La censura, única estrategia

La causa judicial por las acusaciones de extorsión al fiscal de las fotocopias, Carlos Stornelli, no es noticia para Clarín, La Nación y medios afines. No amerita títulos ni coberturas. El batallón de columnistas responde con obediencia: solo menciona el tema para defender al estrecho colaborador de Macri -desde los tiempos de su reinado en Boca- en pocas líneas, con pocas palabras. Eso sí: hay anuncio de más ataques a jueces no macristas.

La lectura de columnas de los dos diarios demuestra desde fines de 2015 que las noticias que no convienen al macrismo se censuran, se ocultan, van a espacios perdidos y casi invisibles: así con la pobreza, la desocupación, la indigencia, el cierre de fábricas. Y así pasa ahora con este acusado y, aunque era fácil de prever, no deja de ser otra evidencia contundente de la descomposición del sistema mediático y del periodismo en el país, donde el derecho ciudadano a estar informado es vulnerado día a día.

Los “analistas” principales de ambos diarios actúan como si nada importante hubiera sucedido: se aferran al pronóstico de las calamidades que recaerán, al compás del calendario electoral, sobre la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. El domingo 10.2, Morales Solá en La Nación titula sobre “corrupción judicial” pero únicamente para referirse a lo de siempre, con la maniobra de las fotocopias como único tema favorable al oficialismo.

La acusación de extorsión a Stornelli, el fiscal que hace dúo con Bonadío, lleva una mención de tres líneas en su último párrafo, con el rótulo de “operación mediática” armada por los “presos kirchneristas”. Obviamente, no puede permitirse nombrar a Horacio Verbitsky ni a su espacio, El Cohete a la Luna, que publicó el informe sobre el caso.

En cambio, sí dedica párrafos y párrafos contra el juez Rodríguez, acusado por Carolina Pochetti, viuda de Muñoz, ex secretario de Néstor Kirchner. Y se da tiempo para un anuncio que también parece parte del diseño de campaña electoral: hay, dice, “jueces kirchneristas que no han salido a la luz”, y advierte: “Saldrán”.

Kirschbaum, jefe de redacción de Clarín, sencillamente ignora el tema, como si no existiera. Fioriti, en el mismo diario y el mismo día, hace lo mismo, menciones reiteradas de los mismos nombres del fotocopiazo y, al final, dos líneas y media sobre Stornelli. Pero la conclusión es igual a muchas otras notas de estos meses: hay una “tormenta perfecta” contra la ex presidenta, que actúa como “un bálsamo” para Macri y el proyecto reeleccionista.

Sí hubo un título en Clarín el sábado, pero no con la noticia de la extorsión, sino con la declaración del acusado: “operación política berreta”.

Ni Cabot en La Nación, ni Lanata, González, Salinas y otros en Clarín, encontraron motivaciones para tratar el tema.

Después de la ex presidenta, el segundo lugar del podio de enemigos del poder en Argentina es el papa Francisco: como si escribiera un responsable de comunicación del Comando Sur, le reprochan la “neutralidad”, el que no le dé legitimidad al autoproclamado presidente Gaudió, el que “reconozca” a Maduro por propiciar un diálogo entre ambas partes. “Muchos fieles descolocados” con Francisco, escribe La Nación el domingo, versión mal disimulada de la patraña “la gente dice que…”

El mismo recurso mediocre es usado por Kirchsbaum el jueves: la cautela del Papa, tecleó, “es leída como una concesión al régimen”.

En idéntica línea, otro editor de Clarín, Gambini, menos alambicado que su jefe de redacción, llegó el miércoles al insulto político: dice que Francisco, ante el pedido de Maduro para que propicie el diálogo, “aceptó el juego rápidamente, aún antes de leer la carta”. Ya se ve: el Papa es tan chavista que juega para Maduro sin siquiera leer los papeles. Este rechazo clarinista al Pontífice tiene explicación, que el mismo Gambini nos regala: “Nunca pudo ocultar su antipatía al presidente Macri”.

Gentileza: COMUNA Comunicadores de la Argentina