La prensa opositora se pregunta quién gobierna

Gentileza de COMUNA

El mecanismo por el cual Clarín y La Nación buscan desde marzo recursos para debilitar al Gobierno y especialmente al Presidente llegó a una nueva escala: ¿quién ejerce la jefatura de Estado?, pregunta Morales Solá, en tanto Van der Kooy dice que el Instituto Patria funciona como una Casa Rosada o una quinta de Olivos. El nuevo reproche a Cristina Kirchner: no habla de la pandemia. Metralla continua contra la diputada Vallejos. 

Ambos diarios intentaron con títulos gemelos desplazar la atención de las villas pobres y desatendidas de la Ciudad de Buenos Aires a las del conurbano, pero como la evolución del número de enfermos y muertos no les permite sostener esa estrategia editorial, vuelven a su ya conocido desprecio por el gobernador Kicillof, sus dichos, sus formas, la extensión de sus discursos.

Desde que Paolo Rocca abrió hostilidades contra la política sanitaria oficial con los despidos con los que puso en discusión el aislamiento social, Clarín, La Nación y el inmenso conglomerado que replica sus posiciones echaron mano de varios recursos para horadar la autoridad y la aceptación del Presidente y su gestión: primero la mala atención bancaria a jubilados, luego las compras de Desarrollo Social, y la maniobra con la “liberación masiva” de presos, y supuestas rupturas con gobernadores. Todas se sostuvieron apenas unos pocos días.

¿Qué hacer? La falta de elementos sólidos en la realidad fuerza un relato opositor sobre un kirchnerismo insaciable en su capacidad de acción y vocación de poder, para caer en la afirmación que Morales Solá hizo el miércoles en La Nación: “Es hora de que el Presidente les haga saber a sus funcionarios quién es el jefe de Estado”. Pagni buscó su camino en el mismo diario para los mismos fines: “El Presidente, líder exitoso o héroe trágico”. El kirchnerismo “ajusta el cerco” del Presidente, para una sentencia lapidaria: “está muriendo el albertismo, antes de nacer”.

Los pronósticos trágicos también suman en la maniobra: Infobae le dio el título principal durante el jueves al opositor Cornejo, su rechazo a la política sanitaria nacional y su anuncio de “una cantidad de muertos enorme”. Por lo mismo, La Nación hizo “noticia” el viernes con el conductor radial Longobardi: “La Argentina se acerca a un colapso”. El mismo día, Berensztein tecleó en La Nación que Cristina Kirchner tiene un plan, pero de Alberto Fernández no se sabe nada.

Al día siguiente tomó la posta Suppo, en La Nación, quien hace su descripción de las acciones del kirchnerismo mientras, se queja amargamente, ni los gobernadores ni los sindicalistas ni Massa ponen un “freno”. Llega el redactor a una afirmación osada: hay quienes votaron al Frente de Todos para “terminar con Cristina”, pero el Presidente no hace nada al respecto. Casi idéntico a lo publicado el mismo día por Olivera.

En la larga lista de operaciones contra el Presidente pueden incluirse también los títulos, artículos y gráficos con la consigna “la cuarentena más larga”, así como la escena televisiva del conductor Wiñazki con su malogrado intento de quiebre angustioso, llevado después -como es tan frecuente- a asunto noticioso de La Nación y Clarín. Y así llegamos al domingo, en que Van der Kooy, uno de los tantos quejosos por las alocuciones de Cristina Kirchner, se queja ahora de que no habla de la pandemia, y en cambio se ocupa de acciones “contra la justicia” frente a las cuales pone al Presidente como pasivo o facilitador. Kirschbaum, también en Clarín, refuerza la línea con una enumeración de “presiones cristinistas” sobre “ministros albertistas”. Igual que Van der Kooy, Morales Solá se queja de que “Ella” no habla del coronavirus. Igual que Kirschbaum, enumera “presiones cristinistas” sobre “ministros albertistas”. A pocos centímetros, Rodíguez Yebra escribe sobre las “presiones”, que es lo mismo que publica Morales Solá, que es lo mismo que publica Kirschbaum.

Pero es posible que la diputada Vallejos, por su idea de que el dinero público a las empresas para que paguen salarios se conviertan en acciones en poder del Estado, tenga un deshonroso récord de menciones esta semana, porque los tanques no le dieron respiro. Del martes al domingo hay por lo menos quince notas en su contra, porque no se ve “periodista independiente” que no se haya sumado al coro.

Al mismo tiempo, se puede ubicar en el propósito de debilitar al Gobierno la forma en que fue presentado el acuerdo transitorio conseguido por el ministro Guzmán con los acreedores: es bien cierto que se trata apenas de una tregua, pero sin duda está sustentada en una perspectiva de acuerdo que lleva al compromiso de no abrir otro pleito contra el país por el vencimiento no pagado el viernes.

Pero estos diarios, así como Infobae, habían agitado intensamente el momento terrorífico del default, siempre en representación de los bolsillos de estos acreedores y, en general, de la carroña financiera internacional. Así que, pactada la tregua, La Nación se encontró sorprendida porque Argentina no pagó pero se dio la “paradoja” de una posición optimista de los siempre santificados “mercados”.

La negociación continúa y los ataques contra el ministro disminuyeron en cantidad pero no en profundidad: “bombardeo” sobre Guzmán, escribió el martes Pagni. Los acreedores “no soportan el tono académico” de Guzmán, tecleó el mismo día Letjman, en Infobae. Por las dudas, repitió el concepto en su nota del jueves. El redactor dice que el grupo BlackRock quiere llegar directo “a Olivos”, es decir apartando al ministro, y para deslumbrar a los lectores escribe que este fondo busca un “backchannel”. 

Pero el laurel es para Bonelli, de Clarín. En su ya habitual andanada contra Guzmán, incluye la “noticia” de que circularon “infundadas versiones” sobre la no continuidad del ministro. Según se mire, es la fundación de un nuevo periodismo: artículos basados en versiones infundadas, lo cual no es en sí novedad, pero sí que lo diga quien las publica.Las diferencias en la política sanitaria entre la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires nunca fueron presentadas como tales, sino transformadas en pura malicia política “K”, ya sea contra Rodríguez Larreta por ser “el principal dirigente opositor”, ya sea porque el gobernador “K” y los intendentes “K” en realidad luchan contra Alberto Fernández.

Cada semana se puede engrosar la galería de grotescos en la historia del periodismo. Aquí unas notables contribuciones:– Miércoles, La Nación. Fernández Blanco denuncia la “tendencia kirchnerista” de Wikipedia.– Jueves, La Nación. La ex legisladora Giudici, operadora del Grupo Clarín, se pone el disfraz de republicana defensora de las libertades.– Viernes, Clarín. En la línea ideológica “perdón querido Rey por la independencia”, tapa con una foto de los reyes y una tremenda noticia: ¡usan barbijos!– Domingo, Clarín. Fioriti dice que en Olivos, Kicillof le hace una broma a Rodríguez Larreta, mientras “el sol se apagaba en los jardines” de la quinta. Como explicó el Maestro Dolina: “Está muy bien que los escritores hagan de periodistas pero, por favor, que los periodistas no traten de hacer de escritores”.