La educación es un acto político

Por Maria Cristina Derdoy

Comienzo a escribir esta nota pensando  en que es el año del bicentenario de la muerte de Manuel Belgrano y debo decir que ocupa un lugar preferencial en mi ideario de próceres.

Felipe Pigna, en su libro “Manuel Belgrano, el hombre del Bicentenario” lo retrata de manera cabal en toda su presencia política: “Belgrano venía asombrando y escandalizando cuando cada año leía o hacía leer por Castelli sus memorias, que marchaban claramente contrario a las ideas de su auditorio compuesto por el virrey de turno , burócratas coloniales y comerciantes monopolistas

“Había ocurrido en 1796 cuando habló en favor de una industria propia que haría la felicidad de sus pobladores…”que ésta se adquiere en un país cuando se atiende a sus circunstancias y se examinan bien los mediosde hacerlo prosperar, poniendo en ejecución las ideas bien especuladas, nadie duda”

“Dos años después, en 1798 redactó lo que podemos considerar el primer proyecto de enseñanza estatal, gratuita y obligatoria. Planteaba que era imposible mejorar y “ahuyentar los vicios” sin educación, proponía que los cabildos creasen y mantuviesen con sus fondos escuelas “en todas las parroquias de sus respectivas jurisdicciones y muy particularmente en la campaña”

“Años después antes del inicio de la Revolución de Mayo lo expresaría así:

“¿Cómo se quiere que los hombres tengan amor al trabajo, que las costumbres sean corregidas, que haya copia de ciudadanos honrados, que las virtudes ahuyenten los vicios y que el gobierno reciba el fruto de sus cuidados, si no hay enseñanza y si la ignorancia va pasando de generación en generación con mayores y más grandes aumentos”

“Hubo un tiempo en que se debía mantener al pueblo en la ignorancia y por consiguiente en la pobreza para conservarlo en el mayor grado de sujeción”…]. Pónganse escuelas de primeras letras costeadas por los propios y arbitrios de las ciudades y villas en todas las parroquias de sus respectivas jurisdicciones y muy particularmente en la Campaña, donde a la verdad, residen los principales contribuyentes y a quienes de justicia se les debe una retribución tan necesaria”

“Obliguen los Jueces a los padres a que manden a sus hijos a la escuela, por todos los medios que la prudencia es capaz de dictar”

Por algo inicié este escrito citando a don Manuel.

Nada más placentero para una maestra plasmar en palabras sobre lo que ha practicado en el campo o sea en el aula:   el proceso de enseñanza aprendizaje.

El acto educativo está atravesado por infinidad de aspectos: el social, el territorial, el ideológico y el metodológico.

Entre tantos factores se observan tensiones, acercamientos, armonizaciones y a veces rupturas  que implican  revisar, consensuar y barajar dando de nuevo: la educación es única, lo que no lo son: las estrategias.

¿Educar es el dictado acumulativo de conocimientos?

¿Es cumplir un plan establecido por las autoridades de turno?

¿Es contabilizar numéricamente la asistencia, el rendimiento académico calificando y clasificando al alumno?

Y sí, es eso…pero mucho más.

Porque este panorama es chiquito, mezquino y excluyente y la distribución del saber no es egoísta.

El saber es universal, por lo tanto inclusivo.

Es eminentemente un acto político.

La escuela como espacio público alberga todos los estratos sociales, géneros sexuales, creencias religiosas, ideas políticas, estados civiles, razas, es decir es la confluencia acotada de lo que hace a lo macro de un país.

Los maestros, educadores, trabajadores de la educación no son ajenos a ello. Cada uno lleva en su ADN, la carga identitaria que los hace ser como son.

Cada uno con su impronta, generará su modo de presentarse y plantarse ante el hecho educativo, siendo eso lo que enriquece y pone en valor la tarea: educar no es inocente ni ingenuo.

Cuando se habla de educación como un “acto político”, muchos crispan su pensamiento y surge la descalificación diciendo es “adoctrinamiento”.

Acá es donde se retorna a explicar que lo “político” tiene la connotación de que es una tarea que no se realiza en soledad, es solidaria, inclusiva y democrática, se necesita de todos y todas para ser puesta en valor, es un derecho humano.

Las sociedades que han liberado para las mayorías el acceso al saber son las que han conformado pueblos más justos y respetuosos de los otros, liberándose de prejuicios,

¿Quién está autorizado para decir quién puede ser sujeto de aprender?

La educación es transformadora, enriquece el espíritu, amplía el pensamiento.

Multitudes de sujetos a través de la lectura se apropian de culturas, de música, de ideas, de historias.

O investigan, comprenden intrincados ejercicios y textos matemáticos, dilucidan conceptos filosóficos o descubren en textos científicos , laboratorios, centros de medicina, curas para males que asolan a la humanidad que invalidan a tantos, matan a muchos y limitan a más.

Transforman con sus conocimientos el desarrollo económico y empoderan a personas.

Embellecen la vida con el arte, emocionándonos con cuadros, esculturas, canciones, películas, obras teatrales. Volar en avión, navegar por ríos y mares, transitar rutas, calefaccionarnos en épocas de frío y refrescarnos cuando arrecia el calor, tener un sitio llamado vivienda y tanto más ha sido y es producto de la educación.

La inversión educativa es el mayor acto político que se puede realizar, porque libera, incluye y concientiza

Hace de los seres humanos sujetos autónomos, críticos y rebeldes que darán batalla en defensa de sus derechos y consecuentes en el cumplimiento de sus deberes.

Sandra Nicastro, especialista en Pedagogía Institucional, docente e investigadora reflexiona acerca del rol de la escuela como agente de transformación y analiza la responsabilidad que conlleva el ser educadores en la actualidad, en una nota publicada en APTUS, edición 20 del año 2014, decía esto.

La entrevistadora fue María Mercedes Pombo, licenciada en Comunicación Social.

Esto es un extracto de lo publicado.

La imbricación existente entre la educación y lo político.

“La educación  es un hecho político”

“Somos agentes de transformación junto a otros agentes sociales”

“Somos los que le decimos al pibe: Sosalumno de este sistema educativo, es obligatorio y vos tenés que poder llevarte este certificado.

“Esto es política, esto es asumir la responsabilidad frente a un pibe al que uno le asegura determinada trayectoria.

Me parece que la responsabilidad política es hacernos cargo de que no solo se está enseñando  un contenido disciplinar, sino un modo de vida, una cosmovisión, el hecho de compartir con otros, el ocupar un lugar en el mundo.

Cuando alguien ingresa a la escuela, nunca egresa de la misma manera. La experiencia allí transcurrida deja para siempre una marca inolvidable. Esto es bien político, no solo para el alumno, sino también para el docente”

…”Estoy convencida de que la escuela es una organización capaz de transformar, de movilizar y dejar una huella fantástica e imborrable en la vida de todos nosotros”

Creo que este es el final perfecto para este humilde aporte.