Prensa opositora tira piedras y esconde la mano

Gentileza de COMUNA

Tras introducir la secuencia Gutiérrez-Nisman, columnistas piden “moderación”.

El dispositivo editorial que organiza la oposición al Gobierno, con maniobras extremas como la de sacar provecho de la muerte de Fabián Gutiérrez al usar, una vez más, la figura de Nisman, pretende ahora aparentar distancia política con los ultras de Juntos por el Cambio con quienes trabaja en concierto. Como parte de la misma estrategia, encubre la intolerancia de los actos callejeros que sus agitadores promueven.

El comunicado del domingo 5.7 forzando la interpretación del asesinato del ex secretario Gutiérrez como crimen de Estado dialogó perfectamente con el despliegue de crónicas, análisis y fotografías que Clarín, Infobae y La Nación habían lanzado un día antes, en el que el eje organizador fue la declaración de Laura Alonso: “No necesitamos otro Nisman”.

La alevosía de la manipulación, que llegó a contar en pocas horas hasta con 30 notas de esos tres medios -si bien todas parecidas entre sí-, tuvo la consecuencia no calculada de retraer a exponentes opositores, sobre todo los que tienen responsabilidades de gestión, en primer lugar Horacio Rodríguez Larreta.

Pronto comenzó entonces una simulación a medias, no exenta de doble discurso a distancia de pocos párrafos, como el martes 7 González en Clarín, cuando tecleó que “todos se apuraron”, oficialistas y opositores, ante el asesinato de Gutiérrez, pero a la vez divaga sobre muerte y poder y recuerda a los olvidadizos que el caso Nisman fue central para la derrota del candidato Scioli en 2015.

El mismo día en La Nación, Laborda pone la mesa patas para arriba: lo que le dio “dimensión política” al crimen, dice, no fue el comunicado de Juntos por el Cambio, sino “la respuesta del presidente y el Instituto Patria”.

Clarín quiso presumir inocencia el miércoles mientras sus agitadores radiales, televisivos y gráficos repetían por aquí y por allá enunciados clave, gastados pero aún rendidores en ciertas audiencias, como “ruta del dinero k”, “bolsos” y “bóvedas”. Ese día Van der Kooy aparentó ser crítico ante el “revoleo de cadáveres” entre el gobierno y la oposición, que incluye decir entre el gobierno y Clarín, el diario que le paga. Pero al fin no tan equidistante, porque de fondo afirma que fue “improcedente” la reacción presidencial.

El diario quiso atenuar las responsabilidades de Juntos por el Cambio al explotar la muerte de Gutiérrez diciendo que años atrás la oposición hizo lo mismo con Santiago Maldonado, para lo cual censura una vez más el hecho de que la Gendarmería lanzó un operativo por completo ilegal contra la comunidad mapuche en Cushamen, el 1 de agosto de 2017. Morales Solá desplegó, sin la menor timidez, exactamente la misma línea de “argumentos” y la misma enumeración.

Otras notas de días siguientes copiaron esta estrategia, la de desligar a los medios opositores de sus responsabilidades evidentes, pero sucedió la manifestación del jueves y la necesidad de ocultar la tendencia antidemocrática que se expresó no solo en la violencia contra trabajadores de prensa -en Buenos Aires, Rosario y el norte de Santa Fe- sino también en el acto mismo de violar el aislamiento y aumentar el riesgo sanitario, gritar contra el “comunismo”, contra Venezuela, reclamar por la propiedad privada y por el derecho a contagiarse y encubrir actos ilegales de espías y operadores mediáticos detrás de la siempre cómoda consigna sobre “libertad de expresión”.

El domingo, otra vez en tándem, Van der Kooy de Clarín y Morales Solá de La Nación insisten en la supuesta equidistancia, el “periodismo objetivo”, pero es solo eso, apariencia. El columnista de Clarín termina condenando al Presidente porque “sobreactuó la réplica” a Juntos por el Cambio y reivindicando las “protestas populares genuinas”. El de La Nación también festeja el acto opositor, al que considera evidencia de que “los límites de la paciencia social se agotan”. Como se ve, muy “moderado” para un gobierno que lleva siete meses.

Es un abanico en el que no falta el ridículo motivado por el fanatismo: Liotti dice que Macri recibió elogios por la “moderación” en su reaparición política. Fernández Díaz asocia comunismo y peronismo y ve como respuesta un “fenómeno de masas” en marcha, ante el cual medios y periodistas no tienen nada, pero nada que ver.

Para confirmar esta objetividad mediática, La Nación desplegó el domingo a Pichetto atacando al elenco presidencial, publicitó a la agitadora televisiva Viale y redondeó con otro título “moderado”: “Venezuela ya llegó”.

Es también difícil interpretar como “equidistancia” la alegría de Pagni por el desplazamiento del juez Villena en el caso de espionaje y como “moderada” su descarada defensa del colega que se sirve de espías para maniobras mediáticas. Tal vez haya sido más una autodefensa, en la cual tomó como inspiración a los fundadores del Mossad, una banda criminal internacional más que una agencia legal de inteligencia.

Transcurre en tanto la negociación por la deuda, en lo cual Bonelli escribe el viernes en Clarín por cuenta de BlackRock, el grupo carroñero que tiene la posición más dura ante la oferta argentina. Se le escapa, eso sí, un fallido, cuando afirma que esa corporación es la que orienta la línea política del gobierno de Trump contra el gobierno argentino. Y de la cual viene una propuesta que él mismo, Bonelli, viene tecleando hace varias semanas, como lo hace Pagni: despachar al ministro Guzmán, más temprano que tarde.

El empleado multifunción de Clarín corona la nota poniendo en boca de sus nunca identificadas fuentes una advertencia: la crisis económica “se puede llevar puesta a toda la clase dirigente”, como sucedió en 2001. El lunes anterior, Jacquelin se había acordado, así por casualidad, del 2001. Y una semana atrás también Pagni se había acordado dos veces, así por casualidad, del 2001.