Mucho ruido, pocas nueces

Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont ·

Los funcionarios de la administración Trump están abocados a la tarea de superar décadas de mala política comercial. El presidente estadounidense calificó al déficit comercial como un “desastre” y tras cartón, como corresponde, cargó con la pesada herencia y los tratos horribles negociados por sus predecesores, aunque el déficit de bienes y servicios americano de 2018 alcanzó los U$S 891.2 MM, el más grande de los 243 años de historia de la nación. Y, si no son responsables algunos de los pueblos originarios (pieles rojas, apaches, cherokees, etc.) no sabría cómo rastrear al culpable.

Lo cierto es que, rumbo a la reelección, ni aranceles ni muro favorecieron al cumplimiento de los ejes centrales de su campaña. Reducir el déficit a la mitad renegociando con México, Canadá, UE y, por supuesto, China, y paralizar el gobierno y declarar la emergencia nacional, si es necesario, para conseguir los fondos para expandir el muro que detenga a los inmigrantes, son centrales.

A esta altura del juego, ambos lineamientos de campaña resultan sumamente interesantes, o al menos el comercial, sobre todo el argumento que utiliza el gobierno americano para la negociación, que podrían impulsar la soberanía latinoamericana, si entendemos, según el discurso de su presidente, que ante un mundo más proteccionista, la imposición de aranceles es “la mejor herramienta de negociación en la historia de nuestro país”.

Pero veremos que hay algunos detalles en los efectos de las políticas implementadas  que hacen que suenen tangueras. El presidente americano ejecutó dos políticas económicas sincronizadas, un recorte fiscal para las corporaciones y billonarios, por 1.5 billones de dólares, que ampliaba el déficit fiscal a 1 billon en 2018, y una batería de aranceles a las importaciones de paneles solares, aluminio, acero, lavadoras, entre otras, de sus socios comerciales, especialmente China.

El déficit presupuestario se compensaría con mayor ingreso de capitales (deuda), donde el fortalecimiento del dólar y el incremento de la tasa de interés son fundamentales para atraer el financiamiento necesario para reducir el badén que deja beneficiar a los ricos. Estas medidas tienen algunas consecuencias. En principio, un mayor consumo de importaciones por parte de la sociedad americana, ya sea por vía de mayores ingresos por el perdón fiscal o por la revaluación de su moneda, que deja a los precios de los bienes importados por debajo de los locales.

Para poder financiarse, el mundo tiene que tener superávit comercial, de modo que pueda invertir sus dólares en Estados Unidos. Pero, a su vez, las principales monedas con quien comercian los norteamericanos, euro y yuan, y en cierta medida el peso mexicano, se valorizaron con el incremento del dólar. Por lo tanto, China que había recibido aranceles a sus productos, se terminó viendo beneficiada, porque la devaluación del yuan hizo que a los consumidores americanos les resultara más económico comprar productos extranjeros, incluso con aranceles.

Otra consecuencia no deseada por las políticas arancelarias, fue que China comenzó a detener su crecimiento, lo que llevó a ralentización del comercio mundial, y eso produjo que Estados Unidos le vendiera menos a China. Con el país asiático el déficit llegó a los U$S 419.2 MM, donde las exportaciones americanas disminuyeron en casi 10 MM y las importaciones aumentaron en U$S 34MM. En síntesis, el déficit aumentó un 11%, con Europa un 12% y con México un 15%.

Dos estudios dieron por tierra la mirada trumpiana del comercio exterior, según ellos muy noventista, cuando los Estados Unidos tenían perfecto dominio del mundo. Ambos trabajos, uno de la Universidad de Princeton (https://goo.gl/FP3qJ7) y otro “El regreso al Proteccionismo”(https://goo.gl/vs7KA2), realizado por cuatro economistas de la Universidad de California en Los Ángeles, la Universidad de Yale, la Universidad de California en Berkeley y la Universidad de Columbia, llegaron a la misma conclusión.

La mejor posibilidad de que el déficit comercial se reduzca en el corto plazo requeriría una gran recesión económica. En 2009, en medio de la Gran Recesión, el déficit comercial cayó un 40%, tomando como punto máximo los tres años anteriores, hasta alrededor de $506 mil millones. “Si quiere reducir el déficit comercial, tenga una recesión”, dijo Reinsch. La política macrista vista desde las universidades americanas.

Pero en las negociaciones entre EE.UU. y China el mundo debería de poner un poco de atención a lo que puede venir, y Sudamerica más. Los chinos, tratando de finalizar la guerra, propusieron a los americanos incrementar sus importaciones en 1.2 billones de dólares, con el fin de no tener que revaluar su moneda. Si China decide gastar más en bienes americanos, soja por ejemplo, que país de verá perjudicado por la sustitución asiática, ya que algún país venderá menos soja a China, ya no va a comprar el doble, sólo redirecciona su compra.  

El otro punto es la de una sociedad que envejece y necesita la migración, no solo como mecanismo de producción sino de contención salarial. Los últimos datos del gobierno muestran que las amenazas de Trump no impidieron que más de 76.000 extranjeros cruzaran ilegalmente en febrero, el dato mensual más elevado en 12 años. Se trata del doble de las entradas ilegales registradas un año antes y suman 136.150 desde octubre, cuando empezó el ejercicio fiscal 2019. En solo cinco meses se ha pulverizado la marca de todo 2018.

Debemos seguir de cerca los supuestos exabruptos del presidente americano, que, a ojo de buen cubero, se asemejan al título de este artículo, mucho ruido, pocas nueces. Las políticas discursivas implementadas por Trump están direccionadas a su base de sustentación, aunque los datos no le sean favorables. De todas maneras, el ordenamiento del patio trasero parece una verdad tan clara que podría dejar a oscuras a Venezuela.

Las miradas de modelos económicos, con prismáticos del primer mundo, parecen no poder encajar en algunos negocios del establishment, o al menos contradecirse en forma alarmante. Los aranceles son la mejor política del país hegemónico para sentar a negociar a sus socios, mientras a los emergentes seguimos con la lógica del modelo Mundell-Fleming, donde se supone que fijamos el valor de las exportaciones, existe perfecta movilidad de bienes, capital y factores. Aunque algunos factores se queden en el muro.

Detenciones en la frontera EEUU-México