Nuestro contrato social: terminar con el hambre en Argentina

Por Martina Genovart

Según los datos recabados desde el Observatorio de Deuda Social de la UCA sobre el tercer trimestre del 2019, la pobreza en Argentina superó el 40% y alcanza a 16 millones de compatriotas. En un año de gestión del gobierno de Mauricio Macri, se sumaron 2,8 millones de nuevos pobres; mientras que la indigencia mostró un fuerte aumento. Sin dudas, la marca más alta de la década.

Con estos números alarmantes, 4 de cada 10 argentinos y argentinas son pobres en nuestro país. Los motivos de este aumento estrepitoso podemos sintetizarlo en el rumbo económico que tomó el anterior gobierno, con una devaluación e inflación que terminará el año en 54% y una brutal caída del salario real desencadenado en la recesión que hemos padecido.

Un dato fundamental, que no podemos dejar de lado, es cómo nos afecta a los niños, niñas y jóvenes este panorama, teniendo en cuenta que somos parte de la población más vulnerable. La medición arroja que durante el tercer trimestre, casi el 60% vive en hogares con ingresos por debajo de la línea de la pobreza.

En este sentido, uno de los ejes fundamentales del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, es el Programa “Argentina contra el Hambre”. Dicho plan busca garantizar el derecho a la alimentación de todos y todas las argentinas, para poder acceder a una canasta de calidad, que incluya verduras, frutas, lácteos, carnes y todo tipo de alimentos frescos. Una convocatoria abierta a todos los sectores de la sociedad civil que tiene como objetivo hacer hincapié en un acuerdo social básico: que todos y todas tengan derecho al acceso a la alimentación.

El gobierno de Alberto Fernández tiene un gran desafío: comprender y repensar la matriz productiva de alimentos para que no existan dificultades a la hora de acercar la producción al consumidor final. Es imperioso atender una demanda que nos mantiene en vilo a todos los argentinos, para entender cómo un país centrado en la producción de alimentos puede tener más de 15 millones de compatriotas que afrontan problemas de hambre, o que viven en la incertidumbre de no poder darles un plato de comida a sus hijos. Un chico o chica mal alimentada en el comienzo de su vida, rendirá menos en su futuro. El conocimiento enriquece a las sociedades y nosotros necesitamos tener argentinos y argentinas que asuman el compromiso del futuro. La desnutrición, la mala alimentación y el hambre está a la vuelta de nuestras casas.

Que todos los argentinos y las argentinas dejen de padecer hambre es la batalla más sensata que podemos dar. El camino a la conformación de una Argentina con bases sólidas de consensos, diálogo y desarrollo, sólo será posible si dejamos de lado nuestras diferencias y nos ponemos un horizonte en común: terminar de una vez y para siempre con este flagelo que azota a nuestra sociedad.