Repensar a la Argentina en clave joven: una deuda histórica.

Por: Martina Genovart – Estudiante de Lic. En Ciencia Política (UBA), Impulsora del Proyecto del Observatorio de Juventudes Provincial y Referenta de la JP La Plata. 

La identidad política de las y los jóvenes es indisoluble de su participación grupal y de la incidencia que pretenden promover en sus prácticas participativas. Para adentrarnos en un análisis – si se quiere – más interpretativo de las situaciones de las Juventudes, es imperioso conocer cuáles son sus representaciones políticas, la redefinición del concepto de lo público y la reconfiguración de un nuevo paradigma de construcción política. Es, en ese escenario de relación y lazos generacionales, donde las y los jóvenes podemos empezar a concebirnos como sujetos sociales y de derecho.

Algunos interrogantes que se interponen: ¿Cuáles son las prácticas participativas y las representaciones políticas de las Juventudes? ¿Existe realmente un trasvasamiento generacional en la política argentina? ¿Nos perciben a las Juventudes como precursoras de la consecución de políticas públicas? ¿Intervenimos en la toma de decisiones del presente, para hacernos cargo del futuro que se viene? 

La nueva intromisión del concepto de Juventudes, utilizando este término a modo relacional e histórico-social, constituye un gran logro que penetra en las teorías generales de las culturas generacionales. La individualidad empieza a cederle paso a lo colectivo y a las diversidades como método irruptivo en la forma de construcción política. En ese sentido, es erróneo afirmar que los y las jóvenes somos receptores pasivos de los procesos de vinculación y formación política; por lo contrario, formamos parte de un sector social decisivo en la construcción de las nuevas identidades y en la injerencia de los parámetros sociales que se acentúan en el contexto social que vivimos.

La política argentina desata sus riendas en el adultocentrismo como medición de lo que sí es correcto. Ignoran las subjetividades de las juventudes y los nuevos roles que venimos a ocupar, revalorizando la tarea del militante político como garante de la planificación estratégica y la centralidad de los jóvenes para fundar la nueva política pública. 

La universalización a modo de homogenización, la permanente estigmatización de las juventudes como objetivación invisibilizadora, la parcialización de la complejidad social como mecanismo reflexivo o la idealización de las Juventudes como objetivación esencialista, son algunos de los preconceptos que el mundo adulto encarna en los jóvenes. La tarea, de ahora en más, radica en deconstruir esa subjetividad para darle paso a la resolución de las conformaciones identitarias, a la intervención de las juventudes en la toma de decisiones y a la necesidad de comprender el rol integrador y novedoso que podemos desempeñar. 

La amplitud de la gobernabilidad democrática desde los gobiernos nacionales hacia los locales, deja entrever un reto y a la vez una oportunidad de participación para los y las jóvenes. Proyectar y pensar a la gobernabilidad democrática sin analizar la relevancia que fueron adquiriendo los y las jóvenes es incompleto. Sobre la mesa del debate que gira en torno a la acción implacable que podemos enmendar las juventudes para el desarrollo político, social, económico y humano de nuestros compatriotas, se proponen acciones concretas para motorizar este nuevo paradigma, que busca imponerse en esa oportunidad de rediseñar el mundo y, en particular, la Argentina en clave joven. 

Reconstruir nuevas categorías que permitan la construcción de miradas potenciadoras sobre el mundo joven, es el primer paso para asentar las bases a una visión joven de país. Un país en el que el sujeto vuelve a tomar el centro de la escena dentro del entramado social y político; y el rol de las Juventudes, como garantes de la planificación y materialización de políticas públicas, sintetizará el camino a adoptar en este siglo XXI.