Por Mariel Lesnichevsky (@MaruLesni) y Darío Varas (@DarioVaras) · 

Los mineros de Río Turbio viajaron a Buenos Aires para volver a visibilizar el ajuste que viven en la empresa minera de Santa Cruz.

Actualmente la Ciudad de Buenos Aires y sobre todo la Plaza del Congreso es escenario de expresión de conflictos sociales nacionales; intervención voluntaria del embarazo, movilización de las universidades de todo el país contra el recorte presupuestario, marcha en defensa de la salud pública, entre otras.

La ciudad concentra los reclamos populares por su repercusión mediática y desde distintos puntos del país aseguran que “Dios atiende en Buenos Aires” y que la única forma de visibilización es de carácter unitario.

El tres de Octubre los mineros del Yacimiento Carbonífero Río Turbio (YCRT) llevaron adelante el “Carbonazo”. Más de sesenta trabajadores de YCRT, siete toneladas de carbón cargadas en un camión y catorce tachos artesanales (que representan la vida de cada minero muerto en interior de mina en el fatal accidente del 14 de Junio de 2004) hicieron su entrada por Av. Rivadavia. En simultáneo, los bocinazos acompañan el reclamo por una mejora del Presupuesto Nacional 2019 que afecta a la empresa minera intervenida por el Estado y los cánticos son dedicados a los responsables del abandono de dos pueblos al borde de convertirse en pueblos fantasmas: Mauricio Macri, Eduardo Costa (Senador por Santa Cruz) y Omar Zeidán (Interventor de YCRT).

Las bengalas de humo ya comienzan a generar un clima que es atípico en la ciudad. Sujetos ajenos a la cotidianeidad porteña marchan con sus uniformes de trabajo: los mamelucos manchados de carbón, con los cascos y las lámparas encendidas que iluminan el interior de los conflictos más lejanos. Una especie de “ritual pagano”, así lo apodó un minero, se comienza a vivir en la plaza: gritos, oscuridad, humo, fuego y el carbón quemándose que deja una nube de hollín todo alrededor.

La cultura subalterna de la patagonia austral se alza entre rituales propios, encender un fuego, impregnarse de humo, escuchar los crujidos de la madera y el carbón, el mero estar, algunos comparten una bolsa de hojas de coca, otros un cigarrillo y todos hacen pasar botellas con agua fresca. Todo esto se condensa entre historias propias y colectivas, cotidianidades, demandas, sueños y destinos, para los místicos.

Frente al Congreso de la Nación Argentina, se coloca un semicírculo no de diputados sino de trabajadores muertos, esbozos de la queja pagana, que van a encender la memoria de los trabajadores muertos y a resucitar el reclamo de la Cuenca Carbonífera que vuelve a la ciudad capital en busca de respuestas y visibilidad.

La noche fresca y el viento patagónico acompaña el viaje desparramando el grito de lucha de los mineros del sur.

 

EL CONFLICTO

En enero de este año 500 telegramas de despidos se emitieron desde la intervención de YCRT: hombres, mujeres, embarazadas, de vacaciones, con más de 30 años de servicio… Sin discriminar y al azar, como un juego de poker, se barajaron las cartas del recorte dando inicio a un 2018 cargado de reclamos.

En un breve resumen, se logró la reincorporación de 164 personas que no optaron por intercambiar el telegrama de despido por el retiro (in)voluntario. La presión de la empresa minera con lo retiros voluntario ocasionó que más de 1000 trabajadores de la empresa, junto a sus familias, inicien un proceso de migración forzada ya que no encuentran otra fuente laboral en la comunidad.

Los detalles del conflicto se pueden observar en la nota de Sebastian Premici en Cadena al Sur.

Este panorama se anticipa desde el año pasado cuando se aprobó un presupuesto con un recorte del 18,51%. En 2017 el presupuesto destinado para YCRT fue de 4216 millones de pesos, donde se preveía un porcentaje para remuneraciones y gastos operativos y otro porcentaje para la obra Yacimiento Río Turbio. En 2018 el presupuesto aprobado fue de 3435 millones de pesos destinados al funcionamiento mínimo y con un 0% de inversión para obra. Para el 2019, el presupuesto estipulado para la empresa minera es de 870 millones, que no solo no destina dinero para la obra sino que no alcanza para el pago de los sueldos de los trabajadores y trabajadoras de la empresa.

El carbonazo es sólo una demostración más de que la mayoría de los argentinos no tenemos noción de lo que sucede al “sur del cielo” donde la vida de dos pueblos se basa en una empresa minera que saca del interior de las montañas carbón para cumplir el sueño que tuvieron los pioneros de la empresa, producir energía para más de tres provincias.