Mauricio Macri y el misterio de cómo pasamos de poner satélites en órbita a quedar desorbitados

Por Jonatan Pérez

Como si del peor villano de las historias ficticias se tratara, Cambiemos arrasó con todo a su paso. La ciencia y la tecnología no sólo no quedaron afuera de esto, sino que pasamos de estar en el Top-Ten de países en materia espacial a tener que alquilar satélites obsoletos para no perder posiciones orbitales.

Argentina y el espacio: un breve repaso histórico

La historia de Argentina en el espacio es muy amplia y con grandes éxitos. Nuestro país supo estar ubicado en la élite de la industria espacial logrando la creación de los cohetes Rigel, Castor y Tauro en las década del 60, 70 y 80. Lamentablemente fueron desechados por el gobierno neoliberal de Carlos Menem, con la privatización y desmantelamiento de NAHUELSAT, la empresa argentina creada para poner en órbita los satélites geoestacionarios de comunicaciones, luego de que nuestro país obtuviera la reserva de dos órbitas geoestacionarias ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el 28 de febrero de 1985.

Las malas decisiones tomadas por el gobierno menemista y la crisis económica llevaron a que NAHUELSAT se declarara en bancarrota en el año 2004. Al no contar ya con NAHUELSAT, Argentina no tendría una empresa a cargo de las órbitas geoestacionarias y perdería el dominio de las mismas, las cuales eran pretendidas por el Reino Unido ya que con la tecnología existente en ese momento abarcaba desde los EEUU hasta las Islas Malvinas.

La década ganada

El gobierno de Néstor Kirchner recuperaría la soberanía espacial: el espacio radioeléctrico había sido privatizado y las órbitas estaban a punto de perderse a manos de la empresa privada Thales no quería renovar el satélite. Tras la bancarrota de NAHUELSAT, Kirchner solicitó una prorroga a la UIT para no perder las órbitas geoestacionarias. En 2006 se funda la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales Sociedad Anónima (ARSAT), que sería la empresa de telecomunicaciones del Estado encargada de brindar servicios de transmisión de datos, telefonía y televisión por medio de infraestructura terrestre, aérea y espacial; y estaría acompañada por el Programa Espacial Argentino, que tenía como objetivo la exploración espacial y la creación de satélites fabricados en el país.

Esta política estaría acompañada por un proyecto de lanzamiento de 3 satélites geoestacionarios de telecomunicaciones argentinos: el ARSAT-1, el ARSAT-2 y el ARSAT-3. Cada uno de estos tenía un objetivo particular:

El ARSAT-1 sería el primer satélite geoestacionario y permitiría dejar de alquilar viejos satélites para no perder las órbitas geoestacionarias. Este prestaría el servicio de televisión digital, internet y telefonía, y tendría una vida útil de 15 años.

El ARSAT-2 sería el complemento del ARSAT-1 y permitiría que las empresas nacionales e internacionales puedan exportar servicios de comunicación a toda la región, prestando servicios de televisión digital, internet y la transmisión de datos por toda Sudamérica y parte de Norteamérica.

El ARSAT-3 ayudaría no sólo abarcar a todo el continente americano, sino que también a maximizar y desarrollar toda la fibra óptica a lo largo y ancho de nuestro país.

Pese a las críticas de parte de algunos medios opositores, el 16 de octubre del año 2014 se convertiría en uno de los días más importantes no sólo para nuestro país, sino que para toda Latinoamérica. Argentina se transformaba en el primer país latinoamericano en tener en órbita un satélite geoestacional de construcción propia: el ARSAT-1.

Puesto en la posición orbital 72° oeste y en un trabajo conjunto entre ARSAT e INVAP,la empresa argentina de alta tecnología dedicada, entre otras cosas, al diseño de tecnología espacial. Esta última no sólo es una de las más prestigiosas a nivel continental en materia tecnológica sino que es la única empresa latinoamericana reconocida por la NASA como apta para realizar satélites completos, desde su diseño y construcción hasta su operación (excepto su lanzamiento).

Poco menos de un año más tarde, exactamente el 30 de septiembre de 2015, se lanzaría al espacio el ARSAT-2 y se ubicaría en la posición orbital 81° oeste.

Con ambos satélites en el espacio, Argentina no sólo aseguró su soberanía espacial sino que también logró conservar las órbitas geoestacionarias con satélites propios, ahorrando aproximadamente U$S 25 millones anuales en pagos a empresas de telecomunicaciones extranjeras.

