Trasvasamiento generacional

Por Martina Genovart ·

Durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, la juventud comenzaba a ser protagonista de las decisiones políticas y a ser vista como sujetos activos en la esfera social y económica. Dejábamos de ser meros “turistas” de la política para conectarnos con nuestros deseos más inmediatos: deconstruir lo tradicional para volcarlo, de una vez por todas, al servicio de la población en su conjunto. Hacernos eco de la toma de decisiones, fomentar nuestra participación en cualquier usina de pensamiento crítico y persuadir al que tenemos al lado, siempre fueron características propias de una juventud involucrada y comprometida.

Comprender la responsabilidad histórica que nos atraviesa, mantener intrínseco este legado irrenunciable y conceptualizar a la política como una ‘ciencia maestra’ con la cual se come, se educa, se cura y se mejora la calidad de vida de toda una sociedad, logra vertebrar la unidad nacional como argentinos y argentinas que tanto anhelamos.

Hoy tenemos un claro deber: romper con ese discurso de una “juventud perdida” y ganarle la pulseada a quien quiera instalar la cultura de la antipolítica. Y eso sólo lo podemos lograr involucrándonos, formándonos, estudiando y luchando por erradicar definitivamente la desigualdad, la discriminación, la pobreza, el hambre y la violencia en todas sus formas.

Cambiar el mundo no es utopía ni locura, es justicia. Y reemplazar, simétricamente, ese mundo ideal por un mundo real, efectivo y existente es un deseo latente y un objetivo pendiente.

Los y las jóvenes llegamos a la política porque no solamente somos el futuro, sino porque también somos el presente. Un presente lleno de lucha colectiva, desafíos y motivaciones fundadas en la igualdad de oportunidades, en la distribución equitativa de la riqueza, en la justicia social, en la soberanía política y en la independencia económica.

Pretender jóvenes callados, precarizados, sumisos y relegados es de un desconocimiento y de una ignorancia atroz de nuestra historia y de la coyuntura que transversalmente nos convoca.

La política volverá a ser la herramienta más importante que tienen nuestros pueblos para desarrollarse, estudiar, trabajar y vivir dignamente. Y en el ejercicio de ese poder, la perspectiva, la ideas y los fundamentos de los jóvenes deben estar plasmados para seguir construyendo un proyecto político que incluya a las grandes mayorías y dignifique al Pueblo argentino.