Hubris et orbis

Por Virginia Marquez

El doctor Nelson Castro volvió a descalificar el poder presidencial, mediante su sospechoso diagnóstico médico. Se refirió nuevamente a una enfermedad que, al parecer, tiene sus cepas contagiosas dentro de la Casa Rosada. Sorprende que el mismo Hubris que otrora padeciera Cristina Fernández de Kirchner, ahora se le achaque a la –hasta ahora- saludable figura presidencial de Mauricio Macri.

¿Cabe preguntarse sobre los alcances de esta infección? El neurocirujano retirado manifiesta que se trata de una enfermedad del poder. Esto sucedió un jueves, en su programa radial por Continental, y en medio de las corridas cambiarias. Al día siguiente fue más lejos con la afirmación: individualizó los síntomas y dijo “padecen impericia y están fuera de realidad”; refiriéndose a todo el gobierno de Cambiemos. Y la interpretación galénica fue porque (ellos) no previeron que podía producirse la abrupta suba del dólar. Paradoja mediante, criticó su poco poder frente a los grupos económicos. Desconociendo que, como sostienen algunos expertos, en una plaza tan pequeña como Buenos Aires, cualquiera con un par de millones de dólares hace un desastre cambiario en cualquier momento. (Elisa Carrió bien lo sabe y rápidamente justificó la estampida con un “movimiento a último momento del Banco Meridien, en Rosario”). A su vez, el médico devenido en editorialista político sostuvo vehementemente que el no reconocer la propia falta y pretender consenso cómplice, los saca de la escena real. Casi al unísono, Mirtha Legrand -la señora de todos los poderes- manifestó su decepción con Cambiemos, por no poder frenar la embestida cambiaria.

Pero esta no es la cuestión, sino los límites irreconocidos por las víctimas de Hubris: la desmesura, preocupa al doctor Castro. Esto, dicho en un contexto de hechos aberrantes que afectan a la sociedad mundial y que realmente ponen a prueba la capacidad de asombro. Las noticias diarias proveen material para la justa ponderación. Recibimos información del maniático que somete a sus víctimas en orgía mortal, los requerimientos avasalladores de productores y actores hollywoodenses, pederastas famosos que atacan las juveniles del fútbol, bombardeos a poblaciones civiles, envío de gendarmes a morir en alguna curva jujeña. O, viceversa, envío de esos mismos gendarmes a perseguir hasta el ahogamiento a sus víctimas, en algún riacho del sur. O, matar por la espalda a algún manifestante, o adolescente en moto o a pie; sin que se identifique el autor entre las fuerzas de seguridad. A su vez, identificación veloz y eficiente de adolescentes marginalizados que atacan una comisaría del Conurbano. Todo es desmesura, sin dudarlo. Y también, obra de la humanidad. Esa misma humanidad que lucha por conseguir el poder, para imponer su ideología en la atención de los asuntos públicos.

Empero, tratándose de una guerra entre microorganismos, quizá- también podemos preguntarnos sobre el límite de Hubris. ¿Se conformará con el bocatto di cardinali de un sólido mandatario? O también atacará a los pedestres votantes, de uno u lado del gap. Si es que ya no lo ha hecho. Y, finalmente el doctor Castro habría encontrado en sus afanes, el origen de la grieta.

Entonces, el quid no sería Cristina Fernández de Kirchner ni Mauricio Macri, sino el ejercicio del poder. Cabe preguntarse si Hubris refiere también al poder económico, el poder mediático, el poder sojero, el poder de los laboratorios o el poder judicial.

Impacta que, desde un medio hegemónico como lo es radio Continental del Grupo Prisa; así como lo hizo desde TN del Grupo Clarín, para referenciar a Fernández de Kirchner, regrese a discutir o –al menos- rebatir la autoridad de Mauricio Macri. Como si haber recibido el bastón y la banda presidencial -por accidentado que haya sido- no fueran suficientes para tomar decisiones, defenderlas a capa y espada, y buscar canales de aceptación y consenso pleno. Al fin y al cabo, es el trabajo del primer mandatario que, mediante su accionar político, ejerce el poder delegado en el voto. ¿Qué más sería necesario para ejercer el poder?

Una mirada precavida puede suponer que estamos ante una nueva operación de lima. No de la fruta, sino la herramienta de limar. Al parecer, se ha encendido el dispositivo de contrapoder, que recuerda la diferencia entre poder formal y poder real.

Sin dudas, éste estado de cosas permeabiliza a las bases y se traduce en cambios de posiciones de ventaja y desventaja. También, en absoluciones, reniegos, perdones y burlas. Lo cotidiano suele tener dioses y emperadores pedestres, con sus pulgares prestos para inclinar el balance de fuerzas.
Allí, en el campo de batalla, se suceden intercambios entre la soldadesca digital en un cuerpo a cuerpo inevitable; reflejo del capital político que tiene cada contendiente con pretensiones y posibilidades. Las municiones de todo calibre abundan en las redes y capitalizan las bajas y altas en cuotas de poder.

Todos danzan, convocados a tal fin: ejercen su vocación de poder. Un poder amenazado siempre por la desmesura o la carencia.

HUBRIS ET ORBIS. Curiosamente, éste último término latino alude a mundo y también círculo; como recordándonos que el poder es circular… o ejercido por un círculo ¿rojo?