Una historia de amor

* Por Adolfo Quiroga

Cuenta la leyenda que a orillas del lago Titicaca se encontraba el templo de las Ajllas, vírgenes sacerdotisas del Dios Inti. El templo de grandes puertas, solo se abría para que salga la sacerdotisa que el Inca elegía para prolongar la pureza de la raza, siempre el Inca elegía la más bella entre las bellas. Un día el invencible guerrero, Tupac Canqui, se atrevió a cruzar el lago sagrado, y escalar los muros del templo y descubrir a la hermosa Ñusta Ajlla.

Apenas se vieron se enamoraron perdidamente, pero las leyes Incas eran muy rígidas, nadie podía entrar al templo sin autorización. Los jóvenes amantes decidieron escapar. El Tiahuanaco temblaba de ira, los dioses estaban furiosos por la audacia de estos jóvenes. El Jefe Inca ordenó que todo el ejército saliera detrás de ellos para traerlos de nuevo y ser juzgados por tan grande ofensa.


Tupac Canqui y Ñusta Ajlla huyeron y se establecieron muy lejos, en las tierras de Andalgalá, en el centro norte de Catamarca. Los ejércitos se cansaron de buscarlos y no pudieron encontrarlos. El Inca ordenó consultar entonces a los hechiceros para que ellos con su sabiduría les dijeran donde se escondían.

Los hechiceros pudieron adivinar donde se encontraban y les enviaron una maldición para que su amor no triunfara. Entre los jóvenes el amor era muy fuerte y valeroso, construido a base de sacrificio y lágrimas de amor e ilusión. De ese amor nacieron muchos hijos, descendientes de los pueblos diaguitas.

Pero una mañana, Ñusta muere por causa del embrujo. El mal había triunfado. El cielo le lloraba y el viento soplaba como nunca, como queriendo avisarle al mundo que su reina había muerto. Ñusta fue enterrada en la cima de una montaña.

Pasaron los años, y Tupac ya anciano, se acostó a dormir su sueño milenario al lado de la tumba de su amada para no despertar jamás. Un día un pastor que arreaba vicuñas paso por la tumba de Ñusta y vio con asombro que los cuerpos habían sido tapados con pétalos de flores color sangre que se habían petrificado. Tomó una de esas piedras de suelo y conociendo la historia de quien estaba enterrada allí se la llevó al Inca, al recibirla tembló de emoción.

El tiempo había cicatrizado las heridas. Ñusta se encontraba perdonada por haber violado las leyes sagradas y fue erigida mártir del amor.
Por orden del Inca, desde ese momento, trozos de esa piedra adornaron el cuello de las princesas del Tiahuanaco. Bautizaron a esa hermosa piedra color sangre “Rosa del Inca” como expresión del perdón, de fidelidad y de sacrificio como símbolo del amor grande y verdadero.

Con los años, la “Rosa del Inca” fue bautizada con su nuevo nombre: “Rodocrosita”, rosa roja en griego. Y con los años, la Argentina, la nombró “Piedra Nacional”.

*Adolfo Quiroga nació en la Provincia de Catamarca, actualmente reside en Ciudad Autónoma. Trabajó en Canal 7 La Televisión Pública en el Programa “Estudio País” bajo la conducción de Juan Alberto Badia representando a su provincia. Locutor Nacional ISER y Lic. en Comunicación Social de la UNLP. Realizó el curso de Corresponsal de Guerra dictado por la ONU- CASCOS AZULES .

Recientemente publicó el libro “La Catacumba de Facundo Quiroga” donde destaca aspectos desconocidos sobre la vida del caudillo como así también realiza una descripción de la tumba y como fue encontrado su féretro.