Que no nos ganen los ansiosos, el estado te cuida

*Por Carlos Villarreal y Martina Genovart.

La principal tarea y objetivo de la política es reducir todo tipo de incertidumbre. Es cierto. También, es difícil hacerlo cuando la excepcionalidad de lo que está ocurriendo se produce a nivel más bien global. Es en el marco de este contexto, abruptamente complejo, que la política debe hacer frente, por un lado, a un enemigo invisible como el coronavirus que agiganta los temores y las políticas de emergencia y, por otro, a la reestructuración de la deuda.


Debemos tener como eje fundamental concebir a la postpandemia como una oportunidad para recomponer una economía devastada, una crisis de deuda producto de cuatro años de neoliberalismo de fuerte endeudamiento, y los tejidos sociales que, por consecuencia, se rompieron. Siendo éste, a nuestro entender, el desafío más importante en la historia del Peronismo.


Un informe elaborado por el Gobierno remarca que, la asistencia que está brindando el Estado argentino en estos días, es la mayor de la historia contemporánea. Se entregaron casi dos billones de pesos producto de una multiplicidad de nuevas modalidades de ayuda social. 


En casi el 90% de los hogares de todo el país, vive al menos una persona que percibe un ingreso proveniente del Estado. Y esta respuesta del Estado, para recomponer el tejido social, no es aislada; ya que, de distintas formas, se pone en práctica en diferentes países del mundo para sostener la economía. A modo de ejemplo, en Estados Unidos, aproxidamente 40 millones de personas se mantienen gracias al seguro de desempleo, producto del contexto pandémico que rige a nivel mundial. 


Luego de la conferencia de prensa brindada este sábado por la noche, el Presidente, Alberto Fernández, no sólo anunció la extensión del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio, sino también detalló y prometió herramientas concretas para los vecinos y vecinas de los barrios populares. Entendiendo que, uno de los bastiones imprescindibles de su gestión, es implementar y diseñar políticas destinadas a quienes peor la están pasando. 


*CABA, la cara más extrema de la desigualdad.*
La Ciudad de Buenos Aires tiene un producto bruto por habitante comparable con otras ciudades de los países más ricos del mundo. Un promedio que no sólo esconde la peor desigualdad, sino también la mala gestión de la Ciudad y la desidia del Gobierno porteño. Un panorama desolador cose y descose los hilos de cada barrio. El contraste es angustiante: en algunos, emerge el techo de chapa, el hacinamiento, la falta de agua y las filas para un plato de comida; en otros, la comodidad y el lujo son, inexorablemente, moneda corriente. 


Según la Encuesta Hogares de la Ciudad, el 7,35% de la población vive en villas o asentamientos. Dentro de ese porcentaje, el 35% trabajan como obreros de la construcción y el 15% de las mujeres trabajan en servicios de limpieza. La encuesta arroja que trabajadores y trabajadoras que viven en las villas perciben un salario que equivale, en promedio, a un tercio de lo que ganan quienes viven en los barrios más caros de la Ciudad. 


La solución a esta multiplicidad de problemas no será fácil. Tampoco existe una única receta porque es un hecho absolutamente extraordinario que no sienta precedentes. Pero sólo a través de un Estado presente, que mantenga como piedra angular a la solidaridad y a la justicia social, lograremos superar un nuevo desafío que no sólo azota a nuestro país, sino también a todo el mundo.


Es importante entender que estamos ante una pandemia que, a pesar de los inmensos avances que se estan realizando en diversas partes del mundo, y que por ejemplo lograron nuestros científicos del CONICET en metodos preventivos, no existe una vacuna para combatir el virus. Tampoco un tratamiento específico aprobado oficialmente.


Es por ello que, frente a algunos sectores residuales de la política o comunicadores sociales sumergidos en un conflicto de intereses que intentan instalar el discurso del “sálvese quien pueda” y sembrar angustia en el conjunto de la sociedad toda, le respondemos con una consigna concreta: angustia es perder a un ser querido o tener un Estado ausente que te regale a tu suerte.


El virus es implacable y no tiene cura. Al menos no por ahora. Nuestro contrato social sigue siendo indefectiblemente el mismo: quedarnos en casa para cuidarnos entre todos y todas.

*Estudiantes de Lic. En Ciencia Política. Militantes de Movimiento Ciudadano La Capitana.