Neoliberalismo nunca más

Por Nasim Iusef Venturini

El 19 y 20 de diciembre, se cumplieron 18 años de las jornadas que conocimos como el Argentinazo. En diciembre del 2001 explotó el programa de la Convertibilidad, que dejó un saldo de 39 muertos y muertas en todo el territorio argentino y una situación social de empobrecimiento y miseria en la que la pobreza alcanzaba a más del 50% de la población y el desempleo escalaba hacia el 18%.

Esta fatídica situación se alcanzó luego de casi 30 años de políticas neoliberales que se impusieron a punta de represión y muerte por parte de la última dictadura cívico-militar-eclesiástica, y que los posteriores gobiernos democráticos siguieron implementando.

Con el endeudamiento y la desindustrialización como bandera, se fue destruyendo el entramado socio-productivo de nuestro país, condicionando la política económica a partir de los elevados niveles de deuda externa que contrajeron sucesivamente dichos gobiernos. Este condicionamiento llevó a que en las vísperas de Navidad del 2001, el Presidente interino, Adolfo Rodríguez Saá, declarara el default de la deuda pública luego de más de 30 años de endeudamiento irresponsable.

Las políticas impulsadas por los militares a partir del ‘76 procuraron desarticular la industria argentina, lo que favoreció un esquema de valorización financiera en el que la deuda externa pasó de 7800 millones a 45000 millones de dólares en el ‘83. Así se destruyó la posibilidad de construcción de políticas económicas soberanas: el endeudamiento externo operó como salvavida de plomo en una economía que se contrajo producto de las políticas de ajuste estructural.

Los años que le siguieron a la dictadura fueron traumáticos en términos económicos. Los intereses en pugna, la crisis local e internacional de deuda y la imposibilidad de establecer un sendero de recuperación de la actividad económica llevaron al gran fracaso de la década del ‘80, que terminó con una crisis de hiperinflación.

Luego de la hiper, el imperativo de “ordenar” la economía siguió los postulados del Consenso de Washington y el programa neoliberal terminó de desembarcar con el “1 a 1” dispuesto en el año ‘91.

El endeudamiento creció a pasos agigantados y procedieron a profundizar el desguace del Estado: vendieron las empresas estatales (de carácter estratégico), lo que permitió que el desempleo avance y la pobreza se agudice, e impulsaron una lógica individualista perversa que hoy sigue presente en muchos sectores.

El programa económico neoliberal no solo endeudó y empobreció al pueblo argentino, sino que también permitió la proliferación de un discurso de odio e intolerancia hacia la otredad en la búsqueda de culpables internos a la crisis.

Luego del 2001, durante la transición de Eduardo Duhalde y la presidencia de Néstor Kirchner, se puso en tela de juicio el control soberano de algunos resortes de la economía y se comenzaron a aplicar medidas de reactivación del mercado interno, que permitieron que se generen procesos de empleo y distribución que ayudaron a muchas personas a salir de la pobreza en la que estaban sumergidas, producto de años de neoliberalismo.

La expansión económica amplió la capacidad de consumo de muchos sectores de la economía, dando lugar a un proceso de movilidad ascendente en el que muchas y muchos cosecharon los frutos de la bonanza, mientras que para otros sectores dichos beneficios no se consolidaron en términos de trabajo genuino.

En el camino de la construcción de políticas económicas soberanas, hubo errores y aciertos; pujas de poder internas y externas. Ante el ascenso social, se volvió a consolidar un discurso de repudio a las políticas distributivas, propio de los sectores más reaccionarios que no toleran que se construya justicia distributiva.

Este discurso no tenía razón de ser: se levantó en torno a acusaciones sin fundamento jurídico concreto y a una construcción “mentimediática” de la corrupción, que permitió la polarización del electorado, y que en un contexto de desgaste y crisis de las economías a nivel mundial (muy pocos países crecieron en el período 2010-2015), vuelvan a la Casa Rosada aquellos que representaron los intereses de los poderes más concentrados de la economía.

¡Construir dignidad es la tarea!

Entre el 10 de diciembre del 2015 y 2019, se volvió a aplicar el libreto neoliberal de desregulación, endeudamiento y quita de derechos para las mayorías. El encubrimiento mediático, la represión y la estigmatización a la otredad volvió de la mano de la persecución política (a un pibe lo metieron en cana por escribir un tweet en contra del presidente 1 ).

El programa de ajuste devino en un recorte de políticas sociales y derechos. El manejo discrecional de los planes sociales, llevó a que aumente la cantidad de planes otorgados durante el macrismo, producto de las políticas económicas que iban dejando el tendal en materia de empleo y desamparo. Ante eso, la discreción estuvo por encima de una política de generación de empleo genuina que permita construir dignidad en vez de pobreza.

Lo que deja como enseñanza otro período de políticas neoliberales, que nuevamente endeudaron y empobrecieron al pueblo argentino, es que es necesario desarticular el discurso de odio e individualismo imperante, y poder poner los intereses comunes por sobre los personales: buscar formas de diálogo y trabajo para que todas y todos los habitantes del suelo argentino podamos disfrutar su riqueza y potenciar los aprendizajes para que nos desarrollemos construyendo derechos y respetando nuestra tierra.