Un continente que se debate entre la vida y la muerte

Por Nicolás Sampedro

Si bien desde hace mucho tiempo se ha venido analizando (y alertando sobre) la bestialidad imperial, nada fue lo mismo luego de las catastróficas imágenes que llegan desde la hermana Bolivia. Ese pueblo hermano desgarrado por odios y traiciones, de dentro y de fuera.

Luego de aquel tan lejano, pero tan cercano, 10 de noviembre ya nada sería igual. Bolivia retrocedía un siglo y la barbarie se apoderaba de sus calles.

Un torrente de sangre manchaba las manos de hermanos bolivianos: algunos por intentar ayudar a los heridos o muertos, otros por haber perpetrado esos actos criminales.

El vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera lo reflexiona en un artículo recientemente publicado: “Como una espesa niebla nocturna, el odio recorre vorazmente los barrios de las clases medias urbanas tradicionales de Bolivia. Sus ojos rebalsan de ira. No gritan, escupen; no reclaman, imponen. Sus cánticos no son de esperanza ni de
hermandad, son de desprecio y discriminación contra los indios. Se montan en sus motos, se suben a sus camionetas, se agrupan en sus fraternidades carnavaleras y universidades privadas y salen a la caza de indios alzados que se atrevieron a quitarles el poder” .

Desde hace algunas semanas antes del Golpe de Estado en Bolivia 2 se venía reflexionando en estas líneas sobre la disputa de modelos diametralmente opuestos en la que está inmersa Nuestra América desde invasión colonial europea. Los hechos sucedidos en la hermana Bolivia dan cuenta que esa disputa es tan profunda muchas de las cosas vistas parecen remontarse a la época colonial.

Los más incrédulos se burlaban o despreciaban las alertas que muchos venían haciendo sobre los planes del imperio norteamericano para la región. Denigraban esas alarmas, las menospreciaban, hasta se burlaban de ellas. Enseguida aparecía (y siguen apareciendo) el descalificativo “conspiranóico” que buscaba deslegitimar, desacreditar o burlarse del señalamiento de los planes golpistas. Algunos lo hacen por desconocimiento, otros de manera maliciosa. A ello cabe agregar el rol cómplice de muchos medios de comunicación que callan y ocultan lo que sucede, a diferencia de otros que intentan mostrar lo que pasa y son censurados o perseguidos.

En las reflexiones realizadas en este espacio, surgía la pregunta respecto a si se estaba terminando esa “corta noche de verano neoliberal en Nuestra América” . Los hechos recientes en el continente no sólo marcan un hartazgo de esta lógica de muerte, sino la disposición de los pueblos de luchar contra ella.

Pese a la represión de las fuerzas de seguridad, en estos días el pueblo colombiano salió a las calles y desafió el toque de queda impuesto por el gobierno de Duque (que en realidad es de Uribe). En Chile el pueblo sigue saliendo masivamente a las calles de manera pacífica a reclamar una nueva constitución que garantice derechos básicos ante la mirada obsoleta de una oligarquía y una casta política que atrasan. Cosa similar a la que sucede en Haití y Honduras y de la que poco y nada se habla. Perú, Ecuador, Brasil… En todos lados los pueblos salen a las calles a reclamar pacíficamente sus derechos.

México con Andrés Manuel López Obrador -primero- y Argentina con Alberto y Cristina Fernández -después-, fueron dos de los procesos donde se retomó el control del Estado sin derramamiento de sangre, de manera pacífica. Una oportunidad histórica para intentar salir del problema que generaron las políticas neoliberales.

Pero es por demás sabido que el imperio no descansa, que desde el momento cero en que supieron que perdían esos gobiernos comenzaron con la estrategia de erosión y el complot para debilitar y/o derrocar a los gobiernos de AMLO y Fernández. En Argentina esa estrategia está orientada claramente a la fragmentación del Frente de Todos, a cómo envalentonar a las fuerzas reaccionarias a que salgan a las calles y a tratar de impedir una recomposición económica, política y social desde diversos engranajes.

Se alerta sobre esta situación, porque claramente lo que propone el imperio para la región es el caos, es la descomposición del tejido social, es la desregulación del Estado y que éste tenga las menores herramientas para poder intervenir a favor de les más desprotegidos. Es así que se puede afirmar que quien aporte a las divisiones en el Frente de Todos estará aportando a la lógica y los objetivos del imperio. Sea desde dentro o desde fuera del espacio.

El sistema civilizatorio de la modernidad con sus valores y lógicas; capitalismo como su expresión de ordenamiento económico y jurídico; y el individualismo, el machismo y el odio a lo otro, a lo diferente como imposiciones/construcciones culturales, son los patrones ideológicos de este sistema.

Para sostener el status quo, para que nada cambie y que los de siempre sigan ostentando el poder, lo único que nos propone el imperio es la muerte: muerte de la mujer o cuerpo gestante cuando le imponen que tenga que practicarse un aborto en la clandestinidad, muerte de quienes salen a manifestarse pacíficamente y son vilmente reprimidos y/o asesinados; muerte por la desaparición de políticas de Estado que protejan a les más débiles; muerte de la Pachamama cuando se aplican formas de producción bajo lógicas del dualismo cartesiano que separa al ser humano del ambiente, del entorno en el que vive; muerte de los miles de personas por enfermedades curables que no pueden tratarse por no tener los recursos, o por no poder llenar la olla cada día.

Volviendo al caso boliviano, Evo Morales eligió la vida. Renunció a su cargo pidiendo explícitamente que pararan con la persecución, el hostigamiento, las torturas, la humillación y el asesinato de sus hermanos. La oligarquía racista y revanchista, la clase nueva media que se multiplicó producto de las políticas de Estado y que ahora quitaron el apoyo al gobierno del MAS, las Fuerzas Armadas y de Seguridad que antes eran casi inexistentes y que el gobierno de Evo se encargó de equipar y calificar, y que ahora reprimen y asesinan a diario (aunque ya comienzan a verse fisuras). Todos estos últimos eligieron la paz de los cementerios, esa que propone, financia e impulsa el imperio norteamericano y sus lacayos locales en toda la región.

Pero ellos proponen la muerte, nosotros debemos proponernos la vida. Apostar por la paz y la convivencia basadas en el respeto. Hoy más que nunca queda claro que Nuestra América es un continente que se debate entre la vida y la muerte. No nos suicidemos.