La emergencia alimentaria y el cinismo PRO

Por Nico de la Iglesia*

La media sanción de la emergencia alimentaria por voto unánime en la Cámara de Diputados es una muestra más de debilidad política de un gobierno que está de salida.

La semana comenzó movida y, a medida que el debate se acercaba, la presión popular era cada vez mayor. El miércoles las fuerzas de seguridad respondieron con una violenta represión a distintas organizaciones mientras intentaban instalar un acampe frente al Ministerio de Desarrollo Social. Finalmente, el jueves se aprobó el plan de emergencia alimentaria con 222 votos a favor y ninguno en contra. La votación tuvo una abstención proveniente de la izquierda trotskista.

Ahora bien, ¿esto es una victoria política? Sin dudas, en parte es una victoria que se da gracias a la presión popular y a la muestra de unidad que dio una oposición por demás diversa. Sin embargo, no hay nada que festejar cuando se aprueba una medida que busca mitigar las penurias que sufren sectores que vienen siendo golpeados desde el inicio de la gestión de Cambiemos y que, literalmente, se mueren de hambre en las calles.

De hecho, hay que tener en cuenta que una ley similar a  la que tuvo la media sanción el jueves fue aprobada en el 2016: la “ley de emergencia social”, producto de negociaciones entre la CTEP y la ministra Carolina Stanley. En esa ocasión, el gobierno nacional sub-ejecutó el presupuesto destinado a las partidas, entre ellas las de salud, educación y ciencia y tecnología. Tal como muestra el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), en la ejecución presupuestaria del 2017, “referido a Políticas Alimentarias, el aumento de las partidas apenas orilla el 21%, en lugar del 50% previsto en el acta original”. En el mismo informe plantean que este año se está dando una situación similar: en lugar de ejecutar el 70%, ejecutan el 58%. 

Entonces, ¿qué se puede sacar como conclusión? En pocas palabras, cuando el gobierno nacional se ve obligado a adoptar medidas que van en contra de su matriz ideológica, termina imponiendo una de las variantes de sus políticas de terrorismo económico contra los sectores más vulnerables. Sub ejecutando el presupuesto que tiene, como único fin, poner comida en el plato del pueblo.

En esta ocasión nada parece haber cambiado, de hecho, la ley se aprobó con el apoyo del bloque presidido por el diputado cordobés, Mario Raúl Negri ya que no implica un aumento del presupuesto, sino un reordenamiento de las partidas presupuestarias. De lo contrario estaría en contra de los designios del FMI que son, y de esto que no queden dudas, los que llevan las riendas del país. Sumado al hecho de que fueron aplastados en las elecciones de octubre y no pueden permitirse votar en contra de una iniciativa de este tipo.

No obstante, no todo es recorte en las políticas del gobierno nacional. Según el mismo artículo de CEPA, las partidas presupuestarias del 2017 crecieron notablemente, incluso por encima de la inflación. El presupuesto destinado a “deudas Directas de la Administración Central, creció en términos reales 46% en presupuesto original y 8% en el presupuesto modificado.”

Sobre las declaraciones

Corresponde un párrafo para los dichos de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien parece querer superarse día a día en los niveles de cinismo. En radio La Red–consultada ante la realidad de miles de personas en situación de vulnerabilidad– manifestó: “Yo diría que en la Argentina hay gente que está pasando necesidades, no llegaría a decir que hay gente que hoy está en una situación de no comer” y aclaró que si tienen hambre pueden ir a los comedores y solucionarlo. No hay que dejar de lado estas declaraciones, porque la ministra expresa cabalmente cual es la matriz ideológica del PRO. Algo que a esta altura del partido no sorprende, pero si asquea, que es el odio a los pobres y la negación constante del estado en el que se encuentra el país.

Tampoco hay que dejar escapar las declaraciones de Mario Negri, quien justificó que el presidente no haya aprobado la medida por decreto porque, según el mandatario, estas decisiones debían pasar por las cámaras. El oficialismo se olvidó que Mauricio Macri tiene un promedio de 11 decretos por año (entre los que se encuentra el actual acuerdo con el Fondo Monetario Internacional), con un total de 48. Es el segundo presidente, después de Eduardo Duhalde (con 156), en utilizar los DNUs.

Por último, están las declaraciones de Alberto Fernández, que le valieron críticas de varios espacios políticos: “Pido a todos los argentinos mantener la calma, todos sabemos la justicia de los reclamos. Pero todos debemos intentar no complicar el escenario que tenemos (…) Lo que pido a todos los argentinos es serenidad. Lo peor que nos puede pasar es que los nervios abran paso a los violentos y que los violentos se lleven la salud y la vida de alguien”. Claramente lo que está buscando el candidato, en plena campaña, es intentar poner paños fríos a una situación de tensión social.

La política no admite lecturas simplistas, el Frente de Todos está a poco más de un mes de ganar las elecciones. Ciertamente el hambre es una urgencia y las primeras medidas apuntarán a mejorar esa situación. Lo que no es sensato es salir a generar situaciones en las que se pueda terminar con represión, menos en un contexto en el cual las fuerzas de seguridad están “envalentonadas” y no tienen pruritos en apretar el gatillo. Se tienen que dar movilizaciones, sin dudas, pero tienen que demostrar la unidad y la masividad del pueblo. No queremos mártires, ni un país prendido fuego a fin de año.

Por último, hay que poner el ojo en esos sectores que ya quieren correr por izquierda a un candidato que, incluso en el discurso del 7 de agosto en Rosario, junto a Cristina Fernández, invitó al pueblo a manifestarse, a salir a las calles cuando él hiciera las cosas mal. Como se dijo anteriormente, el Frente de Todos abarca muchos espectros de la política argentina, hay que ver cómo se lleva adelante esta unidad durante el mandato y qué tan hábil es Alberto a la hora de congeniar visiones contrapuestas. Pero hoy por hoy, con el país en manos del peor presidente de la historia de la democracia, hay que buscar la calma, porque están de salida y el futuro es nuestro.


*Periodista, columnista sobre Europa del programa Marcha de Gigantes (Radio UNLP – AM 1390) responsable de redes de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.