Repensar la niñez en pandemia

Por Camila Quevedo – Estudiante de Historia – Estudiante de Administración y Gestión de las políticas sociales – Trabajadora de niñez del municipio de Moreno

En las últimas dos décadas hemos sido espectadores y partícipes del inmenso trabajo de las instituciones dedicadas al acompañamiento y la contención de las familias en los territorios, como así también del creciente abordaje de los diferentes dispositivos del Estado que se comenzaron a desplegar a partir de la sanción de la Ley N° 13.298 de “Promoción y protección integral de los derechos de los niños”, una ley pensada y creada para poder desterrar la idea arcaica y vetusta que se instaló durante décadas a partir de la legislación en 1919 de la Ley 10.903 de “Patronato Estatal de Menores”.  Hemos sido parte de un cambio de paradigma históricamente necesario fruto de la lucha inconmensurable de muchos actores sociales, políticos e institucionales. 

Dicho esto, es necesario según los tiempos y el contexto en el que hoy nos encontramos inmersos por el COVID19, repensar la idea de la niñez y su abordaje en un escenario que pone en evidencia luego de 176 días de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, que la violencia y por consiguiente la vulneración de los derechos de los niños, niñas y adolescentes se ha visto no solo acrecentada sino también alarmantemente naturalizada. 

El ocio y el tener que forzosamente compartir espacios y momentos continuamente entre adultos y niñxs ha disparado los números de Violencia familiar, negligencia y, principalmente, ASI (Abuso Sexual Intrafamiliar). Analizando el registro de situaciones que ingresan en los organismos estatales para dar intervención, se puede observar que donde antes había mayores registros de denuncias realizadas por los establecimientos educativos, hoy son los vecinos y las vecinas las que acercan consternados por ser testigos de lo que sucede en estos núcleos familiares a pedir asesoramiento y poner en evidencia el flagelo a los que son sometidos los niños. 

Cabe aquí mencionar que como dice el dicho popular “cada familia es un mundo”, cada situación que ingresa al sistema es distinta y por ende deberá ser abordada dejando de lado prejuicios e ideas preestablecidas, pero más allá de la obligación y la corresponsabilidad de las instituciones y el Estado, estos tiempos nos obligan a mirar con mayor detenimiento y a pensar nuevas ideas y proyectos para trabajar fuertemente en la prevención. 

Hoy en día el 70% de los niños, niñas y adolescentes sufren algún tipo de violencia. Una violencia naturalizada en núcleos familiares, en grupos de amigos, en barrios enteros. Una cifra dolorosamente alta que se ve influenciada, como dijimos antes,  por el contexto de encierro a partir de la pandemia mundial. 

Urge reconstruir rápidamente los lazos sociales que se vieron notablemente afectados en los últimos 4 años para poder no solo asistir más velozmente a la detección de situaciones de vulneración de derechos, sino para poder pensar en conjunto,  con todos los actores sociales y políticos un fuerte abordaje de prevención y de acompañamiento continuo, como así también elab

orar estrategias que logren la completa aplicación en todos los territorios de una ley de avanzada que vino a romper las estructuras de lo culturalmente establecido durante demasiado tiempo.

Deberemos afianzar el compromiso para contribuir a la construcción de infancias libres, sanas y sin violencias, ya que solo esa será la certeza de un futuro mejor.