“¿Yo señor? No señor”

Los medios que arriesgaron todo a favor del proyecto de reelección de Macri y Vidal reaccionaron el lunes 12 de agosto con títulos que reflejan con bastante fidelidad la catástrofe electoral de su proyecto. Sin embargo, aunque el resultado es para ellos una derrota tan grande como la del gobierno, es pronto para esperar señales de su adaptación a la nueva realidad.

Las notas de opinión y análisis publicadas el lunes 12 de agosto coinciden en el intento de esconder la mano: toda la culpa de la imprevisión sobre el triunfo opositor y su volumen se debe a las empresas encuestadoras. Es por culpa de ellas, debería pensar el público, que Clarín, La Nación, Infobae, Perfil, publicaron una y otra vez títulos y notas diciendo que Macri venía con una recuperación incontenible, como para empatar en las PASO y ganar en octubre.

Muchos de los mitos que durante meses anunciaron, explicaron y repitieron Ricardo Kirschbaum, Joaquín Morales Solá, Eduardo van der Kooy, Ricardo Roa, Fernando González, entre muchos otros, y que no necesariamente se apoyaban en encuestas, se derrumbaron estrepitosamente, y abren grandes preguntas para el futuro inmediato y mediato de los medios hegemónicos de la Argentina.

La supuesta incidencia de un voto contrario al peronismo a raíz de las continuas publicaciones que lo presentaron como contrario a “la República” y como sinónimo de la corrupción quedó como una conjetura sin fundamento.

La definición de la gobernadora Vidal como topadora electoral, en cuyo beneficio iba a producirse un gran corte de boletas que la salvaría del castigo a su propia fuerza política, quedó como una patraña, a la altura de las ahora llamadas “fake news”.

“La elección, un duelo de mujeres” tipeó Pagni en La Nación, el martes 6, cuando pretendió ignorar la potencia de Axel Kicillof y Alberto Fernández. Recitó, además, la idea de la diferencia de tres puntos. Al día siguiente Clarín tituló sobre una “pelea voto a voto”, La Nación relató “mejoras económicas” en junio y Van der Kooy elogió al macrismo, más unido que la oposición.

Nada tímido, Pagni insistió el jueves con la diferencia de “pocos puntos” de Alberto Fernández y anunció que no pasaría 40 por ciento. También escribió que, en Santa Fe, Macri ganaba 38 a 28 por ciento.

El viernes, en Clarín, Fernando González se instaló en la posibilidad de reelección de Macri, para decir cómo debería ser ese segundo período. Lo ubicó a Pichetto como el padre de una nueva coalición para gobernar, incluso con muchos peronistas. Ese mismo día en La Nación, el columnista Dapelo puso al menos un matiz: habló de optimismo en Casa Rosada y pesimismo en el círculo de la gobernadora Vidal. En cambio, Laborda encontró una desventaja de apenas 3 ó 4 puntos.

El sábado es el día casi de mayor papelón: el “informe” de la consultora Elypsis dando un triunfo del macrismo por un punto, la “euforia” y “optimismo” de los mercados. “Si los mercados votan, votaron ya por Macri”, tipeó Roa. Los mercados creen en las chances del oficialismo, se plegó La Nación, y “mercados apuestan al empate”, en Perfil. Todas fórmulas que parecen remitir a una “fuente” a la que se da por seria, que es reproducida sin más, sin contrastar con ningún otro dato. Es decir, la negación del periodismo.

A todo esto se sumaron muchas palabras como simple propaganda partidaria: Guyot publicó el sábado en La Nación una “guía práctica para el votante indeciso” llena de consignas antiperonistas. Clarín puso en portada el domingo al ex presidente brasileño Cardoso hablando contra el “populismo” , Van der Kooy insistió con la tesis de la paridad, esta vez por dos dirigentes, Macri y Fernández de Kirchner, “en crisis”.

Al fin llega el lunes con la verdad de las urnas. Exánimes, tristes y desconcertados, los columnistas desacreditan a las encuestadoras que ellos mismos usaron a destajo para títulos y comentarios. Incredulidad, como la de Morales Solá, quien ve “Una Argentina complicada e imprevisible”. Eso sí, él mantiene lealtad: dice que el error principal del macrismo es no haber informado bien sobre la “herencia”. También no haber desdoblado nación y Provincia de Buenos Aires, bajo la hipótesis de que la gobernadora habría ganado cómoda, algo que el resultado desmiente por completo.

Tras concederle la gracia del acierto a Cristina Fernández de Kirchner (“debe aceptarse que ella tuvo razón”) empieza a sembrar para conseguir, lo antes posibles, los frutos de su malicia: Cristina es “peleadora”, dice, para preguntar si no irá a “pelear” igualmente con Alberto Fernández.

Otros toquecitos maliciosos hay en Kirschbaum y Fernández Canedo de Clarín: al menos en parte, escribieron, lo que suceda ahora con dólar, tasas, títulos y, en general, con el casino financiero y cambiario (por supuesto, no lo nombran así) dependerá de lo que haga y diga Alberto Fernández.

Gentileza: Comunicadores de Argentina