Nos gusta tanto el caos

El dispositivo de poder que quiere arrancar a Alberto Fernández la mayor cantidad posible de beneficios para la banca internacional y de compromisos con Estados Unidos en el plano político, repite el intento de alentar el caos en el Frente de Todos. Cada matiz o diferencia, real o ficticia, es convertida en asunto de primera plana por los medios y columnistas que apenas acompañan el forzado operativo “milagro” del macrismo.

Ante la inconsistencia de las hipótesis oficialista de una recuperación efectiva de Macri, Van der Kooy en Clarín repite el domingo 29.9 un reclamo: que Macri ayude a que desde diciembre haya un bloque opositor al futuro gobierno, aunque reconoce que no es fácil con intendentes que están llamando a cortar boleta. El mismo reclamo había publicado el jueves Pagni en La Nación, cuando pidió una “bancada opositora que garantice el equilibrio de poder”.

Van der Kooy ve a un Alberto Fernández que “padece” para construir su autoridad, al aferrarse a la muy reiterada hipótesis del “poder bifronte”, figura supuestamente creativa que quiere agitar la idea del caos peronista y la del fantasma de “Ella” disputándole el poder, y hasta impidiéndole ejercerlo.

Con el mismo guión, La Nación titula el domingo: “El búnker de Alberto Fernández. La caótica antesala del poder peronista”. Pero la nota, firmada por Cappiello, es una lista de anécdotas intrascendentes, habla de personas que van a las oficinas del candidato con pedidos o propuestas; y cómo se llama y viste una secretaria, su color de uñas, quién sirve el café, etc. Es imposible saber si el redactor quiso incluir un título que no tiene relación alguna con su nota, o si la manipulación es obra de un editor inmoral.

En ese mismo diario y el mismo día, Laborda hace una enumeración de pronunciamientos de exponentes o adherentes del Frente de Todos con la única finalidad de presentar a Alberto Fernández condicionado y burlarse de la idea “vuelven mejores”. Repite el tono de Berensztein el viernes en el mismo diario, hablando del “kirchnerismo radicalizado” y de “giro hacia el chavismo”. Repite a su vez el tono, en el mismo diario, de Suppo, dedicado a los “exabruptos K”. Repite a su vez el tono, el sábado en el mismo diario, de Jacquelin. Y repite a su vez el tono que, en Clarín, repitieron Roa y Kirschbaum.

Todos estos lances menores rodean la apuesta de fondo de los redactores del poder: cómo será el tratamiento de la deuda y qué debe hacer Alberto Fernández, si llega a la presidencia, para que Donald Trump le permita una reprogramación de pagos. En esto, Infobae se acopló el sábado a las enumeraciones ya tipeadas en Clarín y La Nación: la aplicación del “modelo uruguayo” de negociación de deuda, escribió Letjman, depende del apoyo político del presidente estadounidense. Y para eso, dice, es “indispensable” que el futuro presidente adopte la línea de la Casa Blanca contra Venezuela y que desestime cualquier “proximidad”, económica y financiera, con China.

Bonelli, en Clarín, reiteró contenidos por segunda semana consecutiva: “Washington”, dice, está preocupado “por la militancia chavista de Cristina” y para que el FMI acuerde con el futuro gobierno habrá que asumir un “convenio político” con la Casa Blanca. Una semana antes había propalado el pliego de condiciones: contra Venezuela en los términos de Trump, que la CIA tenga carta blanca en la Triple Frontera y la DEA en la “lucha contra el narcotráfico”.

La inclusión por Infobae de la advertencia estadounidense a Alberto Fernández sobre acuerdos con China es una mera repetición de lo que Pagni había escrito en La Nación el 19 de septiembre y Bonelli al día siguiente.

En suma, las afirmaciones, las líneas principales y las claves de exposición del columnismo militante vienen repitiéndose durante varios días. Estos periodistas independientes pueden llegar a usar el tema del sexo de los ángeles si creen que les sirve para confirmar los ejes de su discurso.

Una de varias notas insólitas la publicó Kirschbaum el viernes: el jefe de redacción de Clarín hace una enumeración apretada y simplista de la muy compleja situación interna de Trump y el anuncio opositor de un proceso de juicio político vinculado con acciones del presidente en complicidad con el gobierno títere de Ucrania. La ligereza de la descripción es extrema y no conseguiría la aprobación de un profesor de periodismo de primer año, pero lo que sucede es que la única finalidad de la nota es preguntar si a Trump se le ocurrirá proponer una “Conadep del periodismo”. Es decir, es una nota más en el despliegue del periodismo de guerra.