te agradezco lo que has hecho por mí. Pero te pido una cosa más, Juan: no abandones nunca a los pobres. Son los únicos que saben ser leales”

¿Será aquella despedida la clave para entender a esa  generación diezmada que enarboló su nombre como bandera a la victoria?

¿Será este el mandato que dejó Eva Perón para todos los tiempos?

¿Será ese el mensaje principal a rescatar en este año electoral de los argentinos y las argentinas?

¿Será por esto que nos duelen tanto los compatriotas que hoy se mueren de hambre y frio en las calles del desprecio que deja este gobierno?

Creemos que sí, que estas palabras de Evita siguen y seguirán eternamente resonando en el alma colectiva de este pueblo y en los hombres y las mujeres que aún siguen creyendo apasionadamente en las causas justas y que quizá se resuman en aquella oración de que la patria es el otro.

No abandones nunca a los pobres. Son los únicos que saben ser leales.

Es preciso volver a Eva Perón en estos tiempos donde la mitad de nuestros pibes son pobres, donde los laburantes que aún conservan el trabajo viven con el corazón en la boca temiendo el telegrama de despido, donde los jubilados se mueren por falta de remedios, de abrigo y de comida, donde la juventud es sospechosa de querer vivir la vida a pleno y por tal motivo una noche cualquiera puede ser abatida por la espalda, donde los desocupados y desocupadas inventan una olla  popular y solidaria para no morirse de vergüenza, soledad y hambre.

Es preciso volver a Evita para reflexionar juntos sobre su  último mensaje navideño:

“No puede haber amor donde hay explotadores y explotados. No puede haber amor donde hay oligarquías dominantes llenas de privilegios y pueblos desposeídos y miserables”

Es preciso volver a Evita para recordar en este siglo XXI, que es el siglo de las Mujeres, que su nombre no se agota en el voto femenino ni en los derechos otorgados a las trabajadoras, sus queridas descamisadas; ella dejó un testimonio vital en su maravillosa obra La razón de mi vida:

“Yo creo que el movimiento femenino organizado como fuerza en cada país y en todo el mundo debe hacerle y le haría un gran bien a toda la humanidad. No sé en dónde he leído alguna vez que en este mundo nuestro, el gran ausente es el amor. Yo, aunque sea un poco plagio, diré más bien que el mundo actual padece de una gran ausencia: la de la mujer”

Es preciso volver a Eva para abrazarla en su obligado renunciamiento del 31 de agosto de 1951, la noche que hizo aletear para siempre aquel

“Renuncio a los honores pero no a la lucha”.

Los factores de poder amenazaban adelantar sus tanques y fusiles de odio si esa mujer era proclamada candidata por su pueblo a la Vicepresidencia de la Nación.

De esa historia venimos. Con esa memoria nos formamos.

Tenía apenas 33 años de edad cuando aquel 26 de Julio de 1952 se interrumpió el latido de un pueblo al escuchar, exactamente a las 21.36, la Cadena Nacional informando:

“Cumple la Subsecretaría de Informaciones de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20.25 horas ha fallecido la señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación” 

Ojalá la historia ponga las cosas en su lugar y el próximo 27 de Octubre sea otra mujer peronista la que vuelva a llevar al gobierno la llama eterna de su legado.

Que así sea.