¿Qué quiere Trump de México?

Por Emilio Ibañez

Las sorpresas son uno de los factores característicos de Donald Trump. Cuando todos los elementos nos conducen por un lado, repentinamente vemos que un viraje inoportuno nos lleva al polo opuesto. La incertidumbre ante una figura política que nos dará años de análisis y debates por si se trata de un hábil operador mediático-político o un empresario incapaz que aún se esfuerza por dominar las clavas de malabares.

Cuando la racionalidad indica que el camino correcto es A, Trump decidirá por Z. La guerra comercial con China vislumbra este panorama. Su celoso proteccionismo, su alejamiento de las principales potencias económicas europeas y asiáticas o el tratamiento del TLCAN indicaban la conciliación con economías emergentes, la apuesta por nuevos socios comerciales que tengan la posibilidad de ser protagonistas. Efectivamente sucedió con México, pero por Z.

América Latina ocupaba la primera fila como espectador de la guerra comercial. La expectativa de una ruptura comercial entre los dos gigantes podía derivar en beneficios económicos para los países latinoamericanos. EEUU al dejar de comprar regularmente materia prima a Asia podía optar por naciones cercanas y dependientes fiscalmente ante la fluctuación del dólar. Así fue el caso de México, en el primer trimestre del año tuvo una alza en la canasta de importaciones de EEUU mientras la participación de China en el mercado importador estadounidense descendió.

Ya se hablaba de concesiones arancelarias cuando Trump negociaba la eliminación de aranceles al acero y aluminio de México y Canadá. Algunas multinacionales optaron por mudarse a México para escapar de la telaraña impositiva de la guerra comercial y López Obrador negociaba tratados bilaterales con EEUU para monitorear importaciones chinas dentro del territorio. Todo perfilaba a una simple configuración esquemática de las rutas comerciales, un presidente mexicano que desde su llegada pregonó el diálogo y el consenso, indicaba que no había razones para trascender a mayores conflictos.

Fue un revés inesperado cuando posteriormente a estos signos de consenso el presidente Trump anunció a finales de mayo la imposición de aranceles por un 5% a los productos provenientes de México a partir del 10 de junio si no tomaban “medidas decisivas” para controlar la migración. Rápidamente, los funcionarios mexicanos tuvieron que acercarse a Washington para que esta amenaza no prospere, mientras tanto, Trump sonaba amenazante: “No estoy preocupado porque ellos nos necesiten, nosotros no los necesitamos” afirmaba. Lo que venía siendo una llamativa cooperación por parte de EEUU, terminó derivando en una sorpresa negativa que debía ser resuelta con velocidad.

Finalmente hubo acuerdo y los aranceles se desvanecieron  “indefinidamente” bajo un trato de unidad. López Obrador anunció el 8 de junio que México se comprometía a controlar la frontera con Guatemala enviando 6000 oficiales de la Guardia Nacional para evitar el libre flujo de migrantes.

La jugada fue acercarse a México, cautivarlo con negociaciones y asociaciones comerciales, absorber parte de su actividad económica para luego extorsionarlo con aranceles contundentes si no cumplía con lo que Trump pedía. El objetivo de EEUU con México es similar al que tiene con China: prevalecer como referente comercial a nivel global y espantar cualquier posibilidad de déficit fiscal ante sus competidores. Es un hecho que la guerra comercial con China derivó en un acercamiento a sus homólogos regionales pero bajo condiciones estrictas. Ahora México está sujeto a un acuerdo que debe cumplirse en un plazo de 45 días, de lo contrario, EEUU presionaría con nuevas imposiciones.

Este acuerdo contempla la colaboración de ambos países para promover condiciones de asilo para aquellos migrantes que viajan desde Centro América hacia norte, buscando de este modo evitar el flujo masivo hacia EEUU. Trump ve con urgencia la necesidad de cumplir expectativas de su electorado, muchas de sus promesas inconclusas se respaldan en políticas de este tipo. López Obrador insiste en el diálogo para evitar confrontaciones directas con la Guardia desplegada en la frontera de Guatemala y busca cómo solucionar un problema ocasionado por Norteamérica, responsables de la desidia que atraviesan en el Triángulo Norte de Centroamérica integrado por Honduras, El Salvador y Guatemala. México padecerá por siempre el drama de un vecino conflictivo en el norte.

La convivencia autónoma con EEUU es un desafío constante, más aún considerando que son los receptores de aproximadamente el 80% de sus exportaciones y una cuarta parte de la producción económica del país. Sumando el inevitable tránsito centroamericano por territorio mexicano para llegar a EEUU, los tratados económicos se fusionan con políticas migratorias impuestas por Trump que de no ser cumplidas se traducirán en imposiciones arancelarias.

Lopez Obrador es objeto de críticas y apoyos en México por esta resolución. Algunos ven en este acuerdo el costo de hacer el trabajo sucio de EEUU en la frontera con Guatemala para mantener limpia la imagen de Trump y favorecer su imagen para las próximas elecciones. Otros ven como un acierto conciliar un acuerdo inmediato para evitar una guerra arancelaria que podría desatar más caos. AMLO insiste en el diálogo, Trump responde con números.