Sólo se trata de vivir

Por Jorge Giles*

Dicen que viajando se fortalece el corazón pues andar nuevos caminos te hace olvidar el anterior. 

Ojala que esto pronto suceda, así podrá descansar mi pena hasta la próxima vez. 

Canta un pueblo en Rosario y canta a lo lejos Litto Nebbia en su ciudad natal y cantan un millón de gargantas que no saben del odio; sólo saben de amores y dolores. 

No hay tiempo que perder. 

Cada cual a sus marcas, que para eso sirven las PASO del domingo 11 de agosto. 

Que la tristeza y el hambre y la desocupación y la entrega vil de la soberanía pasen a cuarteles de invierno y que sea para siempre. 

Que la angustia empiece a desandar su derrotero, hasta que en octubre la primavera cante la victoria de los que poco o nada tienen. 

Que no haya quimera ni imposibles después del próximo triunfo.  

Que podamos tocar con la yema de los dedos la utopía de un país donde entremos todos y todas,  y seamos felices todos y todas, y tengamos trabajo, todos y todas, y tengamos salud y educación y viviendas y cultura y salarios dignos, todos y todas. 

Que este viejo que somos, o llevamos dentro, pueda mirar a los ojos y sostener la mirada de los otros viejos y viejas, confiando que no le darán su voto a los culpables del crimen de Santiago, de Rafael Nahuel, de los pibes masacrados en San Miguel del Monte, de las presas y los presos políticos por pensar distinto al que gobierna. Y no le darán su voto, simplemente, porque quieren votar como vivieron, dignamente. 

Que no haya niñas y niños desnutridos ni jubilados que se mueren al pie de la derrota de no tener para comer ni para comprar sus remedios. 

Que si al alumbrar la democracia dijimos “Nunca más la dictadura”, hoy podamos jurar ante nosotros y nuestra descendencia: “Nunca más el neoliberalismo”. 

Si no es así, prefiero el olvido, que será el más duro castigo, diría Néstor Kirchner citando a Joaquín Areta.

Al fin de cuentas, sólo se trata de vivir, como canta Litto.  

Y como dicen Alberto y Cristina y como sueñan Axel y Verónica y como piensan todos los candidatos que están dando la más hermosa lección de unidad y generosidad pensando más en el prójimo que en su propia suerte. 

Que valga este reconocimiento tanto para los que forman parte de las listas, como para los que quedaron afuera por esas cosas del devenir político. Al fin de cuentas, celebremos todos por igual que hayamos llegado hasta acá después de tantos latigazos y miserias. 

Sólo se trata de vivir, ni más ni menos, para que la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación sean de una vez por todas, un derecho adquirido a fuerza de tantos dolores compartidos. 

Creo que nadie puede dar una respuesta ni decir qué puerta hay que tocar. 

Esta vez seremos todos y todas los que tendremos que encontrar esa respuesta y esa puerta. 

Tiembla la tierra anunciando el parto. Y tiembla Rosario, Cuna de la Bandera y del Che, agitando el aire victorioso de una patria y un pueblo que buscan ser redimidos por el voto popular el próximo domingo. 

Creo que a pesar de tanta melancolía, tanta pena y tanta herida, sólo se trata de vivir. 

Ojalá hayamos aprendido a valorar y a cuidar nuestro voto como quien cuida al amor de su vida. No todo da igual como pregonan algunos. Los que tienen mucho barrote en el surco de la espalda, los que muerden el llanto por las noches con la panza vacía, los que se mueren de hambre y de pena, saben que no todo da igual. 

Alberto Fernández es el emergente que la historia eligió para representarnos en esta hora. Y la historia hoy es Alberto y Cristina y son los miles de pibes y de pibas que prenden el candil de la esperanza para no volver atrás. 

Con esos candiles entraremos al cuarto oscuro este domingo, para llenarlo de luz nuevamente.

Que así sea.