Se van

Por Jorge Giles ·

Se van. En pocas horas se van. Con sus odios, con sus viejos odios de oligarquía portuaria y ese olor a bosta y soja al que ahora agregaron el humo financiero del más grande saqueo al tesoro nacional.

Se van. Pero dejan un pueblo durmiendo en las calles, sin trabajo, sin comida, sin remedios, sin futuro, sin salarios dignos ni flores ni canciones ni muchas ganas de bailar ni gritar alegres, aunque por fin se van.
La política deberá poner los buenos modales. Nosotros, pueblo mío, también.

Pero no es posible ni justo callar el desamparo ni perdonar tanta muerte. Ni olvido ni perdón para los que destruyeron la nación. Y mataron a Santiago y a Nahuel.

Nadie tendrá derecho a pedir borrón y cuenta nueva.
Porque en este bendito país tiene su domicilio la Memoria, la Verdad y la Justicia.

En estos últimos cuatro años la Argentina fue la Franja de Gaza bombardeada noche y día, saqueada, violada, ocupada, provocada, robada, perseguida, asesinada. Que nadie cometa el desatino de sumarse al coro de arrepentidos que sostiene en estas horas que “todo fue un problema de mala praxis”. Como si los saqueadores neoliberales fueran buenos tipos
pero “algo” les salió mal en el plan. Y allí están las consecuencias.

¡Hipócritas!

El plan fue el consumado fríamente desde el primer día del gobierno de Macri. No hubo errores, no hubo excesos. Como en la dictadura, pero en democracia.

Y si no hubo violencia en las calles fue por obra y gracia de esa cualidad tan virtuosa que tienen pueblos como el nuestro y que algunos llaman conciencia histórica, identidad peronista y sabiduría popular. Que nadie se confunda.

Se van. Pero amenazan con volver a cortar las rutas si el gobierno de los pobres, de los jubilados, de las pymes y de los hambrientos comete la osadía de redistribuir la riqueza y la renta y haga que cualquier ajuste caiga sobre los poderosos y nunca más sobre los que ya no tienen más que hambre y desesperación para ofrecer.Y allí te quiero ver, corazón coraza. Al lado de Alberto y de Cristina y de Axel y de los diputados y senadores que juraron lealtad por la memoria de Néstor y los 30 mil, bancando la parada a como dé lugar, en paz pero movilizados, alertas y vigilantes como manda el General.

Ya aprendimos la clave victoriosa: la unidad de todas y de todos, la unidad de saber que el otro y la otra, el que está a tu lado en la pelea por el sueño de una patria justa, libre y soberana, es un compañero y una compañera. Estando unidos, este pueblo es imbatible.

Y el enemigo de ese pueblo lo sabe y por eso opera por líneas interiores para encontrar el resquicio por donde dividir y fragmentar y ganarnos de nuevo. No podemos ni debemos permitirnos el lujo de dejarnos ganar ante cualquier canto de sirena en medio de la noche.
Se van, aunque se queden habitando el mismo territorio de los mansos, nuestro territorio.

Desde ahora y para siempre seremos, en su medida y armoniosamente, un algo de Cristina frente al tribunal acusador. No nos callamos nada. Es preferible que el debate abierto y sin mordazas oxigene el aire de la democracia antes que el silencio apruebe a esa parte de la sociedad que fue y es capaz de legitimar el crimen colectivo del neoliberalismo. No nos callamos más. El riesgo es mucho: que en dos, en cuatro o en veinte años vuelvan a saquearnos los sueños, los bolsillos y la patria.

Con todo este dolor y esta rabia y esa tristeza infinita que sólo conocen los que fueron despojados, nos aprestamos a encender la alegría desde el 10 de diciembre, bailando en la plaza, cantando y gritando que por fin se van.

Amanece otro país. Y no es poco.

Que así sea.