Esto vendría acompañado de la Ley 27.208 de Desarrollo Satelital aprobada el día 3 de Noviembre del año 2015. Dicha ley aprueba el Plan Geoestacionario Argentino 2015-2035 que, entre muchos de sus proyectos, cuenta con la producción de ocho nuevos satélites en los próximos 20 años, entre ellos los reemplazos de ARSAT-1 y ARSAT-2.

Cambiando futuro por pasado

El ARSAT-3 era el primer satélite a construir según el Plan Geoestacionario Argentino y tenía que entrar en órbita en 2019, cosa que no ocurrió.

Con la victoria de Cambiemos y la asunción de Mauricio Macri a finales de 2015, Argentina dio un giro de 180 grados en su política espacial, lo que implicó un gran retroceso en estos casi cuatro años. El desfinanciamiento a ARSAT, los recortes en ciencia y tecnología acompañado de los tarifazos llevaron a muchas de las PyMES que participaban del proyecto a su cierre.

En una clara violación a la Ley 27.208, el gobierno de Mauricio Macri suspendió la construcción del ARSAT-3 al poco tiempo de asumir bajo distintos pretextos. Si bien la INVAP suspendió la construcción del satélite, siguió trabajando en otros proyectos del Estado.

Uno de los grandes cambios fue que a mediados del año 2016, el ARSAT-2 comenzó a operar utilizado por una compañía de televisión por cable, la empresa mexicana de telecomunicaciones, America Movil. Poco después se sumaron a esta el Grupo Clarin y la señal de TyC Sports.

A mediados de 2018 y tras varios recortes en el presupuesto de ciencia y tecnología, el presidente declaró que “los contratos que tenía la Nación previstos con INVAP eran de la época de la magia y la plata no está”. Esto traería fuertes críticas de la comunidad científica nacional, y grandes consecuencias para la empresa estatal, que a finales de ese año sacó un informe en el que explicaba al detalle las deudas que tenía el Estado para con la empresa: casi $700 Millones.

En dicho informe la INVAP aclaraba que el Estado estaba retrasado en el pago de los avances de los distintos proyectos que llevaba adelante. Esto llevó a que la empresa deba tomar deuda para afrontar sus obligaciones. Los préstamos bancarios aumentaron de $391 millones en marzo de 2017 a $947 en marzo del siguiente año.

Este año, y tras la cancelación del ARSAT-3, nuestro país debió volver a alquilar un satélite para no perder una posición orbital, un retroceso total en materia espacial. En este acuerdo, ARSAT deberá pagar a lo largo del año la suma de €7 millones a la empresa SES por el alquiler del ASTRA-1H, un satélite que ya no tiene vida útil pero que será utilizado para informar a la UIT que la posición orbital 81° Oeste en Banda Ka está ocupada y así no perder la órbita geoestacionaria que permite brindar el servicio de internet de banda ancha.

El 26 de septiembre pasado se anunció en el boletín oficial la autorización a dos empresas a proveer facilidades satelitales ¿Qué significa esto? A grandes rasgos, que la Secretaría de Gobierno de Modernización de Argentina autorizó dos nuevos satélites a operar sobre el territorio argentino: el Eutelsat-65 West A, perteneciente a Satélites Mexicanos S.A. de Capital Variable, y el SES-10, de la empresa New Skies Satellites Argentina. Para ello, la Secretaría General de la Comunidad Andina debió otorgar el Registro en la Lista Andina Satelital de los satélites ARSAT-1 y ARSAT-2, para que el operador de las redes de satélite notificadas por la Administración Argentina ante la UIT correspondientes a dichos satélites, pueda ofrecer capacidad satelital de los mismos en los países miembros de la Comunidad Andina.

Recuperar la soberanía espacial

Cambiemos, tras el desmantelamiento de una política espacial soberana y ante los incumplimientos a la Ley 27.208, el próximo gobierno deberá recuperar aquello que Macri y compañía destruyeron. Si bien los presupuestos no serán los mismos tras el vaciamiento de la gestión de MM, la fórmula Fernández-Fernández tiene la responsabilidad y el deber histórico de recuperar el terreno perdido y retomar la construcción del ARSAT-3, el cual no sólo evitará alquilar satélites que no funcionan, sino que será redituable en un futuro, a nivel económico y comunicacional como precursor en América Latina.

Una política espacial soberana que apunte a repatriar a los científicos que se fueron del país tras el desmantelamiento de los distintos programas del sector; que retome e impulse la creación de equipamiento nacional; que ayude a recuperar las PyMES que fueron parte de acontecimientos históricos en esta materia en nuestro país; y que apunte a que la TDA y el servicio de comunicaciones satelitales sea por y para todos.