Fabricantes de incertidumbre

Los “piqueteros de izquierda” y los “propios” son sumados por los medios ex macristas a la ya muy larga galería de fantasmas que, afirman, acechan al Frente de Todos y a su candidato presidencial. Asumido que Macri no tiene futuro, se consolida la estrategia para que Alberto Fernández se encuentre el 10 de diciembre en extrema debilidad.

Para esa estrategia, el proyecto de acuerdo con empresarios y sindicalistas que promueve Fernández es presentado como un plan de poca monta y alcance dudoso. De hecho, los columnistas afirman que los industriales se prestan al plan y a la foto con la única finalidad de arrancarle al candidato la soñada reforma laboral, objetivo por el que tanto militan Clarín y La Nación.

Entre otras delicias del “periodismo independiente”, se propalan amenazas estadounidenses. También, en poco inspirados brotes de filosofía política, se fabrican contrastes entre la selección de básquetbol y un país “adolescente” y malogrado, y analogías delirantes entre Maradona y peronismo.

El drama de este “periodismo” que desde 2007 vive de atacar al kirchnerismo y de publicitar a todo al que se le opusiera y se le oponga, dentro y fuera del país, es que ahora no tiene un eje tan fácil: Alberto Fernández no les parece tan kirchnerista como necesitarían para demonizarlo, y por eso ponen en duda su “moderación”.

Una síntesis de esta incomodidad la evidencia el domingo 15 Jorge Liotti en La Nación. Luego de afirmar que la Unión Industrial se presta al pacto social solo por la reforma laboral, y de pronosticar un verdadero infierno entre el sindicalismo y los movimientos sociales en las inmediaciones del candidato opositor, sostiene que AF se dedica a “seducir a todos”, pero si gobierna “deberá elegir”.

Al ladito, Morales Solá agita el fantasma de “Ella”: “no se sabe si dejará gobernar” o si está urdiendo “una venganza implacable contra los autores de su infortunio”.

Más y más amenazas: el mismo día, Kirschbaum en Clarín recuerda que AF se inclina por adherir a Uruguay y México en la promoción de una solución dialogada a la crisis en Venezuela, al contrario de la línea estadounidense elegida por Macri de alentar el derrocamiento de Maduro. El redactor saborea dificultades para el candidato: dice que está en duda la reelección del Frente Amplio en Uruguay. Dice que irá a verlo a Evo Morales, cuando el presidente boliviano pierde popularidad. Agrega que planeaba visitar al presidente mexicano López Obrador, pero ahora “duda”. El mensaje de fondo de esta nota está en el cierre, que para contrariar una vez más las más elementales normas periodísticas carece de fuente: el canciller español Josep Borrell le dijo a Alberto Fernández que Mike Pompeo, canciller de Trump, le dijo: “No permitiremos ‘socialismos’ en América del Sur”. Anote, Don Alberto.

Un día antes, Nabot en La Nación preguntó si la línea de Fernández respecto de Venezuela no chocará con “el modelo chavista de La Cámpora” y si le agradará a Washington.

¿Y quién tiene la culpa de que haya tantos planes sociales a piqueteros que cortan las calles? Pues el kirchnerismo, claro está. Es título de tapa el domingo en Clarín que los “piqueteros K” son los que reciben más planes, en la saga que Kirschbaum y otros escribas habían abierto días atrás: el recrudecimiento de protestas no es porque haya hambre, aumento de la pobreza y desempleo en la Argentina, sino porque le quieren “marcar la cancha” a Alberto Fernández.

Y si el FMI exige “reformas” que el kirchnerismo y La Campora rechazan, ¿cómo hará AF si llega a presidente? Pagni, en La Nación, tiene la fórmula: él debe buscar otros aliados, como Massa, y por eso le convendría que Cambiemos haga la mejor elección legislativa posible, porque tendrá en ese sector más apoyo que las que conseguirá en el Frente de Todos. En otras palabras, Pagni delira con un presidente del Frente de Todos que se pelee con el Frente de Todos. Por ahora, avisa, puede andar con “ambigüedades”, pero el 28 de octubre se le terminan los plazos.

Y, hablando de delirios, los buenos resultados de la selección de básquetbol son usurpados para una amañada interpretación. Hay que reconocer que es difícil aplicar a la política nacional lo que hacen quince deportistas de élite, la mayoría de los cuales no vive en el país. Difícil por no decir imposible, y tal vez por ello Gambini, el sábado en Clarín, no encontró nada mejor que repetir consignas del macrismo y otras derechas para vaciar de contenido la cultura política: “trabajo en equipo”, “trabajar juntos” y otros reduccionismos.

Copió Liotti en La Nación: esos basquetbolistas expresan virtudes que se les demandan a la dirigencia política, empresarial, gremial y social. “Trabajo en equipo”, dice también, para que quede claro a nombre de qué escribe. Esos jugadores, se atreve un poco más, “son espartanos en un país amante de las licencias”, “representan el país que creímos ser y quedó trunco en medio de avivadas”. En fin: frases de café, deducciones de mingitorio, ocurrencias que afloran en cualquier monólogo de trasnoche tras la cena y las copas, disfrazadas de filosofía política y psicosociología.

Eso sí, esta gente no puede dar con un límite. Sirven en La Nación desata la fórmula histórica Maradona=Peronismo. Los argentinos, dice, no ven al crack como lo que es hoy, con su presente, sus problemas de salud, etc., sino que lo enfrascan en el gol a los ingleses. Tal vez inconscientes, ciegos, incapaces, los argentinos lo mantenemos a Maradona en el mito. ¿Y a qué no adivinan? ¡Lo mismo pasa con el peronismo!

Gentileza: COMUNA