Por Nano Peralta ·

El presupuesto 2019 prevé un fuerte recorte en las áreas culturales y en políticas y programas que tienen además un fuerte impacto en todo el país. El gobierno de Mauricio Macri ha decidido avanzar contra el sostenimiento y la promoción de las expresiones culturales, aquellas que nos unen en la diversidad, nos identifican desde la pluralidad y que -además de aportar a la apertura de nuevos horizontes para la humanidad- generan muchos puestos de trabajo.

Para el próximo año, el presupuesto armado con las exigencias del Fondo Monetario Internacional prevé que el titular del extinto Ministerio de Cultura de la Nación, ahora Secretario, Pablo Avelluto ejecute una achique del 18% del mismo. Algunas de las reducciones previstas avizoran un panorama desolador para la actividad cultural:

• Se elimina el programa de Fomento de Fiestas, Ferias, Festivales Nacionales (con este fondo, además de los artistas nacionales que suelen girar por el país, muchísimos hacedores locales se verán imposibilitados de ejercer su trabajos en estos eventos y las comunidades irán perdiendo sus espacios de fiesta).

• Se suprime el presupuesto destinado al Mantenimiento y Reparación de Museos y Edificios Históricos.

• Desaparece el programa Puntos de Cultura, por el que cientos de espacios culturales de todo el país sostenían sus actividades.

• Se recorta en un 88% el sostenimiento a la Orquesta Sinfónica Nacional.

• Se reduce en un 82% el presupuesto para el Impulso a la Economía Creativa: MICA, MICSUR, MATRA, Programa Festejar.

• Cae en un 79% el presupuesto para la promoción y apoyo a Orquestas Infantiles y Juveniles.

• Disminuye en un 67% el sostenimiento de la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos.

• Se reduce en un 25% el apoyo a las Bibliotecas Populares.

• A esto se le debe sumar la crítica situación que viven las salas públicas y privadas y otros espacios culturales por el devastador aumento de los servicios públicos y la gran restricción del consumo a las que se obliga a millones de argentinos.

• El presupuesto del Instituto Nacional del Teatro -creado por Ley en 1998 luego de 60 años de lucha de los teatreros- cuenta con financiamiento específico. El recorte para esta actividad será de un 12% en el otorgamiento directo a subsidios en relación al presupuesto 2018. A ese porcentaje se le debe sumar el 40% de la inflación prevista (que no ha sido contemplado), lo que da como resultado un 50% de recorte real con respecto al presupuesto del año anterior.

En todo el país han comenzado a prenderse luces de alerta y protestas específicas por estos recortes. En Buenos Aires está prevista una asamblea abierta para el 16 de octubre. Distintas agrupaciones culturales vienen realizando documentos de repudio y reclamo.

En los últimos días comenzó a circular una nota pública dirigida a Avelluto elaborada por teatreros de distintas provincias y también de Chubut. Piden que se revoque un dictamen de agosto del 2015 en el cual se ampara el actual el Director Ejecutivo del Instituto Nacional del Teatro, Marcelo Allasino, para tomar decisiones sustanciales en el manejo del ente y exigen su separación del cargo por adoptar una postura autoritaria, a espaldas del consejo de dirección integrado federalmente. También piden anular el presupuesto para el año próximo presentado en Hacienda.

Al igual que los artistas, escritores y técnicos vinculados al teatro, las múltiples expresiones artísticas culturales están advirtiendo que -como si fuera un revival de las épocas en que se quemaban libros y se censuraban artistas y obras- el vaciamiento intencional a la actividad cultural tiene como principal objetivo llamarnos a silencio, restringir el pensamiento y destruir los lazos sociales y organizativos.

Hasta ahora, la cultura siempre logró vencer a la ignominia. Y para derrotarla creo que urge poner en práctica la máxima de Simón Rodríguez, maestro del libertador Simón Bolívar: “Abramos la historia, y por lo que aún no está escrito, escriba cada uno en su memoria”