Los delirios del defacto

Por Nicolás Sampedro*

A medida que pasa el tiempo, cada vez son más las evidencias de que el mundo está dominado por desquiciados a los que poco y nada les importa la vida de las personas que lo habitamos. Los negocios, el poder, y el individualismo son motor de toda acción de estos seres repugnantes.

El caso más emblemático de los personajes de esta calaña es el mandatario norteamericano Donald Trump. Dueño de una corporación multinacional que se expandió a base de estafas, un ultra misógino, machista y supremacista blanco. Personaje que, por ejemplo, dijo esta semana que los migrantes centroamericanos “No son humanos, son animales“.

En la figura de Trump, no sólo se vislumbra el estereotipo de macho dominante (con todas las características antes mencionadas), sino además, cómo es su lógica, esa dinámica empresarial, la que lleva a la práctica como política de estado del país emblema de la hegemonía imperial del último siglo.

A su lado los Abraham, Bolton, Pence, Pompeo y muchos demases. Una marca registrada del imperio de las marcas como analiza milimétrica la periodista canadiense Naomi Klein en su libro “No Logo” y posteriormente en “Decir no, no basta”.

De igual manera (aunque éstos son empleados de aquellos) se pueden analizar las figuras de Duque en Colombia, de Bolsonaro en Brasil, de Piñera en Chile, o de Macri en Argentina. Por sólo mencionar los más cercanos del continente.

Personajes que si bien no vienen todos del mismo lugar, sí tienen algo en común: les importa muy poco la felicidad de sus pueblos, sólo buscan hacer negocios y favorecer a socios y amigos, alineándose en la vieja y anquilosada lógica de relaciones carnales con el imperio, creyendo que eso les traerá algún beneficio extra a posteriori.

Pero está claro que al imperio, a las multinacionales y las megacorporaciones, poco les importan las personas, los derechos humanos, el medio ambiente o el desarrollo de las naciones. Ven a cada país como un pedazo de tierra de donde ellas podrían extraer materias primas o mano de obra barata para tener mayores ingresos (determinando quienes pueden acceder a ellas y quienes no).

Brevemente se puede ejemplificar con alguno de los mandatarios antes mencionados, que son empleados de lujo de las multinacionales: con la llegada de Duque a la presidencia de Colombia, no sólo siguió incumpliendo con los acuerdo de paz, aumentaron los asesinatos a líderes sociales y campesinos y a ex guerrilleros de las FARC. Los territorios antes ocupados por la guerrilla son el botín para grandes multinacionales y terratenientes que pretenden hacer sus negocios. Los paramilitares son el brazo ejecutor de esa disputa. Estructura irregulares no casualmente ligadas al ex presidente Uribe, férreo opositor al proceso de paz, amante de la guerra, aliado incondicional de la CIA y la DEA, padrino político de Duque y antichavista confeso.

En el Brasil de Bolsonaro las tensiones incluso se dan a lo interno de su gobierno, ampliamente ocupado por militares (que se caracterizan por su nacionalismo y su defensa corporativa), dada la continua entrega de soberanía. Una de ellas, el intento de regalo de la base aeroespacial de Alcántara. Habrá que esperar y ver qué sucede en el congreso, quien debería aprobar (o no) el acuerdo firmado con EEUU.

En esa línea fueron las declaraciones que nos regaló el presidente Macri esta semana desde Entre Ríos, cuando se quejó de la ley que prohíbe fumigar con agrotoxicos a menos de mil metros terrestres (y 3 mil aéreos) de las escuelas, argumentando que los productores se quejaban porque implicaría perder dinero. Al mandatario le salió su costado Blanco Villega de estirpe terrateniente y oligarca.

Tres buenos empleados del imperio y sus multinacionales que siguen haciendo de las suyas y buscando rentabilidad en la miseria planificada para los pueblos de estas naciones. Algo similar a lo que se observa con las políticas del FMI hacia el continente, utilizando a las deudas externas como forma de encorsetar a las naciones de Nuestra América a los designios del dólar.

No es casualidad que en estos días, uno de los principales asesores económicos de la Casa Blanca, Larry Kudlow, haya confirmado públicamente que hay un plan para dolarizar la economía y las finanzas venezolanas “una vez que el presidente Maduro sea depuesto o abandone el poder”. Entes involucrados: Departamento del Tesoro, el Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU. y el Fondo Monetario Internacional (FMI) ¿Casualidad?

Salvando las distancias, en Argentina no se está muy lejos de que planteen lo mismo. Esta semana ya propusieron modificar la carta orgánica del Banco Central para que ciudadanos que no sean argentinos puedan presidir esa entidad. Un pedido del fondo que Cambiemos acató sin chistar.

Afortunadamente los pueblos del continente no se dejan comer cual empanadas, parafraseando la libertador San Martín. Colombia está al límite con la Minga Campesina cortando las rutas del país, con las centrales sindicales proponiendo un paro nacional; en Brasil miles de personas se movilizan en las calles exigiendo la libertad para el ex presidente Lula que cumplió un año preso; en Argentina el jueves se movilizaron miles de personas exigiendo que cambien las políticas de hambre y saqueo de Macri y compañía.

Nuestra nación será sin dudas una de los puntos clave del continente. De continuar el modelo implantado por la Casa Blanca, las consecuencias serán catastróficas no sólo para este pueblo, sino para todo el continente. Si, por el contrario, retorna un gobierno de características nacionales y populares, el país podría jugar un papel clave en la defensa de la soberanía de las naciones del continente, hoy asediadas por el imperio.

De manera más o menos traumática, más o menos virulenta, los pueblos del continente y del mundo está empezando a dar muestras claras de que sea cual fuere el escenario, lo que no se puede naturalizar son los delirios del defacto.


* Periodista especializado en temas internacionales, conductor del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio Universidad Nacional de La Plata), productor general del programa La Marea (FM 90.5 Radio Futura), redactor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.