La generación del “otro”

Por Martina Genovart*

Para comprender cuál es la visión y la redefinición del concepto de “lo político” para las nuevas generaciones, es necesario analizar la cosmovisión global del mundo en el que vivimos y la percepción acerca de los diferentes procesos políticos que nos atraviesan en la actualidad.

Partamos de la base de analizar una concepción más amplia de la política: considerar que “todo es político” es comenzar a recorrer los senderos por los cuales los jóvenes construimos políticamente, y cuáles son los límites de esa construcción. La política como un fenómeno omnipresente en cada decisión que tomamos y en cada relación que estrechamos con un “otro”.

Atrás quedaron esas definiciones tradicionales y macropolíticas que tienden a reducir y sintetizar a la política como un conjunto de instituciones o partidos políticos; atrás quedaron aquellas configuraciones que permiten en una mesa de discusión a unos pocos, dejando afuera a sectores de la sociedad que son sujetos activos y partícipes de cada proceso político e histórico.

Apuntar a lo micropolítico como una filosofía de vida, a la trasversalidad de la política en lo cotidiano: lo imprevisible, lo espontáneo.

Para nuestra generación, la política es una herramienta para cambiar el mundo en el que vivimos, para transformar la realidad de quienes tenemos al lado. La política de la sensibilidad, de lo colectivo. Las soluciones individuales jamás estarán en nuestra agenda. La solución es para todos y todas, o no es para nadie. Sostener un proyecto político que tenga como eje dinamizador la causa colectiva es nuestra responsabilidad histórica. Porque concebimos que nadie puede realizarse en una sociedad que no se realiza.

Tenemos que volver a poner en la agenda política las demandas de la juventud y las problemáticas que día a día nos atraviesan. Y debemos ser nosotros protagonistas de un cambio que vuelva a tener en el centro de la escena la causa por la que luchamos sistemáticamente: la del Pueblo. Ser el futuro de una sociedad significa tener lugar en el presente. No es justo que el día de mañana tengamos que hacernos cargo de las decisiones que se tomaron, cuando no nos dieron el espacio de influir en ellas en la actualidad.

Si desde un análisis muy selectivo, decimos que las problemáticas que más nos mantienen en vilo a los jóvenes se basan en la desigualdad, en la pobreza, en la falta de políticas inclusivas (géneros, capacidades diferentes, seguridad, inmigratorias, tercera edad), en la incapacidad de ampliar y desarrollar la matriz productiva, y en el rompimiento brutal de nuestro entramado social, a la hora de cumplir con nuestro deber cívico sabemos qué modelo no queremos para nuestro país.

Elegir un modelo de exclusión, de hambre y recesión, que hipoteque el futuro de nuestros hijos, no está entre las opciones de las nuevas generaciones. Tenemos otras prioridades: generar trabajo, encender la economía, recuperar la industria y volver a sentirnos orgullosos de ser argentinos y argentinas. Las opciones son claras: los jóvenes sabemos cuál es la nuestra.


*Estudiante de Lic. en Ciencia Política (UBA) y militante de Movimiento Ciudadano La Capitana.