Por Zule Capella · Ilustración Eduardo Gonet ·

El rock nacional nació como una contracultura y como denuncia a la opresión militar, impulsado por jóvenes en los años ’60. Desde esos años las bandas tuvieron que inventarse y reinventarse para seguir con su línea fundadora, romper con todo orden establecido. Pero a lo largo del tiempo salieron a la luz otras caras sobre este género, por ejemplo, el machismo.

El rock siempre ha sido un género donde la mujer y las disidencias no han tenido mucho lugar, o un lugar destacado, aunque existieron voces femeninas que lucharon por ese lugar y fueron la influencia de muchas otras. La progresión de las mujeres ha sido lenta, una de las problemáticas que tenían estás para ser aceptadas en ese ámbito, era la potencia y energía de las voces.

Con la implementación del debate sobre el Aborto Legal Seguro y gratuito, un grupo de músicas empezó a unirse. Esta unión las llevo a darse cuenta del poco lugar que tenían en los eventos musicales: en 46 recitales tuvieron una presencia menor al 20% en los escenarios, uno de los más bajos de la región.
Celsa Mel Gowland, ex-vicepresidenta del INAMU – Instituto Nacional de Música- impulsó un debate a partir de los reclamos y demandas de paridad que venían manifestando las mujeres músicas. En ese debate, comenzó un proceso de identificación de las desigualdades que existen en este ámbito, lo cual evidenció que la presencia femenina y de disidencias es una deuda histórica pendiente.

El debate impulsado por Gowland llevó a la presentación de un proyecto de ley de cupo femenino para festivales y ciclos musicales, ya que en estos -en la actualidad- hay sólo un 13% de representación femenina. Las músicas fueron acompañadas por la Senadora Anabel Fernández (del bloque FPV-PJ) y se espera que el proyecto sea votado por unanimidad en noviembre de 2018.

La ley establece un cupo como mínimo del 30% para bandas de mujeres o bandas compuestas -mínimamente- por un 30% de mujeres, en la grilla de todos los festivales. El INAMU será el organismo que regule la implementación de la ley, multando a las productoras que no cumplan con esta normativa.

Este género musical, que llevamos dentro muchas generaciones y que se sigue propagando, tiene una serie de valores que como sociedad hemos naturalizado, por ejemplo, la figura del rockstar y la de “las grupie”. Este último utilizado para calificar a las fanáticas que quieren intimidad emocional y sexual con los músicos, pero que nunca son tomadas en serio por estos; de hecho, cuántas más haya mejor para ellos. Esto nos habilita a pensar que muchos rockeros aprovechan su fama y poder para abusar de mujeres que en muchos casos son menores de edad.

En el contexto del #NiUnaMenos es necesario problematizar sobre el lugar del ídolo: un lugar que muchas veces le da impunidad de hacer lo que quiere, que le permite abusar de ese poder para sobrepasarse con las pibas que lo sigue. Como las mujeres ya no nos callamos más, empezamos a romper el muñequito del “rockstar” y comenzamos a denunciar a aquellos que por estar arriba de un escenario se creen con el poder de hacernos cualquier cosa sin nuestro consentimiento, aprovechándose de su lugar de “admirados”.