La prensa menoscaba al Presidente: “gobierna CFK”

Gentileza de COMUNA

Furia editorial por el anuncio de Alberto Fernández sobre Vicentin

Una abrumadora línea editorial, sostenida por Clarín, La Nación e Infobae, quiere imponer a Cristina Kirchner como quien decidió la intervención estatal de la empresa Vicentin, condenada a coro, mientras el Presidente es ubicado en un lugar secundario y hasta silencioso. Al menos 30 notas firmadas en seis días siguen esta fórmula, que se abre a nombres y consignas repetidas como metralla: La Cámpora, Venezuela, Instituto Patria.

La acción opositora de estos medios no es novedad, y tampoco lo son las coincidencias frecuentes entre algunos columnistas, que siguen la rutina de repetir algunas interpretaciones, versiones y argumentos. Sin embargo, no se había visto desde diciembre de 2019 un despliegue tan compacto y reiterado. 

Esta postura, además de unificar en la misma posición y línea argumental a por lo menos 30 columnistas, es desplegada también por títulos, notas sin firma y “noticias” que en verdad son más y más editoriales, como reproducir en los diarios lo que dicen conductores radiales y televisivos que siguen respetuosamente el mismo guión: Cristina Kirchner, kirchnerismo, Máximo Kirchner, La Cámpora, Instituto Patria, Venezuela, chavismo.

El despliegue es tan abrumador y reiterado que le resta espacio a otras estrategias. Una de ellas, la que intenta hacer creer que las causas por las denuncias por espionaje del macrismo, en especial la que lleva el juez Villena, de Lomas de Zamora, se deben a que la vicepresidenta lanzó un operativo de “venganza”. Hasta quedó arrinconada la patética maniobra cometida en un canal de TV israelí para reinstalar el tema Nisman. También perdieron espacio las notas que defienden los intereses de los acreedores, aún en medio de la negociación por la deuda externa.

La condena al anuncio presidencial de intervención a Vicentin y del envío de un proyecto de ley de expropiación tiene otro rasgo igualmente copiado por estos columnistas, con apenas dos excepciones a lo largo de seis días: minimizar o censurar el formidable caudal crediticio que el macrismo le obsequió a esta empresa, una forma de intervencionismo estatal que estos medios no gustan denunciar. Luego, con un poco más de elaboración, hurgaron en créditos que Vicentin recibió durante el kirchnerismo, para tratar de igualarlo a lo hecho por Macri.

El miércoles, Van der Kooy interpretó en Clarín que la declaración del Presidente para confirmar que la decisión sobre la cerealera en quiebra la adoptó él, es tomada como confirmación de lo contrario. Mismo día y mismo argumento: Morales Solá en La Nación pregunta si “vale la pena seguir diferenciado a Alberto Fernández de Cristina Kirchner”, ya que el Presidente, dice, “no está dispuesto a ponerle frenos al cristinismo”.

Al día siguiente retomó Pagni, en La Nación, para hablar de un “presidente testigo”. Y el domingo, Tenembaum en Infobae se pregunta si el Presidente se limitó a leer lo que escribieron otros.

Y así se copian, se alimentan y retroalimentan unos a otros para deambular en círculo alrededor de lo mismo. Lo hacen el domingo Van der Kooy y Kirschbaum, en Clarín, sin agregar una cuota siquiera ínfima de razonamiento propio. Y en el mismo diario, tal vez se le escapó a un columnista de tercera línea, Fioriti, la afirmación de que el Presidente quedó “descolocado” por “la instalación de que La Cámpora y Cristina se adueñan de la iniciativa”. Es interesante que el redactor le dé el nombre justo, instalación, a la maniobra del grupo de medios para el que trabaja. 

Instalación es buena definición para esta secuencia: el viernes Bonelli escribió en Clarín que Echegaray trabajó en el Patria para el proyecto de expropiación. El domingo Nicolás Wiñazki publica que Echegaray trabajó en el Patria para el proyecto de expropiación, “como lo escribió Bonelli”. ¡Por fin una fuente con nombre y apellido!

Y así, meras repeticiones, copiar y pegar. En esa uniformidad, sobresale la molestia que expresan Wiñazki y Van der Kooy el domingo, sobre la denuncia de la Unidad de Investigación Financiera contra los capos de Vicentin, por lavado de dinero, en apariencia parte de lo que explica la calamitosa situación de la empresa. Les molesta especialmente este aspecto del conflicto y, obvio, afirman que la denuncia fue orden de “Ella”.

Los muy generosos aportes de Vicentin a la campaña electoral macrista quedan como dato prácticamente olvidado. Es que solo había espacio para malicias como la de Letjman el jueves en Infobae, que no conforme con repetir la adjudicación política al kirchnerismo, dice que en el proyecto actuó la “intelligentzia” (sic) de La Cámpora. Y de ahí pasó a una especie de chiste, al hablar de “manifestaciones espontáneas” en Avellaneda, Santa Fe, por las protestas convocadas por el intendente del macrismo, correveidile de Vicentin.

Las denuncias y las primeras evidencias ya conocidas sobre el espionaje ilegal del macrismo son harto incómodas para estos medios y columnistas, porque ellos mismos dispusieron de material de esos servicios para combatir a la oposición entre 2015 y 2019, fueran o no materiales hallados milagrosamente detrás de un árbol.

Intentan que las denuncias queden reducidas a una acción de Cristina Kirchner en pos de una venganza y, para eso, no pueden siquiera mencionar que Rodríguez Larreta y otros exponentes del macrismo también víctimas del accionar ilegal.

Sin embargo, los datos y evidencias se multiplican y necesitan más que el mero ocultamiento. Tal vez por ello Van der Kooy de Clarín y Morales Solá de La Nación coinciden el domingo en un mismo enunciado: la Vicepresidenta quiere aparentar que es víctima de un “presunto espionaje”. Y en todo caso, teclean, habrá que investigar, pero no vale lo mismo si la “fogonera” de la denuncia es Cristina Kirchner. Según se mire, tal vez esté naciendo una genialidad jurídica: desestimar causas y no investigar delitos por la identidad política de quien denuncia. 

El que no tiene descanso es el pobre Borges. Fernández Díaz le había dado una generosa tregua pero volvió a apropiarse de él en su artículo en La Nación, con la finalidad de repetir expresiones de odio al peronismo y reducir los casos de espionaje ilegal a una “venganza” de Cristina Kirchner. Y otro que seguro jamás se abocó a fondo a Borges es Huergo, de Clarín, quien el martes tipeó: “La sombra doliente de las expropiaciones cayó definitivamente sobre la pampa argentina”. Parece que la patronal cerealera es capaz de exigir fintas poéticas, aunque sean cacofónicas.