Un nuevo orden y un nuevo país

Por Jorge Giles

Cristina pregunta dónde están los miles de millones de dólares que el FMI entregó al gobierno de Macri y luego interpela ¿quién va a saldar esa deuda fugada?  

¿Yo señor? No señor. ¿Pues entonces quién la tiene? 

Alberto apunta a la concentración económica como un factor principal de nuestros peores males y afirma que el suyo será un gobierno con la gente adentro. 

Seguime chango. Están hablando de un nuevo orden. 

La historia está corriendo más a prisa de lo que somos capaces de registrar políticamente. 

La novedad, entonces, es que la democracia está a punto de alumbrar un nuevo escenario donde, por fin, lo nuevo se impondrá sobre lo viejo.  

Un nuevo orden y un nuevo país requerirán de una nueva dirigencia y una nueva cabeza capaz de pensar la nueva Argentina. De eso se trata. 

La novedad siempre es lo nuevo sobre lo viejo. 

Cuando se invierten los términos, como en el 2015, el estropicio es fatal.  

¿Aprendimos todos?

Estamos recorriendo el último tramo de neoliberalismo gobernante en las vísperas de un estado inclusivo y soberano que empezaremos a reconstruir, con Alberto y Cristina, desde la misma noche del 27 de octubre. Falta poco. 

Como si engancháramos nuevamente los eslabones sueltos de un continente fragmentado, Argentina se prepara para retomar el ciclo virtuoso iniciado en el amanecer de este nuevo siglo. 

Aquella vez alcanzamos la cumbre en Mar del Plata en el 2005. 

Luego, sucedió lo que sucedió. Y ya se sabe, la parca nunca vistió nuestros colores. 

Ya vendrá el Brasil de Lula, pero esta vez la fortaleza cuenta con el México de López Obrador. 

Y no es un detalle geográfico, sino un rasgo geopolítico del nuevo tiempo por venir. 

Mientras tanto, el hambre y la pobreza se meterán en nuestras casas, en nuestros talleres, en nuestras aulas, en nuestros hospitales, en nuestros días y en nuestras noches. 

La fuga despiadada de la riqueza nacional será el Potosí del neoliberalismo. 

Las provocaciones contra las filas populares aumentarán de espesor y tendremos que abrevar en la sabiduría popular y en la guía de nuestros dirigentes para no caer en la tentación de hacerles el juego a los bufones que recorren las pantallas mediáticas con un bidón de nafta. 

Todo habrá que superar, como círculos de fuego, para llegar a destino.

Es imprescindible acortar la odiosa brecha entre el poderío letal de los saqueadores y el sueño inconcluso de los saqueados con un nuevo Urnazo el 27 de octubre. 

Poder popular, lo llaman. 

No alcanzará con triunfar por un pelito. Habrá que triunfar por una luz de diferencia tan potente que sirva para iluminar el camino de reconstrucción que nos espera como sociedad y como gobierno. 

Dos últimos detalles centrales para analizar la historia profunda que estamos escribiendo en estos días. 

*Los sectores más dinámicos de la comunidad política, léase La Cámpora por ejemplo, gestionan, construyen y ejecutan sus acciones por adentro del sistema institucional de la democracia y no por sus bordes. Este solo detalle es para celebrar. Estamos transitando una etapa de la historia que sabe conjugar todas las experiencias, las victoriosas y las derrotadas, de las generaciones anteriores. 

*El tan esperado y temido “estallido social” discurre sus días a través de una acumulación de fuerzas de manera ordenada y pacífica, que permitirá un holgado triunfo popular a lo largo y ancho del país. 

La democracia construye sentido si es el pueblo el que la constituye. 

Aprendimos: la unidad frentista que supimos construir no es una táctica, es un destino. 

A esa unidad nos debemos. 

Que así sea.